Agricultura y soberanía alimentaria en Siria

Autora: Ansar Jasim     |     Traducción: Elena Cal y Elisa Marvena*

Publicado originalmente en inglés por: Heinrich Böll Stiftung [Middle East] 4/10/2017

Un autobús multicolor recoge a los niños del campo de refugiados Zaizoun, en Daraa, al sur de Siria. Este “autobús de la alegría”, también conocido como “el autobús del olivo”, es un servicio instaurado por una organización local llamada “Olive Branch” (“Rama de olivo” en castellano). Las aceitunas son uno de los productos agrícolas más importantes en Daraa, con 6.5 millones de árboles cultivados en cerca de 30,000 hectáreas. En la entrada del campamento, alegres niños con libros de ejercicios y bolígrafos esperan pasar un día fuera de sus confines. El campamento Zaizoun alberga seiscientas familias, la mayoría de ellas refugiadas de Homs, los alrededores de Damasco y pueblos de la provincia de Daraa; zonas de guerra donde regresar a casa es una perspectiva lejana. Después de tres o cuatro años a la fuga, muchos de sus hogares han sido dañados o destruidos durante los enfrentamientos y sus pueblos y aldeas ya no ofrecen una fuente de ingresos.

En Zaizoun se han talado muchos árboles para leña durante el invierno. Los niños del autobús del olivo van a visitar un sitio local de producción de plántulas con un vivero de árboles. Rafat, que está a cargo de esta iniciativa local, explica, “nuestro objetivo es que los niños construyan una relación con la tierra y, con el tiempo, que cultiven plantas en los campos. Los niños necesitan desarrollar una relación positiva con la naturaleza y la agricultura. La naturaleza es la fuente de nuestro alimento y medicina; esto es lo que intentamos enseñarles. En el vivero les enseñaremos por qué los árboles son importantes para nosotros”. Antes de 2011, la cosecha de aceitunas siempre había sido una experiencia colectiva, familias enteras trabajando juntas en el campo. En parte, esta tradición continúa hoy en día, pero el desplazamiento y la pérdida de tierras han hecho que quede alterada. Rafat continúa explicando que “al haber sido expulsados ​​de sus tierras, es especialmente importante reconstruir una relación con el suelo.” Durante su visita al sitio de producción de semilleros, los niños hablan sobre sus aldeas y los campos y jardines que solían tener. Rafat añade: “en la guerra, la agricultura tiene un significado especial. (…) Cultivar la tierra es una forma de resistencia y, por lo tanto, es importante que los niños se relacionen con la naturaleza”.

Es cierto que la suerte de los agricultores de Daraa no ha sido fácil. Daraa es una región forjada por la agricultura y, al comienzo del levantamiento, esto se utilizó contra aquellos que cultivan la tierra. El 25 de abril de 2011, una semana después de las primeras protestas en Daraa, el régimen envió tanques a los campos que destruyeron lo cultivado con escasa mecanización y mano de obra intensiva; siguió un asedio durante varios días. Estas medidas fueron específicamente dirigidas a la producción de alimentos. Por ejemplo, en 2012, el régimen atacó las colas para el pan frente a las panaderías, mató de hambre a presos políticos y luego, en 2013, sitió comunidades y pueblos enteros. En el proceso, se cortó el acceso de los agricultores a sus campos (como ocurrió en el sur de Damasco), o fueron detenidos y más tarde desaparecieron sin dejar rastro (como en Zabadani), dejando a las comunidades sin sus proveedores. En la Ciudad Vieja de Homs, en Daraya, Moadamiya, Madaya, Zabadani, Tell y Al-Waer, hubo muertos por inanición y pueblos enteros quedaron abandonados cuando sus habitantes fueron desplazados a otras partes del país.

Una revolución debe nacer en Daraa

Es irónico que las protestas que tuvieron lugar en Daraa el 17 de marzo de 2011 fueran el detonante de un levantamiento nacional. Previamente, muchos sirios bromeaban diciendo que una revolución sólo tendría éxito si comenzaba en esta provincia. Con esto se hacía referencia al hecho de que el partido Baaz en el poder había tenido especial apoyo en las áreas rurales de Siria.

Pero no siempre: originalmente, el partido Baaz no era una organización rural y sólo se convirtió en una en 1952, cuando se fundió con el primer partido agrario de Siria [1], el Partido Árabe Socialista de Akram Hawrani. Hawrani había intentado detonar la lucha por los derechos del campesinado contra el feudalismo con la creación de una nación árabe [2], argumentando que los agricultores eran el “componente esencial” de la nación árabe y que, sin la previa liberación y emancipación de las masas campesinas, nunca podría existir una nación árabe unida [3]. Oficiales de familias campesinas se levantaron de entre las filas del partido Baaz mientras que, según Nikalaos Van Dam, experto en Siria, algunas familias de agricultores eran tan pobres que tenían que vender a sus hijas a familias urbanas pudientes [4]. Al menos el sesenta por ciento de la población rural no poseía tierras y el veinte por ciento poseía menos de diez hectáreas [5].

El año 1958 marcó el inicio de varios periodos de reforma agraria que inicialmente mejoraron la situación en las zonas rurales. Desde entonces y hasta 1961, 15,000 familias se convirtieron en terratenientes a través de la distribución de 148,000 hectáreas de tierra. Sin embargo, la cantidad de tierras expropiadas era significativamente mayor, con un total de 670,212 hectáreas [6]. Esta política continuó después de que el partido Baaz llegara al poder en 1963. Aún así, las reformas agrarias sólo vieron la redistribución de alrededor del veinticinco por ciento del 1.37 millón de hectáreas confiscadas a familias agricultoras [7], siendo el resto convertido en tierra de cultivo propiedad del estado [8]. Mientras que la política de normalización tuvo como objetivo principal la “antigua burguesía” y disminuyó considerablemente sus propiedades [9], como demuestra Myriam Ababsahas [10] en su trabajo sobre la región de al Jazira, las políticas agrarias llevadas a cabo por el partido Baaz tras 1963 eran, generalmente, pragmáticas por naturaleza y evitaban hacer excesivos desaires a la élite del país; ciertamente la pobreza persistente de la población rural es fácil de observar en el trabajo cinematográfico del director sirio Omar Amiralay.

Mientras que la mayoría de países de la región de Oriente Medio y Norte de África (MENA en sus siglas en inglés) tuvieron que importar alimentos, Siria mantenía cierto grado de autosuficiencia alimentaria hasta la sequía de los años 2000 [11], Los subsidios para la producción de alimentos llegaron a tal punto que, entrada la década de los años 2000, algunos alimentos se introducían en Líbano de contrabando para ser vendidos por debajo de su precio de mercado [12]. Los proyectos agrarios a menudo seguían modelos soviéticos, es decir, se buscaba el desarrollo a través de proyectos de irrigación extensiva y re-cultivo [13]. Sin embargo, estos proyectos no se desarrollaron como se pensaba y, durante la década de los 80, los liberales económicos dentro del partido Baaz salieron victoriosos y comenzaron a forzar políticas que “sustituían la ideología por la viabilidad económica” [14]. Como consecuencia, se aliaron con una burguesía que, no mucho antes, había sido denunciada como una “clase enemiga en bancarrota” [15]. Aún así, las políticas agrarias continuaron reflejando el deseo de la élite en el gobierno de imponer controles centralizados supervisados por el partido Baaz [16].

Temiendo que Occidente pudiera usar “el alimento como arma” de la misma forma en la que los países árabes habían intentado usar el petróleo, el régimen sirio decidió introducir una nueva política agrícola [17]. Esta política dio prioridad a cultivos estratégicos de regadío con alta demanda de agua (como el trigo y el algodón) y promovió un tipo de rotación de cultivo que favorecía las actividades dependientes de un alto uso de recursos. Los agricultores que adoptaron este esquema agrícola del régimen y comenzaron a sembrar cultivos estratégicos recibieron acceso privilegiado a permisos para la construcción de pozos y pesticidas y fertilizantes subvencionados [18]. Se producía algodón para el mercado local pero también estaba destinado en cantidades significativas para la exportación a Italia, Taiwán y Turquía [19] Durante la sequía de 2006, estas políticas trajeron consecuencias desastrosas [20], resultando en la migración de unas 300,000 personas desde el noreste de Siria, mayoritariamente hacia ciudades más grandes como Damasco, Homs y Alepo [21].

Dignidad, no hambre

Tras las primeras muertes durante las protestas en Daraa, Buthaina Shaaban, asesora del presidente, dijo a 24 de marzo de 2011 que el gobierno pretendía llevar a cabo varias reformas socioeconómicas y mejorar las condiciones de vida a través de la subida de sueldos. Sin embargo, esto no abordaba las demandas principales de los manifestantes de libertad y dignidad. Respondieron coreando una consigna que llegaría a ser muy popular durante el levantamiento, “‘Ya Bouthaina ya Shabaan ash shaab as-suri mu juan” (ay Bouthaina, ay Shabaan, el pueblo sirio no está hambriento) [22], subrayando el argumento de que los sirios no eran meros objetos que alimentar.

Karam, un campesino de Idlib que ahora vive en Líbano, dice que su objetivo político es lo que llama “libertad agrícola” (huriyya zira’iya). Esto, dice, no tiene que ver con el alimento como tal, sino con la manera en la que éste es producido. Explica:

Es cierto, ha disminuído la agricultura y algunas de las regiones liberadas  están siendo bombardeadas. Aún así, tengo un sentimiento de libertad. Tengo la libertad de cultivar lo que quiera y las especies que quiera, y es mi decisión si quiero o cómo quiero vender. La agricultura siria necesita ser libre, y cuanta más libertad tengan los agricultores, más producirán y más ideas florecerán. Los consejos locales y los comités de base pueden discutir los detalles. Lo que importa es que existe un espacio para que podamos decidir, porque entonces podremos probar las cosas que nos gustaría hacer – y eso es lo que yo llamo agricultura orgánica. Es sólo un experimento pero, creo yo, este método es el mejor para el suelo. La tierra ha quedado completamente exhausta porque se han utilizado los mismos métodos una y otra vez. A mí me gustaría educar a todos los agricultores y organizaciones alternativas en las zonas liberadas de Siria. Mi mensaje es que debemos restaurar la vida de formas similares a las que conocían nuestros abuelos. Antiguamente, todo se hacía de una manera mucho más natural. Ésta es mi visión para el futuro.

Hoy en día, Karam enseña agricultura orgánica a otros sirios. Su hermano Moaz se ha quedado en Idlib donde, en un esfuerzo junto con otros vecinos, provee de ayuda agrícola a cientos de personas que fueron desplazadas desde otras regiones de Siria el pasado invierno. Hace años que hay bombardeos, pero dado el actual alto el fuego, los últimos meses han pasado sin contratiempos. En agosto de 2017, los vecinos trabajan juntos, cortando berenjenas por kilos y poniendo los trozos en agua para producir semillas. Una vez acaben, continuarán con los tomates. El plan es distribuir las semillas entre las personas refugiadas y también usar algunas para poner semilleros, que después se distribuirán también entre los agricultores: así es como funciona la ayuda humanitaria local. “Antes de la guerra, si alguien quería cultivar ciertas especies tenían que acudir a la llamada ‘farmacia de los agricultores’ para comprar las semillas híbridas, los fertilizantes químicos, etc. Hoy en día, nos hemos dado cuenta de que, en lo que respecta a semillas, fertilizantes y pesticidas, es mejor ser autosuficiente. Muchos lo ven así ahora.”

Agricultura significa Independencia y Control

Samih creció en una zona urbana del sur de Damasco y estudiaba sociología en la Universidad de Damasco. Cuando Yarmouk, el barrio en el que vivía, fue asediado y atacado con el hambre, comenzó a cultivar su propia comida junto con otros vecinos: tomates, berenjenas y calabacines, utilizando todos los tipos de semillas que les era posible comprar a los campesinos de zonas cercanas. Samih explica:

Una de las “armas” más importantes utilizadas por el régimen sirio para aplastar la revolución es el hambre, sabiendo que la mayoría de las zonas sitiadas dentro del país son áreas rurales. Sin embargo, hay poca conciencia de cómo controlar la producción agrícola y casi ninguna ayuda externa. Como resultado, muchas de estas zonas han sido subyugadas. (…)  Agricultura significa independencia y control, y esto, a su vez, significa mayor libertad y, por lo tanto, mayor dignidad.

La historia de Ahmad muestra que otras fuerzas autoritarias en Siria usan la misma estrategia. Ahmad es de Deir Ezzor, al este de Siria. Cuenta que su hermana se mudó al campo ya que la ciudad ya no le proporcionaba ingresos ni medios de subsistencia. Allí alquiló una pequeña casa y, en su jardín, comenzó a cultivar sus propias verduras. La región está bajo el control de ISIS, que le prohibió hacerlo. Para Ahmad, no importa qué poder autoritario use el alimento como arma, desde su punto de vista, “la mentalidad de los dictadores es hacerte dependiente, y como consecuencia, no quieren que cultives tu propia comida”.

Algo más que la simple producción de alimentos

Majid, que enseña agricultura en la universidad alternativa de Daraa, cuenta que muchos ingenieros agrícolas en Siria ven “la agricultura orgánica como un lujo”. Agrega que no hay mercado para las personas que exigen una dieta saludable. Ubaida, que estudió agricultura y ciencias políticas en Alepo, recuerda los acalorados debates con ingenieros más veteranos en cursillos recientes. “Simplemente no están dispuestos a aceptar nuevas ideas”, dice, “y quieren defender su autoridad por cualquier medio”.

Lina está convencida de que la función social de la agricultura va mucho más allá de la producción de alimentos y rechaza la noción de que los productos químicos habituales deberían usarse para impulsar la producción. Así lo explica: “Estábamos bajo asedio en Zabadani y no teníamos semillas ya que, previamente, habían sido distribuidas a través de autoridades centralizadas. Finalmente, después de un gran esfuerzo, logramos obtener algunas semillas. Después algunas mujeres nos juntamos para diseñar proyectos que permitieran a los hombres jóvenes que luchan en las líneas del frente integrarse en las rutinas diarias del trabajo agrícola”. Esto explica cómo los hombres comenzaron a asumir un rol civil mucho más importante del que podrían tener combatiendo en primera línea. Como estos proyectos se ubicaron en toda la ciudad, en los tejados, en los jardines de flores o en los balcones, las personas dijeron que habíamos logrado “traer, sobre todo, a los jóvenes al seno de la sociedad”. Salih confirma esto y cuenta cómo, durante el asedio, la agricultura significaba mucho más para él que el mero hecho de cultivar alimentos: “Las cosechas me sacaron del precipicio, me salvaron. Durante el asedio, me convertí en un manojo de nervios.”

Reconstruyendo la economía

Cuando el régimen sirio comenzó a entrar en el vecindario donde Jafar residía con su familia, se trasladó al Golan, en la provincia siria de Quneitra; el lugar de donde sus padres habían huido en 1967 como resultado de la guerra con Israel. Ahora la familia de Jafar ha regresado a su casa en la parte siria del Golán que una vez abandonaron. Actualmente, alrededor del ochenta por ciento de la Qunaitra siria está fuera del control del régimen. Incluso antes de abandonar Damasco, junto con algunos amigos, Jafar había organizado servicios médicos para el creciente número de refugiados y, junto con el mismo grupo, también se involucró en proyectos humanitarios. Después de huir de Damasco, comenzó a cultivar porque, nos explica, “tuvimos que reconstruir la economía desde cero”. La mayoría de las personas no tenían dinero y, por lo tanto, no podían cultivar plantas de regadío, ya que bombear el agua era demasiado costoso. (…) Al mismo tiempo, nadie sabía cómo evolucionaría la situación militar y, como consecuencia, nadie estaba dispuesto a invertir. ¿Quién quiere comprar veinte ovejas si, en cualquier momento, un ataque con cohetes puede matarlos, o si se ve obligado a huir de la noche a la mañana?” Con el tiempo, la situación comenzó a estabilizarse. En este momento, es considerada una de las zonas más seguras en Siria porque el régimen y sus aliados sólo atacan de vez en cuando y se abstienen de usar el poder aéreo; no quieren arriesgarse a estar demasiado cerca de su enemigo, Israel. Esto, para Jafar, es una ventaja estratégica: “Aquí puedes construir algo, construir una base para el sustento”.

Entonces, Jafar y otros lugareños crearon un grupo llamado ARDAQ (‘tu tierra’). Jafar explica: “Tenemos un equipo de ingenieros que ofrece ‘servicios de consultoría del terreno’, es decir, visitan a los agricultores y los ayudan a superar sus desafíos. Cada vez que hay un caso recurrente, por ejemplo, una plaga, la documentaremos, explicamos cómo tratarla y publicamos fotos en las redes sociales”. Por supuesto, muchos agricultores no tienen acceso a la red, por lo que en este momento el grupo está compilando un “calendario agrícola” que documentará los ciclos de vida y las características de los cultivos más importantes en la región de Quneitra y cuentan con distribuir una versión impresa a todos los agricultores de la zona. Jafar dice: “Es difícil llegar a una evaluación neutral de si la agricultura era mejor antes de 2011 de lo que es ahora. En general, probablemente fue mejor, sin embargo (…) en los viejos tiempos un ingeniero agrícola no hubiera visitado un campo como lo hacen hoy; ahora los agricultores e ingenieros trabajan juntos para desarrollar cosas. En general, la brecha entre los campesinos y el resto de la sociedad ha disminuido porque hoy todos cultivan su propio alimento. Esto significa que todos nos hemos acercado.

Semillas

Jafar narra los éxitos del grupo: “En 2015, tuvimos que comprar semillas de áreas controladas por el régimen. Recibimos trigo local sirio del Banco Agrícola y no compramos híbridos, solo baladí, es decir, variedades sin semillas. (…) Este año, comenzaremos a construir un banco de semillas y recolectaremos el diez por ciento de las semillas que distribuimos anteriormente. Ya lo hemos hecho para el trigo y estamos tratando de centrarnos en el uso de variedades sirias. A continuación, recolectaremos sésamo y otros alimentos que son básicos de la cocina siria.” Jafar describe la importancia de esto: “La semilla local se ha adaptado a las condiciones locales: el clima, las temperaturas y la falta de precipitaciones.” Por ello ARDAQ no trabajará con variedades importadas, “nuestras variedades locales se remontan a milenios y han sobrevivido”.

ARDAQ es un buen ejemplo de cómo, en ausencia de otras organizaciones, los grupos agrícolas locales pueden movilizar el capital social existente a través de iniciativas como los bancos de semillas [23]. Tambien Moaz, en Idlib, pretende crear un banco de semillas. Ambos proyectos demuestran que, ante el colapso de la economía siria, es posible crear una versión ética de la economía a través de las redes sociales de acuerdo con el principio de soberanía alimentaria. La seguridad alimentaria es un derecho fundamental, no una cuestión de caridad. En la práctica, lo llevan aún un paso más allá: durante el asedio de Yarmouk, donde más de cien personas ya habían sucumbido al hambre en la zona, Samih impartió seminarios sobre “ciudadanía” en el centro de la sociedad civil local. Estos cursos abordaron el hambre y cómo la comunidad local había defendido su derecho a vivir creando sus propios proyectos agrícolas.

Aunar trabajo y experiencia en proyectos agrícolas es una forma de construir redes y confianza mutuas. Ya sea el Bus del Olivo en el pueblo de Moaz o el trabajo de ARDAQ: las decisiones se toman conjuntamente, incluyen a todos y valoran el conocimiento y la experiencia de las personas locales como uno de sus principios centrales. Karam, en el Líbano, lamentó que se perdiera un gran conocimiento de la agricultura sostenible en los procesos de centralización del régimen sirio. Sin embargo, a través de proyectos comunales conjuntos, ese conocimiento ahora se transmite a las nuevas generaciones. El potencial para la acción conjunta va en aumento, pero  hay muchos desafíos. En muchos consejos locales todavía no hay agricultores y sólo estarán representados en comunidades muy pequeñas como en la provincia de Idlib.

Estructuras gubernamentales alternativas

Los consejos locales son la columna vertebral de las estructuras paragubernamentales fuera del alcance del régimen. Incluso en ciudades pequeñas, la mayoría de ellos gestiona una Oficina Agrícola (Maktab Zira’i). Aquí, la Organización General para la Multiplicación de Semillas (OGMS) lleva el mismo nombre que su contraparte del gobierno sirio porque, como explica Abdalqader, uno de los ingenieros agrónomos del norte de Siria, “fue creado inicialmente para llenar el vacío que dejó la retirada del régimen”. La OGMS forma parte del Ministerio de Agricultura del Gobierno interino de Siria y tiene siete oficinas en las partes del país controladas por la oposición. El principal objetivo, explica Abdalqader, es proporcionar “equipo agrícola de orígenes conocidos”. Esto lo coordinan los consejos locales y, enfatiza, ‘los agricultores pueden visitar nuestras oficinas en cualquier momento”.  En el caso del trigo es importante conservar las viejas variedades sirias y, dice Abdalqader, la OGMS está trabajando con los campesinos locales para propagar y distribuir semillas a través de centrales de multiplicación de semillas. Sin embargo, sí se están importado, en parte, variedades de patatas como híbridos de fuera de Siria, mientras que se distribuyen algunas variedades locales como parte de un “proyecto nacional de la patata” (Mashru’ watani l’-ikthar al-batata). Rami, otro empleado de la OGMS dice, “hay mucha incertidumbre sobre el origen de los productos agrícolas y por eso nos abastecemos de algunas cosas, especialmente pesticidas, de fuentes familiares como Syngenta y BASF”, y así continúa en la mejor jerga publicitaria de estas multinacionales. De hecho, en su página de inicio, la OGMS declara: “Como continuación de nuestro plan estratégico de ofrecer todas las herramientas y materiales para la producción agrícola a precios reducidos y subvencionados dentro de las partes liberadas de Siria, la OGMS desea informar a los agricultores que ya están disponibles varias especies vegetales, fertilizantes, y pesticidas producidos por Syngenta, DuPont, Bayer, Sumi Agro y BASF”. El financiamiento de la OGMS es en gran parte independiente del gobierno interino de Siria. Un importante donante es la Sociedad Alemana para la Cooperación Internacional (GIZ), la organización ejecutora del Ministerio de Cooperación para el Desarrollo. Se centran en semillas de alto rendimiento producidas por grandes multinacionales que requieren el agregado de químicos y minerales para crecer, a pesar de que las organizaciones para el desarrollo y de granjeros han protestado en repetidas ocasiones para que estos proyectos también incluyan a pequeños agricultores con su experiencia tradicional y para que se preserve esta maestría [24].

Ya en 2005, y antes del levantamiento sirio, Sygenta había establecido una oficina que, entre otras cosas, era responsable de la distribución de semillas en Siria. Samir, un granjero de la provincia de Idlib, dice: “Estoy indeciso acerca de los fertilizantes minerales. Por un lado, el suelo está totalmente agotado y continuar agregando fertilizante mineral no ayudará. Por otro lado, nosotros, como individuos privados, no podemos introducir el material en el país, ya que está etiquetado como producto de “doble uso”, lo que significa que también puede usarse como explosivos”. Por el momento, la mejor solución es la producción de fertilizante orgánico. El proyecto se ocupa de todos los desechos de las comunidades a través del compostaje: “de esa manera podemos deshacernos de nuestra basura y regenerar nuestro suelo”. Pero él mismo reconoce que esto no será posible en todas partes porque “en muchos lugares, las personas no tienen nada, ni siquiera basura orgánica”.

Cuando se usan esos productos químicos, se origina una reacción química entre el cultivo y el suelo. Supongamos que un cultivo requiere diez días de crecimiento y, una vez agregados los productos químicos, éste se acorta a la mitad, hasta cinco días. Sin embargo, este aumento de la productividad tiene sus deficiencias debido a que el suelo se va quemando lentamente. La productividad disminuirá porque el suelo ya no puede soportar la agricultura y el resultado sería que nosotros mismos habríamos destruido el suelo, sin guerra, bombardeo o ningún tipo de arma moderna.

(Ibrahim, agricultor sirio, actualmente en el Líbano)

Los debates sobre la reconstrucción del país tienden a descuidar el hecho de que muchos agricultores sirios preferirían un enfoque que haga hincapié en su autonomía y aspiran a un tipo de agricultura que no cree nuevas dependencias. Tal enfoque reflejaría las “reglas para reconstruir Siria” propuestas por Steven Heydemann, que demandan “prescindir de Assad, ir a lo local, a lo pequeño, a lo lento’. La agricultura es un componente clave para alcanzar los objetivos del levantamiento y la respuesta a la pregunta de cómo reconstruir Siria se puede encontrar en las diversas ideas de las comunidades locales y en las conversaciones entre  sirios. Este artículo está dedicado a todos los valientes agricultores y horticultores sirios. Mientras investigaba para este artículo, la autora realizó diez entrevistas formales y muchas informales. Todas las entrevistas se realizaron en árabe; todos los nombres personales fueron cambiados por el autor.

*Como parte del proceso de traducción y edición, se han hecho modificaciones al formato de referencias citadas por la autora y sustituido algunos enlaces por su versión en castellano. 

[2] Batatu, H. (1999) Syria’s Peasantry, the Descendants of Its Lesser Rural Notables, and Their Politics. Princeton: Princeton University Press, p. 127.

[3] Batatu, H. (1999) Syria’s Peasantry, the Descendants of Its Lesser Rural Notables, and Their Politics. Princeton: Princeton University Press, p. 127.

[4] Van Dam, N. (2011) The Struggle for Power in Syria: Politics and Society Under Assad and the Ba`th Party. London; New York: I.B. Tauris & Co. p. 9.

[6] Keilany, Z. (1980) ‘Land reform in Syria,’ Middle Eastern Studies, 16:3, S. 212

[7] Keilany, Z. (1980) ‘Land reform in Syria,’ Middle Eastern Studies, 16:3, S. 212-213.

[9] Perthes, V. (1991) ‘The Bourgeoisie and the Baath: A Look at Syria´s Upper Class,’ MER170 (21).

[10] Ababsa, M. (2014) ‘The End of A World.’ In: R. Hinnebusch and T. Zintl Syria from Reform to Revolt: Political Economy and International Relations. Syracuse: Syracuse University Press, p. 86.

[11] Zurayk, R. (2011) Food, Farming and Freedom: Sowing the Arab Spring. Charlottesville, VA: Just World Books, p. 21.

[12] Zurayk, R. (2011) Food, Farming and Freedom: Sowing the Arab Spring.Charlottesville, VA: Just World Books, p. 44.

[13] Springborg, R. (1981) ‘Baathism in Practice: Agriculture, Politics, and. Political Culture in Syria and Iraq,’ Middle Eastern Studies, 17:2, S. 192.

[14] Hinnebusch, R. (2011) ‘The Ba’th’s Agrarian Revolution (1963–2000).’ In: R. Hinnebusch, A. El Hindi, M. Khaddam and M. Ababsa, Agriculture and Reform in Syria.University of St Andrews Centre for Syrian Studies, p. 4.

[15] Hinnebusch, R. (2011) ‘The Ba’th’s Agrarian Revolution (1963–2000).’ In: R. Hinnebusch, A. El Hindi, M. Khaddam and M. Ababsa, Agriculture and Reform in Syria.University of St Andrews Centre for Syrian Studies, p. 3.

[16] Springborg, R. (1981) ‘Baathism in Practice: Agriculture, Politics, and. Political Culture in Syria and Iraq,’ Middle Eastern Studies, 17:2, S. 201.

[17] Hinnebusch, R. (2011) ‘The Ba’th’s Agrarian Revolution (1963–2000).’ In: R. Hinnebusch, A. El Hindi, M. Khaddam and M. Ababsa, Agriculture and Reform in Syria.University of St Andrews Centre for Syrian Studies. p. 4.

[18] Aw-Hassan, A., Rida, F., Telleria, R. and Bruggeman, A. (2013) ’The impact of food and agricultural policies on groundwater use in Syria,’ Journal of Hydrology, S. 205.

[20] de Châtel, F. (2014) ‘The Role of Drought and Climate Change in the Syrian Uprising: Untangling the Triggers of the Revolution,’ Middle Eastern Studies.

[21] de Châtel, F. (2014) ‘The Role of Drought and Climate Change in the Syrian Uprising: Untangling the Triggers of the Revolution, Middle Eastern Studies,’ Middle Eastern Studies, p. 527.

[22] En árabe, el apellido Shaaban y la palabra “hambriento” (ju’an) riman.

[23] Ver también: Shrestha, P., Vernooy, R. and Chaudhary, P. (2012) Community Seed Banks in Nepal: Past, Present, Future, Proceedings of a National Workshop, 14-15 June, Pokhara, Nepal. p. 31.

[24] Especialmente en el contexto de crítica a la “Colaboración Alimentaria Alemana”, se hicieron oír estas voces: http://www.keine-gentechnik.de/nachricht/31478/ (accedido el 23 de octubre de 2017).

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