La batalla entre los activistas seculares y feministas en Siria: perdemos todos.

Autora: Zaina Erhaim |      Traducción: Jessica Buendía y Elisa Marvena

Original publicado en inglés en: Open Democracy   |  12 de diciembre de 2017


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“La revolución es femenina; Siria es nuestra madre; queremos libertad excepto para mi esposa; libertad para todos excepto para las mujeres de mi familia; sí a quien protege la tierra y el honor”. Carticatura de Amani Alali para Liberated T.  Usada con su permiso.

Es la 1 de la tarde en un caluroso día de verano en mi ciudad natal de Idlib. Estaba acelerando mis pasos hacia mi clase de matemáticas, sosteniendo mis libros y mirando la calle como hacen las niñas buenas, cuando de repente me abrazaron. Sí, abrazada, no agarrada ni acosada como de costumbre. Sucedió cuando estaba parada en medio de la calle, ante los ojos de mi maestra que estaba frente a su oficina junto con las niñas que habían llegado antes.

No recuerdo exactamente cómo le obligué a dejarme ir, pero sí sé que di todas las patadas y golpes que aprendí en mis 5 años de clases de Karate.

Tenía 15 años, y esta es la historia que cuento cuando me preguntan sobre el primer “coqueteo” que he tenido.

Fue mi primer “abrazo”, uno horrible que todavía hace que me tiemble el cuerpo al recordarlo. Sin embargo, seguramente no fue la primera vez que fui acosada. No sería una exageración si dijera que no recuerdo un día en mi adolescencia en el que haya caminado libremente sin ser ser acosada al menos verbalmente, a menos que estuviera caminando con un hombre.

Para mi mala suerte, no tenía muchos hombres en mi familia, ya que me crió una madre soltera junto con un grupo de tías, y mi único hermano estudiaba en el extranjero. Sin embargo, la ausencia de hombres controladores en mi vida fue una oportunidad para tomar mis propias decisiones. Me dio el espacio para estudiar periodismo y  viajar a Damasco a obtener mi grado, a diferencia de muchas de mis amigas cuyos padres las obligaron a elegir determinadas especialidades, “las femeninas”, como literatura inglesa, y a estudiar en la cercana universidad de Alepo.

Al no tener hombres que me guiaran por las calles de mi ciudad, generalmente tenía que llevar conmigo a mi primo de 5 años. Si bien era un niño, él era varón, por lo que para mi madre eso era más seguro y minimizaría la cantidad de acoso que podría recibir. Y, francamente, lo hizo, lo cual aún me molesta más al pensarlo ahora.

Los espacios públicos no son míos; Soy una débil transeúnte dependiente que necesita un guardián masculino. Aprendí esto como un hecho cuando tenía 8 años.

¿Cómo me siento acerca de aquellos que se sintieron con suficiente poder como para tocar mi cuerpo contra mi voluntad durante los últimos 30 años? ¿Enfadada? ¿Qué hay de los que eran mucho más jóvenes, más bajos, físicamente más débiles que yo, y aun así no podía responder porque el acoso es mi problema y mi vergüenza?

Mi ira, sin embargo, es más grande hacia aquellos que vieron cómo me acosaban y no hicieron nada, aquellos que se rieron de mi vergüenza al verme huir del incidente cubriendo mi rostro con mis palmas para esconderme. Sólo desearía poder golpearles con cada par de zapatos que tengo, ¡y tengo muchos!

Este es sólo un episodio de una larga serie de dolorosas experiencias que moldearon mi personalidad. Dicho eso, tengo tolerancia cero contra aquellos que acosan a mujeres y niñas sólo porque pueden y fueron criados pensando que se les permite hacerlo.

Mi tolerancia contra aquellos que se ríen de sus “graciosas” violaciones agresivas o contra los que guardan silencio también es cero. Para mí no hay diferencia entre aquellos que realizan estas acciones en línea o fuera de internet.

Recientemente, ha habido discusiones en las redes sociales tras un conflicto público que estalló entre dos figuras de la sociedad civil siria sobre este tema en particular. Estas discusiones eventualmente se convirtieron en una campaña agresiva contra las feministas sirias y el movimiento feminista, que tiene más de cien años, esta vez por activistas seculares que en su mayoría representan lo que llamamos ahora la sociedad civil siria.

Creo que éste fue otro retroceso en pos de que las mujeres sirias dejen los espacios públicos a los hombres poderosos que se comportan como si estos espacios fueran de su propiedad y pueden, ocasionalmente, invitar a las mujeres a hacerlo siempre y cuando no desafíen su posición.

El jefe de un think tank sirio escribió públicamente en su página de Facebook que “el movimiento feminista sirio es desagradable, ¿cómo podría alguien ser una feminista que defiende los derechos de otras mujeres si no ha sido violada o golpeada por su marido? Y al final, todas las feministas sirias están peleando por el simple hecho de pelear”.

Ni su think tank ni su financiador, un centro de estudios en Dubai, condenaron las declaraciones públicas del gerente.

Al día siguiente cambió de opinión y retiró lo que dijo, sin embargo, verificando las interacciones en ese post se puede ver claramente que 20 reacciones de amor/me gusta provienen de personas en puestos de responsabilidad que trabajan para ONG sirias en Turquía, de los cuales al menos cinco están implementando “programas de empoderamiento de las mujeres”.

Quince se rieron y escribieron comentarios sarcásticos como “ahora estarás muerto, o adiós, foto con cinta negra en la esquina”, también hubo cuatro comentarios “divertidos” de hombres que trabajan para organizaciones internacionales.

Una activista a la que no le importaba ser una segunda esposa comentó: “Siento que también soy un hombre”.

Ésta fue sólo una muestra de las terribles y agresivas discusiones que llenaron mis redes sociales la semana pasada, resucitaron todos los incidentes de acoso callejero otra vez.

Me sentí como si tuviera que adjuntar en copia a ese gerente con todos los ataques por los que he pasado en los últimos 30 años con tal de “obtener su bendición para defender los derechos de otras mujeres”.

Si estos son los líderes seculares de nuestra sociedad civil siria, no es sorprendente leer los hallazgos de la investigación de Citizens for Syria “Organizaciones de la sociedad civil siria: realidad y desafíos” que indicaban que “el 25% de las OSC (organizaciones de la sociedad civil) no tienen representación femenina en su junta, ya que los altos cargos han sido todos ocupados por hombres, mientras que la presencia de mujeres en estas organizaciones, extremadamente baja como es, se limita meramente a roles selectivos o no esenciales”.

Pero estos no son los únicos ejemplos. Algunos de los argumentos y posiciones más comunes que escuchamos son que los derechos de las mujeres no son una prioridad en medio de la crisis actual que estamos viviendo. Esto a menudo se transforma en una crítica en contra de cualquiera que hable sobre los derechos de las mujeres o abusos contra mujeres, acusado de ignorar los problemas “más urgentes” y “más importantes”.

Además, para muchos grupos, la terminología más común para defender a las mujeres, que ellos consideran están pagando el precio más alto, es que son “las madres, hermanas e hijas de los valientes hombres sirios que luchan por la libertad”. Esta es otra lógica que alimenta el rechazo de las mujeres como agentes iguales en la lucha y en su lugar las ve como personas anexas a los hombres.

El movimiento feminista siria es más antiguo que los medios sociales 

La historia del movimiento feminista sirio se remonta a finales del siglo XIX. Las mujeres de nuestro Levante comenzaban a escribir en los periódicos y, cuando los otomanos las presionaron, inmigraron a Egipto y continuaron escribiendo en los medios egipcios sobre temas de mujeres.

La Dra Maya Al Rahbi, directora de Musawah – Centro de Estudios de la Mujer desde 2012, y manager de Al Rahbi Publishing House para literatura feminista dice:

Teníamos un claro movimiento feminista en los años 1910, muchas mujeres dirigían salones culturales, como la poeta Mariana Marrash, y Mari Ajamai, que por entonces fundaron la primera revista de mujeres, con el nombre Al Arous.

En los años 30 y 40, se formaron muchas ONGs de mujeres, como el sindicato de Mujeres Árabes de Siria, fundado y presidido por Adela Baiham Aljazairy, un sindicato que después englobó a otras 14 ONGs femeninas. Adela lo presidió hasta 1967.

La Dra Al Rahbi piensa que “el movimiento feminista siria entonces, como muchos movimientos feministas en el mundo, no tenía una visión clara, y se enfocaban en trabajos de tipo caritativo, además de la educación para las mujeres”.

Cuando el partido Baaz tomó el control del país en 1963, se formó el Sindicato de Mujeres y todas las mujeres activas y las organizaciones feministas fueron empujadas a trabajar bajo su coordinación.

La única organización que pudo continuar trabajando fuera del sindicato fue la Liga de Mujeres Sirias (SWL en sus siglas en inglés), fundada en 1948, porque en aquel momento era parte del partido comunista, y el régimen se lo permitió por ser su partido parte del “Frente Sirio Nacional Progresista”.

Con el tiempo, la SWL se desvinculó del partido comunista y se convirtió en un movimiento feminista independiente.

La Dra Al Rahbi cree que la SWL es el primer movimiento feminista sirio.

¿Estamos en contra de las violaciones sólo cuando las comenten el régimen y los extremistas, pero no pasa nada cuando lo hacen los nuestros?

La secretaria de la SWL, Sabah Hallaz, dice:

desde los años 90 hemos estado trabajando para hacer las leyes sirias más igualitarias, y en 2009 fuimos capaces de impedir que llegara al Parlamento un borrador discriminatorio de ley de estatuto personal, gracias a una gran campaña que impulsamos, a la que se sumaron muchos grupos y organizaciones”.

En el año 2000, cuando Bashar al Assad llegó al poder prometiendo más espacio para la libertad, se formaron algunos grupos y organizaciones feministas, como “la iniciativa feminista, juntas apoyando la causa de la mujer”, fundada por la Dra Al Rahbi.

En aquel entonces, la Liga de Mujeres Sirias, junto con otras organizaciones feministas, formaron el cuerpo de Mujeres Sirias por la Democracia, que enviaba informes paralelos a la Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer (CEDAW por sus siglas en inglés).

Para obtener más información detallada sobre la historia del movimiento feminista siria, existe una investigación muy reciente publicada por el centro Arab Reform.

¿El inicio y final del círculo?

Toda esta batalla vertical comenzó cuando un joven activista contra el régimen escribió públicamente en su página de Facebook “¿quién puede violar a esta chica con sus pies?” en una publicación que mostraba la foto de ella, porque portaba la bandera del régimen.

Él pidió disculpas tras la presión recibida, pero justificándose por ser su expresión “común en nuestras tradiciones verbales y no un llamado a la acción.”

Entonces, muchos intelectuales, seculares y activistas defendieron al joven y a sus amigos, que secundaron el agresivo ataque contra la chica.

Esta defensa (y siquiera la falta de una condena alta y clara) viniendo de intelectuales y líderes de opinión, representa aquello que queríamos cambiar con la revolución y la sociedad civil. Claramente anima a las violaciones contra las mujeres que intentan existir en los espacios públicos masculinos.

El peor argumento es el de aquellos que utilizaban en su defensa lo de que “éstas son nuestras tradiciones sociales”. Bien, burlarse y correr detrás de personas con enfermedades mentales, matar a una mujeres por tener una aventura o enamorarse fuera del matrimonio (conocido como “asesinato de honor”), también forma parte de nuestras eternas tradiciones; golpear a los niños con palos de madera y tuberías, hacer arder sus lenguas con chile si dicen palabrotas… también esto es parte de nuestras tradiciones. ¿Es ésta razón suficiente para mantenerlas vivas? ¿De verdad debemos seguir usando esto como justificación para defender violaciones contra los derechos humanos, mientras decimos ser activistas defensores de los mismos? ¿O sólo estamos en contra de las violaciones cuando las cometen el régimen y los extremistas, pero si lo hacen los nuestros, aquí no ha pasado nada?


ficd7zp__400x400Sobre la autora

Zaina Erhaim es una periodista siria galardonada, nombrada periodista del año por Reporters without Borders en 2015, y entre las 100 Mujeres Mujeres Árabes más Influyentes del Arabian Business en 2016. Ha recibido recientemente el primer premio Annita Ausuburg Award for Rebel Woman Against the War, de la Women International League for Peace and Freedom (WILPF). Síguela en @ZainaErhaim.

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