Un mundo “sirianizado”

Autor: Robin Yassin-Kassab    |     Traducción: Elena Cal y Jessica Buendia

Publicado originalmente en inglés: Qunfuz12/08/2017

Además de los cantos de ‘Blood and Soil’ (carne y suelo), ‘You Will Not Replace Us’ (no nos reemplazaréis), ‘White Lives Matter’ (la vida de los blancos importa) and ‘Fuck You Faggots’ (que os jodan, maricones), algunos de los privilegiados fascistas que se concentraron en Charlottesville, Virginia, dieron sus opiniones sobre el problema sirio. “Apoya al ejército árabe sirio”, dijeron. “Lucha contra los globalistas. Assad no hizo nada malo. Reemplazar a Gadafi fue un maldito error”.

Vale la pena señalar que estos puntos de discusión – el apoyo a Assad y las teorías conspirativas que lo absuelven de culpa por asesinato en masa y limpieza étnica, la islamofobia que sustenta estas teorías, la noción de que los “globalistas” protagonizaron las revoluciones árabes y la idea de que la revolución libia fue un complot extranjero- es compartido en mayor o menor medida por la mayoría de lo que queda de la izquierda.

En 2011, esperaba que el levantamiento predominante­mente de la clase obrera siria contra un régimen sádico, que es tanto neoliberal como fascista, recibiría el firme apoyo de la izquierda de todo el mundo. Estaba equivocado. La coalición británica Stop the War (StW) marchó enfurecida cuando parecía que Estados Unidos bombardearía los activos militares del régimen, pero ignoró el bombardeo estadounidense de grupos yihadistas y civiles sirios, así como los ataques convencionales y químicos de Assad contra personas indefensas y los crímenes de guerra rusos e iraníes. Las figuras clave en el Partido Laborista de Jeremy Corbyn siguieron la línea de StW. Diane Abbott llamó a la policía cuando los sirios intentaron hablar en un evento de StW. Durante el asalto final a la Alepo liberada el invierno pasado, Emily Thornberry sugirió a Channel 4 News que Assad protegía a los cristianos, que el problema se resolvería si los ‘yihadistas’ se marchaban y que la ocupación asadista de Homs era un ejemplo a emular. No importa que la Alepo liberada tuviese consejos democráticos, que sus revolucionarios incluyesen personas de todas las religiones y sectas o que el 80% de las tropas de Assad en esa batalla eran yihadistas chiíes extranjeros organizados por Irán, ni tampoco que la gran mayoría de la gente de Homs permaneciera en los campos de refugiados, demasiado aterrorizada como para volver. John McDonnell pronunció un discurso en Trafalgar Square el Primero de Mayo bajo una bandera estalinista y la bandera baathista: esa es la bandera de un genocidio anterior y la bandera de un genocidio que aún continúa. No fue él quien colocó las banderas, pero no pidió que las retirasen.

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En 2011 debería haberlo sabido. Los izquierdistas habían excusado durante mucho tiempo la ocupación soviética de Europa del Este y la ocupación genocida de Afganistán. Noam Chomsky, por elegir uno, excusó a Pol Pot y Milosevic (hoy, por supuesto, repite las teorías conspirativas que afirman que Assad es inocente de los ataques de gas sarín y canales como Democracy Now le ofrecen a él y a otros una plataforma para hacerlo). .

La izquierda repite los tropos de la guerra antiterrorista desarrollados en primer lugar por la derecha. Lo mismo hacen Putin, Assad y Sisi. En su indispensable libro, The Impossible Revolution (La revolución imposible), Yassin al-Haj Saleh escribe que la “raza” es en última instancia una cuestión de clase. (Esto es –al menos- cuestionable, pero aquí usa las construcciones raciales como metáfora y lo aceptaré de momento). En este contexto, distingue entre sirios “blancos” y “negros”. Los sirios “blancos” promueven un discurso de la modernidad fascista que etiqueta a los sirios “negros” como retrógrados, primitivos y peligrosos. Los misiles Scud del régimen y las bombas de barril son necesarios para proteger a la ‘desarrollada’ y ‘moderna’ Siria de los negros. Los izquierdistas de todo el mundo repiten este discurso.

Los corbynitas me dicen que no debería obsesionarme con la política exterior, como si la nostalgia parroquial del laborismo no afectara su apoyo a un Brexit duro y sus enormes consecuencias para la economía doméstica. Como si Siria fuera irrelevante para cuestiones como la migración y el terrorismo, que dominan el debate interno.

Hasta aproximadamente la década de 1920, tal vez se podría haber perdonado a la izquierda por ignorar o despriorizar las luchas democráticas como “burguesas”. Después de ese momento, cuando las terribles ramificaciones del aplastamiento de la democracia se hicieron espantosamente evidentes, no había excusa para ello. Esto es lo que dijo Rosa Luxemburgo en ese momento: “Sin elecciones generales, sin libertad de prensa, libertad de expresión, libertad de reunión, sin una lucha de opiniones libre, la vida en cada institución pública se marchita, se convierte en una caricatura de sí misma y la burocracia surge como el único factor decisivo”. Cuando la izquierda occidental, que vive en las democracias, desprecia las revoluciones democráticas, no está más que mostrando su propio privilegio.

No es sorprendente que la derecha vea a cada refugiado sirio como un potencial terrorista cuando la izquierda lleva años opinando que la revolución siria está dirigida por al-Qaeda (o el imperialismo estadounidense, o el sionismo). Estas bestias se alimentan entre sí. Las mayores amenazas actuales son el incremento del autoritarismo, ya se llame a sí mismo de izquierdas o de derechas (o islamista) y la preferencia por la ideología sobre la realidad humana, por el conspiracismo simplista sobre hechos complejos.

Esto se va a poner mucho más complicado. Necesitamos respuestas a la política de austeridad y las tensiones indudables de una economía globalizada y cada vez más tecnologizada. La nostalgia por las composiciones sociales de las décadas anteriores y la época en que las fronteras nacionales eran impermeables no es de ninguna manera una respuesta. Yassin sostiene que la democracia “retrocede en todas partes tan pronto como deja de progresar en algún lugar”. Habla de un mundo progresivamente “sirianizado”.

Así que hoy los “realistas” occidentales piensan que el régimen que comenzó la guerra siria debería permanecer en el poder por el bien de la estabilidad; y una infantil y bulliciosa estrella de los reality shows es el presidente del estado más poderoso del mundo; y los fascistas se reúnen de nuevo en mitines iluminados por antorchas. Esto es lo que sucede cuando ignoras el sufrimiento humano a cambio de fomentar grandes narrativas.

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