Los medios de comunicación en Siria antes y después de la revolución

Autor: Gabriel Huland*      

Hasta inicios del año de 2011, el régimen sirio ejerció un severo control sobre los medios de comunicación. Tras un breve periodo de cierta libertad en el uso de Internet, en el año 2007, tras la Primavera de Damasco, el gobierno prohibió plataformas como Facebook y YouTube. Por otro lado, los canales de televisión, tanto públicos como privados, siempre estuvieron vinculados al poder político.

Este férreo control informativo era incluso más estricto que en otros países de la región, como Egipto o Túnez, donde el acceso a Internet por parte de amplias capas sociales era más extendido y los blogueros y activistas digitales disfrutaban de algún grado de libertad.

En Siria la situación era distinta y esto tenía que ver con la naturaleza altamente autoritaria del régimen instaurado por Hafez al-Assad en el año 1970.

Después de un golpe incruento en 1970, el entonces ministro de Defensa y líder del Partido Baath Hafez al Assad (el padre del actual presidente) se estableció como presidente. Entregó posiciones claves a sus aliados cercanos, creando un círculo de seguidores leales para asegurar el control incluso en un sistema relativamente descentralizado. El nuevo presidente forjó relaciones con miembros del partido Baath y la élite empresarial, haciéndoles dependientes lo suficiente para que la presidencia fuera indispensable para la supervivencia de todo el sistema. (Hawthorne, 2016)

Desde inicios de los años 2000, con la ley conocida como el Decreto 50, el régimen de Bashar al-Assad (hijo de Hafez al-Assad) dio apertura al sector de telecomunicaciones y prensa al capital privado. Sin embargo, la medida, lejos de representar una apertura política por parte del gobierno, significó más bien el reparto de un mercado altamente lucrativo entre los amigos y allegados del régimen.

En 2001, Siria abrió sus medios de comunicación a la propiedad privada por primera vez en más de cuarenta años. Un año después de llegar al poder, el Presidente Bashar al-Asad emitió el Decreto 50, que revocó un decreto revolucionario de 1963 que prohibía las publicaciones de propiedad privada. Mientras que el Decreto 50 es a menudo acreditado como una reforma del panorama mediático sirio, instituyó realmente más restricciones sobre editores y periodistas. (Caldwell, 2010)

El control de la información por parte de los gobiernos está normalizado en las sociedades contemporáneas. Las recientes filtraciones de Edward Snowden desveladas por Wikileaks demuestran que el servicio secreto de EEUU realiza periódicamente escuchas telefónicas, además de tener oficinas en importantes capitales del mundo.

Sin embargo, los regímenes dictatoriales convierten estos mecanismos (el control informativo y el espionaje contra su propia población) en uno de los pilares fundamentales de su modus operandi, forjando de esta forma una tensa legitimidad. En Siria, información y propaganda no se distinguían. El régimen alternó momentos de “apertura” y momentos de “control”, según su conveniencia.

El servicio secreto del régimen sirio, la temida Mukhabarat,[1] estaba formado por cerca de 200.000 personas, -según distintos activistas- entre funcionarios del gobierno y civiles que trabajaban como espías. El aparatoso servicio de espionaje y escuchas telefónicas puestos en funcionamiento servían para detectar cualquier tipo de actividad considerada “subversiva”. 

El papel de la Mukhabarat era tan preponderante que llegaba incluso a influir enormemente en todos los asuntos del Estado:

El término “estado mukhabarat” se usa a menudo de forma poco clara en relación con el mundo árabe contemporáneo para referirse a la naturaleza del poder estatal autoritario en gran parte de la región. La Siria de Assad es un excelente ejemplo de tal estado. Desde la independencia hasta mediados de los sesenta, los servicios de inteligencia fueron un elemento esencial en la lucha por el poder. En particular, el control de la “Segunda Oficina” fue muy apreciado, ya que permitió a la facción que lo controlaba perseguir a sus opositores con toda la panoplia de arrestos sumarios y tribunales militares. (Rathmell, 1996)

El Decreto 50 generó grandes expectativas respecto al papel que vendría a cumplir el recién investido presidente de la República Árabe Siria Bashar al-Assad, tras la muerte de su padre en el año 2000. Como en otros sectores de la economía también privatizados durante la presidencia de al-Assad hijo, la “apertura” al capital privado del sector de telecomunicaciones poco cambió los déficits informativos y las bajísimas cuotas de libertad de expresión existentes en el país.

Para Leah Caldwell (1996), aunque se suele vincular en el mundo occidental la idea de privatización con la de progreso, en Siria, privatización significó más bien un negocio para favorecer el capital privado.

La agencia estatal SANA (Agencia de Noticias Árabe Siria), creada en 1965, es uno de los medios de propaganda más poderosos e influyentes de la región. Emite, según su página web, más de 500 noticias diarias, en distintos idiomas, y publica cerca de 150 fotografías al día. Asimismo, establece como misión “adoptar una firme postura nacional siria y secundar las causas y principios árabes e islámicos con el objetivo de presentar la imagen civilizada real de Siria”. En sus piezas informativas se refiere a la oposición como “terroristas”, en lugar de “rebeldes” u “opositores”, asumiendo, además, un posicionamiento “antioccidental” y “antiturco”, aparte de situarse en el mismo campo político de Rusia e Irán. Una reproducción precisa del discurso de Bashar al-Assad.

Son innumerables los disidentes detenidos por poner en circulación diarios con líneas editoriales contrarias a la política del régimen. Dos de ellos, Salameh Kaileh y Yassin al-Haj Saleh, estuvieron muchos años en la terrible prisión de Palmira, ciudad conocida por sus ruinas romanas y por la batalla entre las fuerzas del régimen y el autodenominado Estado Islámico.

La Primavera Árabe cambia el panorama informativo sirio

El año de 2011 marca un punto de inflexión en el panorama de los medios de comunicación sirios, especialmente en lo que se refiere al uso de redes sociales, así como al surgimiento de colectivos de medios de comunicación y a la participación ciudadana en la producción de noticias. Esta nueva etapa, que experimentó periodos de ascenso y declive, sigue en la actualidad.

La cultura mediática de Siria está experimentando una transformación significativa de una industria estatal de arriba hacia abajo, a una arena diversa poblada por puntos de vista competitivos e impulsada por las comunidades. (Issa, 2016)

La aparición de estos grupos de medios se enmarca no solo en el contexto de un levantamiento popular muy poderoso, sino también dentro de una explosión artístico-cultural que se propagó por todo el país. Se trató de una revolución cultural de la poesía, la música, el grafiti, el teatro, el periodismo y la literatura.

La revolución siria, sobre todo en sus inicios, se caracterizó como un movimiento pacífico de protestas que no tenía el objetivo de cambiar el régimen de Assad, sino de reformarlo económica y políticamente. Samar Yazbek, escritora y opositora siria, explica lo que ocurrió al principio de las protestas:

Todas las ciudades empezaron con las mismas consignas, pero, cuando las fuerzas de seguridad y las ‘shabiha’ comenzaron a detener y a matar a las personas, el movimiento empezó a cambiar y las reivindicaciones por mejor calidad de vida se transformaron en una reivindicación única: la caída del régimen. (Yazbek, 2012) 

Actualmente, la cantidad de diarios, páginas webs y páginas de Facebook que informan sobre lo que sucede en Siria es imposible de contabilizar. En este sentido, ha habido un cambio respecto a la situación anterior. Un panorama mediático que, pase lo que pase, nunca volverá a la “normalidad” de antes.

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El fotoperiodista y activista de medios Khaled Issa, de Idlib, asesinado en 2016 por una explosión en su casa

Según Antoun Issa (2016), miembro del Middle East Institute, llegaron a contabilizarse casi 315 periódicos impresos en circulación en diferentes zonas del país, la enorme mayoría de los cuales eran de oposición al régimen, mientras cerca de 17 estaban vinculados a la ideología del gobierno.

Las dificultades afrontadas por la cobertura de los medios de comunicación en el primer año del levantamiento pueden reducirse a tres factores: 1) la falta de medios de comunicación independientes profesionales y confiables sobre el terreno que pudieran depender de la documentación y verificación de los acontecimientos e informarlos con un alto estándar profesional; 2) la falta de cobertura imparcial a causa de la confluencia del activismo político y del periodismo ciudadano; y 3) la falta de habilidades básicas de tratamiento informativo, que van desde la escritura a las habilidades técnicas de difusión. (Issa, 2016)

La formación de los distintos grupos de periodistas ciudadanos se dio entonces a raíz de una necesidad real, la de analizar y difundir unos hechos que no eran divulgados ni dentro ni fuera de Siria, por el bloqueo mediático impuesto por el régimen, así como por la imposibilidad o falta de voluntad, por parte de los grandes medios de comunicación internacionales, de enviar corresponsales a Siria. De hecho, a partir del momento en que el conflicto se militarizó, la mayoría de periódicos internacionales mandó salir a sus corresponsales del país, pasando a apoyarse en la información producida por activistas sirios.

Por otro lado, los periodistas que entran en Siria con autorización del régimen tienen sus posibilidades de movimiento limitadas a las zonas controladas por las milicias leales a al-Assad y van siempre acompañados por representantes del gobierno.

La aparición de colectivos de periodistas ciudadanos, cuyos videos, textos y otros documentos están disponibles en distintos canales de YouTube y páginas de Facebook, fueron en aquel momento -y siguen siendo en la actualidad- la manera más efectiva de informarse sobre lo que sucede en ciudades como Damasco, Homs y Alepo. Leila Nachawati opina que Siria se convirtió en el “mayor productor de vídeos de la región”:

En 2011, tras el inicio del levantamiento popular, Siria pasó de agujero negro informativo durante décadas a convertirse en el mayor productor de vídeos de la región y uno de los mayores del mundo. ‘Youtube llegó a cambiar sus normas, que impedían la difusión de contenido violento, para adecuarlas a la necesidad histórica de contar lo que ocurría dentro del país. A diario se publicaban en la plataforma cientos de vídeos que mostraban la determinación de los manifestantes y la crudeza de la represión por parte de las fuerzas de Assad. (Nachawati, 2015)

 

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Captura de pantalla de un video tomado por un periodista ciudadano en 2011 en la ciudad de Homs

Toda esta “revolución mediática”, que se enmarca dentro de una revolución cultural más amplia, ocurrió en el contexto del surgimiento de los llamados Comités de Coordinación Local, que se trataban de asambleas formadas espontáneamente para organizar las protestas y que fueron asumiendo progresivamente funciones diversas, como la defensa de las manifestaciones de los francotiradores del régimen; la recolecta de basura en las áreas liberadas; la administración de hospitales y escuelas, y la realización de la actividad informativa.

Como nos explica Doreen Khoury:

Organización y movilización fueron conseguidos principalmente mediante la formación de los “tansiqiyyat”, o Comités de Coordinación Local (CCL), que empezaron como reuniones de jóvenes activistas en barrios y pueblos a lo largo del país. Acuerdos locales para la auto-organización han evolucionado de los llamados comités de organización locales, los cuales están implicados centralmente en el trabajo con los medios y la organización de protestas. Han creado unas sofisticadas estructuras de administración civil en las áreas liberadas de Siria. (Khoury, 2013)

Videos de las protestas eran publicados en Facebook y Twitter, como estaba sucediendo también en Túnez y Egipto. Al principio, las protestas eran convocadas los viernes después de la oración en las mezquitas, que eran uno de los pocos espacios públicos en donde se discutían temas políticos.

Según un artículo publicado por la BBC: La página de Facebook Syrian Revolution 2011, con sus 120,000 seguidores, llamaba a las personas a salir a las calles para las protestas del viernes. Decían que nadie tenía excusa para no sumarse a ellas una vez que la barrera del miedo se ha caído. (Ghattas, 2011)

El periodismo ciudadano en Siria

Una de las cuestiones a las que se enfrentaban estos miles de periodistas/activistas anónimos que arriesgaban diariamente su vida para que el mundo tuviera acceso a una información no filtrada por las agencias y medios de comunicación estatales fue la falta de herramientas técnicas y teóricas para el ejercicio del periodismo de calidad. Por un lado, se habían beneficiado de la gran expansión mundial de las telecomunicaciones y del acceso a Internet, que sirvió como una plataforma importantísima a la hora de aprender a tratar la información y después difundirla al mundo. Por otro lado, muchos no poseían los conocimientos básicos para realizar esta labor.

El caso de la periodista siria Zaina Erhaim, coordinadora del Institute of War and Peace Reporting y cofundadora de un Comité de Coordinación Local en Siria, ayuda a comprender la cuestión. La periodista, radicada actualmente en Londres, estaba terminando un máster de periodismo en Inglaterra cuando estalló la revolución siria y, a partir de ese momento, entró en contacto con distintos periodistas ciudadanos y activistas con el objetivo de ayudarles a realizar la tarea de informar de manera “profesional”. Erhaim ha ganado distintos premios por su contribución a la libertad de expresión y a un periodismo ético y de calidad. Según la página web Linktv, la periodista siria ha formado a más de 100 periodistas ciudadanos y apoyado directamente el surgimiento de distintos medios de comunicación independientes en Siria.

Uno de los proyectos más interesantes de Erhaim se trata de un documental sobre mujeres que jugaron un papel de gran responsabilidad, normalmente en puestos ocupados por hombres, durante el levantamiento sirio. Erhaim explica que si no se llevase a cabo esta labor documental sobre la importancia de las mujeres en este dramático conflicto, su papel sería olvidado, ya que, desgraciadamente, son los hombres los que, en la mayoría de los casos, son citados y mencionados por los medios de comunicación y por los historiadores.

Además, algunos importantes medios occidentales, como la cadena alemana Deutsche Welle, han llevado a cabo programas de formación de periodistas sirios con el objetivo de capacitar a estos jóvenes que, en la práctica, se habían convertido en fuentes primarias sobre el terreno en distintas ciudades del país. Este apoyo por parte de medios internacionales, sin embargo, ha sido muy limitado en relación a las necesidades concretas de los activistas y al enorme poder de las agencias y medios pro régimen.

Veamos el testimonio de Hadi al-Manjid, un periodista ciudadano nacido en la ciudad de Deir Al-Asafir, en las afueras de Damasco, sobre su experiencia ejerciendo de periodista en el suburbio damasceno del Ghouta Oriental, una de las zonas que sigue bajo asedio desde hace varios años. Su testimonio es muy representativo en los primeros años de la revolución, cuando la situación todavía no se había deteriorado tanto como ha ocurrido recientemente. Es de lamentar que, después de años de asedio y aislamiento, los grupos laicos han perdido protagonismo en detrimento de las facciones islamistas fundamentalistas apoyadas mayoritariamente por donantes privados de Arabia Saudí, Qatar y otros países.

El Ghouta Oriental necesitaba periodistas para transmitir imágenes de manifestaciones y crímenes cometidos por el régimen y su Shabeeha[2], por lo que algunos amigos y yo decidimos formar un comité coordinador en Deir al-Asafir y hablar con los medios bajo el nombre Abu Fouad al-Ghoutani. Después de unos días, el régimen descubrió lo que estaba haciendo, y quemó mi casa. Esto me llevó a irme a Jordania, temiendo por la vida de mi familia, pero mi amor por la revolución me impulsó a regresar al Ghouta Oriental unos meses más tarde, para seguir las victorias de los revolucionarios. Aparecí en pantalla en varios canales de televisión árabes, como testigo de las victorias de los batallones revolucionarios y de los crímenes cometidos por el régimen. (Sadaki, 2017)

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El activista y cinematógrafo Bassel Shahade, fallecido en 2012 en Homs a causa un proyectil, ensaña a editar video a un grupo de periodistas ciudadanos. Captura de pantalla de Youtube.

Algunos grupos de medios sirios

  • Enab al-Baladi

Enab Baladi, que significa “las uvas de mi país”, fue fundado en enero de 2012 y es mayoritariamente dirigido por mujeres. Vienen publicando semanalmente con solo una interrupción de dos semanas, las semanas de la masacre de Daraya, durante las cuales su oficina fue destruida por el ejército sirio.

http://english.enabbaladi.net/

  • Sham News Network

Red de organizaciones de medios de comunicación especializados en transmitir los hechos de la revolución siria y noticias de varios temas:

http://www.shaam.org/index.php

  • Syrian Free Press

Un grupo de activistas se juntó bajo un objetivo muy sencillo, transmitir la voz del pueblo sirio al mundo. Empezó como apoyo al levantamiento del pueblo sirio y la libertad de expresión en Siria. El grupo comenzó a trabajar el 19 de febrero de 2011. Inició con solo dos personas y se expandió con el tiempo.

http://www.syrianfreepress.com

  • Souria Houria

Una asociación que tiene como meta trabajar por la democracia, las libertades fundamentales y los DDHH. Souria Houria fue creada en mayo de 2011 por sirios residentes en Francia junto con ciudadanos franceses. La asociación apoya al pueblo sirio en sus legítimas demandas por la libertad, la dignidad y la justicia social. Sus objetivos son acabar con el régimen dictatorial y criminal y el advenimiento de la democracia en Siria, basado en el gobierno de la ley, igualdad para todos los ciudadanos y el respeto por los DDHH.

https://souriahouria.com/

*Este texto es un extracto de un artículo presentado en el Congreso Comunicación y Pensamiento 2017 en colaboración con la profesora Margarita Antón Crespo

Bibliografía

Hawthorne, Emily. 2016. Why Syria’s Government Has Survived the War. Stratfor. [En línea] 13 de marzo de 2016. [Citado el: 24 de abril de 2017.] https://www.stratfor.com/analysis/why-syrias-government-has-survived-war.

Issa, Antoun. 2016. Syria’s New Media Landscape. Independent Media Born Out of War. 9, Washington : s.n., December de 2016, MEI Policy Paper.

Khoury, Doreen. 2013. Losing the Syrian Grassroots: Local Governance Structures Urgently Need Support. SWP Comments. February de 2013, 9.

Nachawati, Leila. 2015. Siria y las líneas rojas. eldiario.es. [En línea] 04 de Septiembre de 2015. [Citado el: 21 de Abril de 2017.] http://www.eldiario.es/zonacritica/Siria-lineas-rojas_6_427367271.html.

Rathmell, Andrew. 1996. 02, 01 de 11 de 1996, Journal of Conflict Studies, Vol. 16.

Sadaki, Youssef. 2017. Voices of the Truth: Journalists of Eastern Ghouta . Atlantic Counsil. [En línea] 03 de Abril de 2017. [Citado el: 19 de Abril de 19.] http://www.atlanticcouncil.org/blogs/syriasource/voices-of-the-truth-journalists-of-eastern-ghouta. 

Yazbek, Samar. 2012. A Woman in the Crossfire: Diaries of the Syrian Revolution. London : Haus Publishing Ltd, 2012.

[1] Término en árabe para la agencia de inteligencia

[2] Milicias especiales del régimen sirio especializadas en el uso de los métodos más brutales con el objetivo de causar temor y pánico en la población civil.

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