El nacionalismo sirio trata de masculinidad

Autora: Rahaf Aldoughli |      Traducción: Jessica Buendía

Original publicado en inglés en: The Conversation  |  13 de diciembre de 2017


Para “pertenecer” a Siria de verdad, tienes que ser masculino, especialmente en tiempos de guerra. Y a lo largo del catastrófico conflicto de seis años en el país, el mismo mensaje machista ha sido repetido numerosas veces.

El actual presidente sirio, Bashar al-Assad, lo expuso claramente en un discurso histórico el 26 de julio de 2015, en el que hizo hincapié en la relación entre el heroísmo sacrificial, el militarismo, la filiación nacional y la pertenencia. Como él lo expresó: “La patria no es para quienes viven en ella o los que tienen su nacionalidad, sino para quienes la defienden y la protegen”, señalando que “el ejército, para poder cumplir con sus deberes y combatir el terrorismo, debe ser apoyado por el elemento humano”.

Los principales temas que abordó durante el discurso aún continúan siendo dominantes. Siria es una “patria” por la cual los hombres sirios deberían estar dispuestos a morir; su sacrificio personal requiere habilidad marcial y fuerza física, siendo ambas pruebas de lealtad nacional. Y en el centro de todo está el ejército, cuyos logros deben apreciar los sirios. En otras palabras, el sirio ideal es un hombre marcial.

Y de la misma manera en que estas ideas están a la vanguardia del conflicto sirio, son muy familiares para cualquier sirio común. El nacionalismo fortalecido de Assad es una versión altamente amplificada e intensificada de la misma ideología nacionalista que todos hemos experimentado en las últimas cuatro décadas.

Club de chicos

Como siria, me encontré con el nacionalismo durante toda mi educación primaria y secundaria. Los alumnos varones eran reclutados para dos organizaciones afiliadas al Partido Baaz de Assad: en la escuela primaria, la Organización Nacional Siria para la Infancia (tala’e’e), y en la escuela secundaria, la Unión de la Juventud Revolucionaria (al-shabibah). Estas dos organizaciones movilizaban a los niños a través del entrenamiento obligatorio y la afiliación a grupos paramilitares.

En el aula, nos sentamos cada semana a leer una lección acerca de cómo convertirnos en un baazista activo usando un rifle Kalashnikov, y cómo mostrar nuestro amor por la nación y el líder, particularmente a través de la celebración de un cuerpo físicamente fuerte.

Un campamento obligatorio de verano de 15 días daba a los estudiantes un tiempo extra para aprender sobre la vida del soldado, en un intento de prepararlos para el servicio militar obligatorio cuando terminaran la escuela secundaria. Mientras tanto nosotras, las alumnas, asistíamos a sesiones que nos enseñaban acerca del glorioso pasado de nuestra nación, una historia contada por completo a través de las hazañas heroicas de los hombres.

Durante las marchas masivas obligatorias para celebrar al “gran líder”, en ese momento, el padre de Bashar al-Assad, Hafez, aprendimos de memoria el lema: “Con sangre y alma, nos sacrificamos por ti, Hafez”. Nos enseñaban canciones nacionalistas que celebran las hazañas heroicas de los hombres y su fuerza y ​​valentía, lo que refuerza la idea de que la nación fue construida solo por los logros de los hombres.

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Niños en Damasco posando con armas 3/06/2014. Atrás, un gran póster de Bashar al Assad junto a la bandera. Foto de Hossein Zohrevand. Con licencia de Creative Commons.

La nación de los hombres

Este culto a la masculinidad necesariamente oculta los logros de las mujeres sirias, y las relega a un papel de apoyo. Su parte en la historia nacional es respetar y venerar a sus patriarcas protectores, con Hafez y luego Bashar al-Assad posicionados como los principales padres, protectores y líderes de todos los sirios.

Incluso teniendo en cuenta que el nacionalismo sirio se demuestra a través del amor familiar, este amor solo puede lograrse en términos masculinos, y solo por los hombres patriotas que sirven como grandes soldados de la nación.

Esta interminable perpetuación del nacionalismo masculino ocurre no solo en el aula y el campo de entrenamiento militar, sino también en los espacios cotidianos. Caminando por las calles en cualquier ciudad siria, el aura de fuerza masculina y heroísmo está en todas partes; el color caqui es el color dominante, y los retratos de Hafez al-Assad están en exhibición prominente.

Con Siria todavía envuelta en un conflicto que lo consume todo, el pueblo sirio se enfrenta a muchos escenarios que conllevan un conjunto particular de sentimientos nacionalistas. Muchos tienen la esperanza de que, incluso si el régimen actual sobrevive, perderá su poder de configurar y controlar una narrativa nacional de cualquier tipo.

Pero eso sólo plantea la difícil pregunta de qué es en realidad la nación siria y cómo los sirios pueden organizar un sentido de amor nacional y pertenencia en lo que promete ser un futuro cercano a lo irreconocible.

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