Detengamos la matanza en Ghouta oriental, Siria

Autora: Loubna Mrie  |      Traducción: Elena Cal

Original publicado en inglés en: The Nation  |  23 de febrero de 2018

“Algo que nunca debe debatirse es que las vidas de los civiles son sagradas y que el castigo colectivo siempre es injusto”

Incluso si no sigues lo que ocurre en Siria de cerca, es posible que hayas encontrado un artículo o una imagen sobre un lugar llamado Ghouta. Qué está pasando exactamente.

Según el Observatorio Sirio de Derechos Humanos, al menos 403 civiles, incluidos 150 niños, fueron asesinados en Ghouta entre el 18 y el 23 de febrero. Más de 2.100 resultaron heridos. Según la Sociedad Médica Sirio Americana (SAMS) y Médicos Sin Fronteras, 22 hospitales y clínicas improvisadas han sido atacados, 13 de los hospitales que han respaldado en Ghouta han quedado fuera de servicio. Solo quedan tres instalaciones médicas.

Hoy la gente se esconde en los sótanos para protegerse del bombardeo, pero incluso bajo tierra no están seguros. Según SAMS, el gobierno y su aliado ruso han estado utilizando municiones antibúnker (los llamados “bunker busters”), que pueden destruir refugios subterráneos. En un mensaje en las redes sociales, una madre, Ward Martin, dice que cada refugio bajo tierra contiene a más de 200 personas y que carecen de electricidad y calefacción. Describe cómo se agazapan en la oscuridad, oyendo a la gente rezar. “Mis hijos y yo no hemos comido durante tres días”, dice. “Algunas mujeres están abortando por el miedo”.

¿DÓNDE ESTÁ LA COMUNIDAD INTERNACIONAL?

El final de la guerra civil siria no está aparentemente en la agenda de nadie. El Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia, UNICEF, declaró: “Ya no tenemos palabras para describir el sufrimiento de los niños y nuestra indignación”, y emitió una declaración en blanco, una señal más del fracaso de la comunidad internacional.

Lo que está sucediendo hoy en Ghouta no es nuevo, pero hacía años que el bombardeo no había sido tan intenso. Este suburbio de 100 kilómetros cuadrados alberga a más de 400,000 civiles, la mayoría de los cuales huyeron de otras partes de Damasco. Solo unos 100 médicos permanecen en Ghouta y, desde que comenzó el asedio gubernamental en 2013, han fallecido más de 2.000 personas. Mientras tanto, la evacuación de los heridos es limitada. En agosto de 2017, cuatro niños murieron esperando permiso para ser evacuados. La comida es escasa y demasiado cara para muchos. Hombres aliados con el régimen llevan comida al suburbio sitiado para venderla a precios exorbitantes. Según un informe de SAMS del otoño pasado, una docena de huevos cuesta 4.000 libras sirias ($8) y un litro de gasolina cuesta un poco más de 6.000. El salario mensual promedio en Siria es de 30.000.

A pesar de toda la carnicería, todavía hay voces en los medios del gobierno sirio que defienden esta brutal campaña militar contra la población civil, que ha sido apoyada por las fuerzas aéreas rusas. Un informe reciente afirma que la única razón por la que se asesinan civiles es porque los yihadistas los usan como escudos humanos. Es el mismo argumento que oímos cada vez que Israel lleva a cabo un ataque contra la sitiada Gaza.

Algunas de estas voces han ido más allá; la televisión estatal siria afirma que los videos de los niños rescatados de los escombros son falsos, organizados en algún lugar fuera del país para fortalecer las demandas de cambio de régimen.

El hecho es que cuando los sirios se unieron a la Primavera Árabe en 2011, tenían todos los motivos para hacerlo. El país ha sido gobernado por la familia Assad desde 1970, cuando Hafez al-Assad tomó el poder en un golpe militar. Miles de periodistas y académicos han desaparecido en las cárceles, tanto antes como después de las protestas de 2011, por criticar al gobierno. Cuando comenzó el levantamiento, los manifestantes sirios fueron abatidos con munición real y miles de activistas han desaparecido. Ghouta y Douma en particular son conocidas por sus consejos locales valientes y activistas, que le dieron un papel destacado a las mujeres.

PERO ¿QUÉ HAY DE LOS YIHADIS?

Ghouta, como cualquier otra área controlada por los rebeldes en Siria hoy en día, tiene grupos extremistas, Jaysh al-Islam, por ejemplo. Muchos activistas en Siria que protestaron contra el régimen también fueron atacados por Jaysh al-Islam por hablar en contra del grupo. La abogada de derechos humanos Razan Zaitouneh fue secuestrada en 2013 junto con tres de sus colegas después de informar sobre las atrocidades causadas por este grupo islamista. Al igual que muchos activistas sirios, Zaitouneh demostró que uno no tiene que elegir entre oponerse al régimen y los grupos salafistas que luchan contra él. Se puede luchar contra ambos y esto es lo que la gente de Ghouta ha hecho.

ENTONCES, ¿QUÉ PODEMOS HACER?

Es crucial hacer un llamamiento a la protección de los civiles a ambos lados del conflicto. Ya sea que apoye o no a la oposición siria, respalde o no a Bashar al-Assad, una cosa simple que nunca debe debatirse es que la vida de los civiles es sagrada y que el castigo colectivo es siempre injusto. Debemos mostrar solidaridad con toda la población civil, en todas las partes del conflicto. Las personas que no pudieron huir del país están pagando el precio más alto en esta guerra.

Los gobiernos sirio y ruso han estado lanzando panfletos sobre Ghouta instruyendo a los civiles a salir por “corredores seguros” que no existen. El único propósito de estos folletos es validar los ataques del gobierno contra los civiles. No ofrecen una manera práctica para que las personas escapen de un asedio de cinco años. A un pequeño número de pacientes gravemente heridos se les permitió abandonar Ghouta recientemente, pero solo después de largas negociaciones, durante las cuales el gobierno sirio utilizó a los pacientes como moneda de cambio en sus conversaciones con Jaysh al-Islam. Si no se ha permitido siquiera salir a los civiles al borde de la muerte, ¿por qué los civiles deberían creer en los llamados corredores humanitarios del gobierno?

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Ejemplo de uno de los panfletos del gobierno lanzado sobre Ghouta (foto compartida públicamente en Facebook)

Por otro lado, las atrocidades cometidas por el gobierno sirio en Ghouta no deberían impedirnos exigir responsabilidades a todos los violadores de los derechos humanos. Los misiles de Jaysh al-Islam han matado al menos a cinco civiles y herido a 20 en áreas del gobierno desde la semana pasada. Si bien esto palidece en comparación con los 350 muertos en Ghouta, sigue siendo inaceptable. Los crímenes del Jaysh al-Islam están bien documentados y debemos solidarizarnos con los revolucionarios sirios a los que tienen como rehenes. Esto no significa que debamos apoyar a la fuerza aérea para arrasar la zona.

 

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