La vida bajo las bombas de Assad en un suburbio de Damasco

Autoras: Wendy Pearlman y Loubna Mrie      |      Traducción: Mariana Morena                   Fotografías: Mohammed Badra

Publicado originalmente en inglés en: Time

La gente de Ghouta ha sobrevivido demasiado.

Cuando el suburbio de Damasco se unió a las protestas contra el régimen de Bashar al Assad durante la Primavera Árabe, el gobierno tomó medidas enérgicas y los rebeldes tomaron las armas. Las fuerzas del régimen fueron expulsadas de la zona a finales de 2012 y respondieron con un asedio que impidió la entrada o salida de alimentos, medicamentos y personas. En agosto de 2013, un ataque con armas químicas en el enclave mató a más de 1.400 civiles. En los años que siguieron, el asedio se endureció y el bombardeo aéreo continuó.

Sin embargo, el 18 de febrero, el régimen de Assad y sus aliados rusos intensificaron abruptamente los ataques, lanzando una de las campañas de bombardeo más intensas que se haya visto en una guerra que se ha convertido en un mosaico complejo de intereses globales superpuestos. Turquía está luchando contra las fuerzas kurdas en el norte, Irán está construyendo bases militares en el sur, mientras que los mercenarios rusos se han enfrentado con las fuerzas estadounidenses en el este. Mientras tanto, Assad ataca sobre el terreno lo que él llama extremistas en el este de Ghouta, uno de los últimos reductos rebeldes que quedan en pie.

La campaña dejó al menos 500 civiles muertos y miles heridos. Los intentos de la ONU por lograr un alto el fuego duradero han fracasado; el secretario general, António Guterres, calificó la situación como “el infierno en la tierra”. Los trabajadores humanitarios dicen que las fuerzas del régimen usan armas químicas en sus bombardeos diarios.

La gente del este de Ghouta también habla por sí misma. Estas son algunas de sus voces.

Eyad, 27, padre

Estuvimos bajo tierra durante seis días, compartiendo refugio en un sótano con otras 70 personas. Sientes la humedad en tus huesos. El olor de tanta gente es horrible. Ni siquiera sabes qué olor te pertenece.

Cada vez que escuchamos aviones de combate, pensamos que este momento será el último. El sonido de los aviones me aterroriza porque fui herido antes en un ataque aéreo. Pero lo que más me asusta es que voy a morir, y mi esposa y nuestra hija de 3 años estarán solas. O que los matarán, y no sabré cómo vivir sin ellas.

Escuchamos que hubo un cese del fuego y volvimos a casa para encontrar todo hecho polvo y vidrios rotos. Solo quería dos cosas: tomar café y ducharme. Hicimos fuego para calentar el agua, y acababa de entrar a la ducha cuando comenzaron a bombardear de nuevo. Ni siquiera tuve la oportunidad de enjuagarme el champú antes de volver corriendo al refugio.

Vi a uno de mis vecinos que llevaba algo de pan y queso, mirando un edificio que se había convertido en escombros. Me dijo: “Mis hijos están ahí abajo. No habían comido durante tres días y yo acababa de irme a buscar comida. No sé si están vivos o muertos.” Afortunadamente, sus hijos fueron rescatados más tarde.

Todo lo que quiero es que paren los bombardeos y quedarme en Ghouta con mis vecinos y en las calles donde crecí. Esta es nuestra casa. Podemos arreglarnos con la destrucción y la reconstrucción. Solo queremos quedarnos.

Nivin, 38, profesora

Dejé todos los grupos de noticias que difunden listas actualizadas de los que son asesinados. Mi corazón no pudo soportarlo más. Pero a mi pesar, leí los nombres de Najah y Lina. Me negué a creer que fueran mis alumnas. La dulce morena que me preguntó: “Señorita, ¿qué le dirá a mamá sobre mis notas?” Eso fue antes de que el bombardeo masivo nos obligara a suspender las escuelas…

En nuestras extensas familias ni una sola persona está armada. Desde el más joven hasta el más viejo, somos civiles tratando de servir a nuestra comunidad. Si se está a favor del régimen, puede estar seguro de que el régimen no se preocupa por usted más de lo que se preocupa por nosotros. Tu turno no ha llegado aún. [Traducido de una publicación de Facebook con el permiso de la autora.]

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Un niño y varios hombres son atendidos en un centro médico después de un presunto ataque con cloro en la ciudad de Sheifouniyeh, en el distrito oriental de Ghouta, el 25 de febrero; supuestamente un niño murió después de la exposición. Lea el testimonio ocular del fotógrafo. Mohammed Badra-EPA-EFE / Shutterstock

Mohammed, 27 años, fotógrafo

Soy un hombre que se preocupa y siente mucho miedo. Creo que este miedo es un gran instinto que tenemos como humanos, que a veces nos protege y nos mantiene vivos. Tengo miedo de estar bajo los escombros. Es por eso que siempre salgo de mi casa, si es posible, durante los bombardeos y voy al hospital con mi cámara.

El 6 de febrero, días después 1de que algunos de mis parientes murieran en los bombardeos, me desperté con noticias de personas atrapadas bajo los escombros. Había decidido no tomar fotos en los días posteriores a la muerte de mis familiares en los bombardeos. Un amigo me dijo que la familia de otro de nuestros amigos estaba bajo los escombros. Fui adonde los Cascos Blancos estaban buscando civiles, con mi cámara. Vi a mi amigo llorando y con un ataque de nervios. El bombardeo comenzó a las 11:00 a.m., y el primer cuerpo que encontraron, el hijo de mi amigo, fue a las 6:00 p.m.

Muchas veces me hago una pregunta más dolorosa: “¿Por qué está herido este hombre, y no yo?” Cuando veo las imágenes, no dejo de pensar. Tal vez en otro universo, podría haber salido de aquí antes del asedio, continuar mis estudios y convertirme en arquitecto. Es una idea maravillosa. Pero tras unos minutos me despierto de estos pensamientos y digo: “Tengo que ser realista, incluso en mis sueños. Tal vez, si me hubiese embarcado hacia Europa, podría haberme ahogado en el camino.”

Cuando traté de dormir, no pude. Puse la cabeza sobre la almohada y me pregunté si encontrarían al resto de las personas desaparecidas. Di vuelta la cara hacia el techo. Y luego pensé: “¿Y si el techo de mi habitación fuera la última imagen que viera en mi vida?”

Estaba acostado en mi cama, pensando en todas las noticias que escucharía, cuando me despabilé. Fue la noche más larga de mi vida. Antes de que cerrara los ojos, escuché una gran explosión. Fui al hospital, donde dijeron que muchos de los heridos eran niños. Fui allí porque necesitaba una razón para dejar mi casa, y aquel techo que sentía que me miraba. Cada techo sobre mi cabeza es una herramienta mortal.

Taaqi, 30, trabajador humanitario

Soy voluntario para un grupo llamado Molham Team. Un día, una mujer vino a mí pero era tan tímida que no me miraba a los ojos. Me dijo que su esposo estaba herido y que no comían desde hacía dos días. Su hijo estaba tan hambriento que lo atrapó comiendo sus propias heces.

Llevé algo de comida para su casa y me sorprendió encontrarla casi vacía. Habían usado la mayoría de sus muebles como leña.

Regresé anoche para ver si habían sobrevivido a este bombardeo. Todo el vecindario había sido destruido. No tengo idea de si están vivos o muertos.

Hamzi, 24 años, paramédico

Cuando rescatas a alguien, tienes dos minutos como máximo. El régimen usualmente bombardea la misma área dos veces seguidas, con el objetivo de alcanzar a los rescatistas con el segundo ataque.

La mayoría de nuestras instalaciones médicas ya no están en funcionamiento. Nos estamos quedando sin cosas cruciales, como anestésicos. No podemos hacer mucho por las heridas profundas así que terminamos amputando extremidades enteras.

El septiembre pasado, un pequeño niño de 3 años ingresó en la sala de emergencias con un brote agudo de herpes. Necesitaba cierto medicamento que no teníamos. Le enviamos su nombre a la Cruz Roja, que le pidió al gobierno que permitiera su evacuación inmediata de Ghouta. No hubo respuesta.

Nunca olvidaré el día en que falleció.

At least 85 people got killed in Eastern Ghouta a day earlier, Douma, Syria - 22 Feb 2018
Un enfermero lava a un niño después de un bombardeo en Douma el 22 de febrero; la Sociedad Médica Sirio-Estadounidense, que rastrea los ataques a los centros médicos, dijo que 13 fueron atacados en un período de 48 horas. Mohammed Badra-EPA-EFE / Shutterstock

Loubna, 38, activista

La primera vez que bloquearon la ruta de Ghouta, hace cinco años, no lo entendí. ¿Qué significaba que estábamos atrapados? Luego, las estanterías de las tiendas se fueron vaciando gradualmente. La comida, el combustible, los artículos esenciales más básicos… todo comenzó a desaparecer. Aun así, las personas eran generosas. Mi vecina me enviaba dos cucharadas de comida en una taza de té. Ella apenas podía alimentar a sus hijos, pero aún así pensaba en mí.

Es embarazoso quejarse de un detalle tan pequeño, pero los días más difíciles para mí eran cuando tenía mi período. Había una tienda que vendía toallas femeninas por 3 dólares (USD) cada una. Más tarde, la gente comenzó a hacer toallas y pañales de plástico. No era higiénico, pero es todo lo que podíamos hacer.

En aquellos días, mi mayor temor era ser secuestrada o asesinada. Los activistas de la sociedad civil recibían amenazas de muerte del Jaysh al-Islam, especialmente los que se atrevían a criticarlos. Eso nos desplazó.

Nuestro centro, Women Now for Development (Mujeres Ahora para el Desarrollo), ofrecía clases de inglés, alfabetización, costura. Cualquier cosa para empoderar a las mujeres. Casi 100 mujeres llegaban todos los días, algunas caminaban horas. Su dedicación para aprender a pesar de todo el horror que las rodeaba era realmente inspiradora. Las mujeres han sido las heroínas del asedio.

Muhammad, 35, activista

Imagina lo que es estar atrapado. Sin electricidad, sin agua, sin jabón. Usas tu misma ropa sucia, día tras día.

Llegamos al punto donde pagábamos 8 dólares (USD) por pan podrido. Le quitaba las manchas verdes y sumergía el pan en aceite. Cuando me quedé sin aceite, lo sumergí en agua.

Otro muchacho y yo plantamos papas. ¡Él no dejaba de hablar de lo emocionado que estaba por hacer papas fritas! Cuando finalmente herví esas papas, estaba tan contento que prácticamente lloré. Al mismo tiempo, estaba desconsolado. El muchacho que las plantó conmigo había muerto, y me sentía culpable por comer sin él.

Me costó 4,000 dólares (USD) salir de Ghouta y cruzar al Líbano. Para las personas que controlan las fronteras, no eres un ser humano huyendo por tu vida. Eres dinero y tomarán todo lo que tengas.

Hoy, me siento como se sienten todos los sirios en el exilio: culpables y deprimidos. No se puede comprender esta pesadilla a menos que te pase a ti. Espero que no te ocurra nunca.

More than 100 civilians killed in Eastern al-Ghouta, Douma, Syria - 20 Feb 2018
Un hombre herido en un bombardeo espera asistencia en un centro médico en Douma el 20 de febrero. Mohammed Badra-EPA-EFE / Shutterstock

 

Wendy Pearlman es profesora asociada de Ciencias Políticas en la Universidad de Northwestern y autora de We crossed a bridge and it trembled: Voices from Syria (Cruzamos un puente y tembló: Voces desde Siria)

Loubna Mrie es una fotógrafa y escritora siria.


Imagen de portada: Niños heridos atendidos en un hospital en Douma, una ciudad en el distrito de Damasco, en Ghouta oriental, el 19 de febrero. Mohammed Badra-EPA-EFE / Shutterstock

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