Las legendarias mujeres de Guta

Autora: Zaina Erhaim      |      Traducción: Elena Cal

Publicado originalmente en inglés en el blog de la autora y en Zeit Online

14 de marzo de 2018

La semana pasada, la organización independiente siria Women Now for Development, que dirige tres centros para mujeres en Guta Oriental, publicó un comunicado de prensa titulado “Día Internacional de la Mujer bajo asedio, cloro y napalm”.

“Incluso desde estos sótanos y refugios oscuros, nos llegan mensajes a diario, poniéndonos al día sobre la situación y mostrando la fortaleza y el liderazgo de las mujeres”, dice el comunicado. “Hemos estado publicando sus historias y proporcionando una plataforma para que estas mujeres compartan sus miedos, pensamientos y esperanzas”.

A medida que la violencia aumentó en Guta Oriental, las cuentas en redes sociales de Women Now y muchas otras ONG sirias se han transformado en boletines informativos. Y los principales proveedores de los despachos publicados en dichos sitios son mujeres. “En este día en el que celebramos los logros de las mujeres”, concluye el comunicado de prensa de Women Now, “no debemos olvidar a las que se han visto obligadas a sumirse en la oscuridad”.

A mediados de febrero, el régimen sirio bajo el presidente Bashar al-Assad, junto con sus aliados rusos, lanzó una ofensiva brutal para recuperar el este de Guta, una operación que ha matado a más de 1.000 personas hasta el momento. El área se encuentra a 10 kilómetros de Damasco y es una de las últimas zonas controladas por los rebeldes en Siria. Ha estado sitiada por el régimen durante casi cinco años. La situación de las casi 400.000 personas aún atrapadas en Guta Oriental es extremadamente grave y empeora día a día debido a los constantes bombardeos y la falta de alimentos, agua potable y suministros médicos. Muchas mujeres y niños están atrapados en refugios subterráneos sin acceso a la luz solar y necesidades básicas. Pero a pesar de todas las dificultades, las mujeres de Guta Oriental continúan apoyando a sus hijos y a otras personas, y comparten con el mundo exterior a través de los canales de las redes sociales, los horrores que ellas y sus vecinos están experimentando.

Y mientras que los fotógrafos y camarógrafos masculinos están captando las imágenes del sufrimiento en Guta, las mujeres cuentan las historias detrás de esas secuencias.

Una de esas mujeres es Nivin Hotary, una activista que publica entradas diarias en Facebook desde un refugio improvisado y subterráneo en Guta Oriental al que llama “la prisión”. El 8 de marzo o, según su propio calendario, “Día 18 en los sótanos “, escribe: “Saludo a todas las mujeres del mundo en el Día Internacional de la Mujer y extiendo mis condolencias a nuestras mujeres por un mundo tan vergonzoso”.

Hace apenas un par de meses, la mayoría de los sirios nunca habían escuchado su nombre. Ahora, sus publicaciones e historias no solo abarcan todas las fuentes de noticias de los activistas, sino que también se citan con frecuencia en los principales medios internacionales.

Faten Abu Fares, de 54 años, es otra activista en Guta Oriental. Fue herida por metralla de bomba el mismo día que Nivin publicó su mensaje el Día de la Mujer. Faten tiene una licenciatura en Literatura Inglesa por la Universidad de Damasco, pero durante los últimos cuatro años ha dirigido una cocina pública en la ciudad de Harasta, en Guta Oriental, donde cocina, supervisa operaciones, compra suministros y conduce un Suzuki para distribuir ayuda a las personas que lo necesitan.

Incluso ahora, cuando gran parte de la población se esconde en los sótanos y refugios, todos en Guta Oriental saben que Faten cocinará para ellos y arriesgará su vida para llevar comida a los necesitados. Y no se equivocan: el día después de que Faten se lesionase, ya estaba cocinando nuevamente, a pesar de sus vendajes.

Faten describe la situación actual en Guta Oriental como “tan brutal que cuando las personas son testigos de la muerte de toda una familia por ataques aéreos, dicen: ‘Tal vez sea más misericordioso que mueran juntos, para que no dejen atrás corazones rotos'”.

“Queremos vivir, le guste o no al régimen”. Viviremos a pesar de los mínimos recursos disponibles”, dice Faten a un amigo que la ayudó a lanzar la campaña de crowdfunding para mantener la cocina en funcionamiento.

“Las mujeres están saliendo de sus sótanos y arriesgando sus vidas para obtener una señal telefónica para poder enviarnos mensajes o escribir una publicación para mantenernos informados sobre lo que está sucediendo en Guta”, dice Mariah Al Abdeh, directora ejecutiva de Women Now. Cuando le preguntamos por qué las mujeres específicamente, Al Abdeh agrega: “Creo que las mujeres representan a su comunidad y la vida civil en general. Los mensajes que recibimos de las mujeres están dando voz a los problemas que encuentran en su vida cotidiana, las voces civiles y el lado humano de la historia.”

Mujeres como Nivin Hotary, que informa no solo de sus propias historias, sino también las de los demás que viven con ella en el sótano.

En uno de sus mensajes, Nivin escribe: “Estoy tratando de pasar tiempo con los niños en el sótano. Una vez, les pregunté: ‘¿Qué hacéis cuando tenéis miedo?’ La mayoría respondió: ‘Nos cubrimos los oídos con las manos'”.

Laila es otra activista que comparte en Facebook historias de la Guta Oriental. En una publicación, se centra en un detalle menor de sus vidas actuales: el desafío de meter todo lo que necesitan en una bolsa pequeña.

“¿Cómo se supone que nos debemos sentir cuando tenemos que dejar nuestra casa y meter todas nuestras vidas en una sola bolsa?”, pregunta. “En una mochila pequeña, solo puedes empacar las pertenencias más importantes: documentos de identidad, objetos de valor que se pueden vender (si quedan objetos de valor), una muda de ropa. No puedes empacar tus productos de higiene personal, tal vez solo el desodorante. Nada más. Tu hijo o hija tiene muchos juguetes favoritos, ¡pero tienes que decirle que elija uno solo!” Y luego agrega lo que suena como una súplica: “Tenemos derecho a respirar aire fresco. Tenemos derecho a ver el sol. Tenemos derecho ver a nuestros niños jugando pacíficamente. ¡Es nuestro derecho a vivir! ”

Al igual que Nivin, Laila se refiere al refugio del sótano como una “prisión” e intenta dibujar una imagen detallada del mismo. En una publicación, escribe:

“Los niños entran y salen de la habitación pequeña, que tiene un techo muy bajo y muy mala ventilación. Las ventanas del sótano en el lado de la calle están bloqueadas con escombros. Después de cada ataque aéreo o bombardeo, el polvo llena el lugar y se filtra por estas ventanas. El polvo nos sofoca hasta que se disipa. Una niña tuvo dolor de estómago durante dos días y su madre no sabía qué hacer. Abrió una bolsa de medicamentos mezclados y le dio a la niña la mitad de una pastilla sin saber para qué era, con la esperanza de que su hija se sintiera mejor.

Solo hay un sanitario para usar y no tiene agua. Huele a aguas residuales por todos lados, pero aún peor es el olor del miedo y la muerte que no desaparece. Todo el mundo está hambriento, asustado y preocupado, pero esto no les impedirá reírse cuando un niño se ría o cuando otro haga algo divertido”.

Este mensaje da una idea de cuán terrible es la situación en los refugios subterráneos para las mujeres y los niños que allí viven. El consejo local solo proporciona agua limpia a los sótanos una vez cada cuatro o cinco días debido al constante bombardeo y la falta de combustible, dice Mariah Al Abdeh de Women Now. También hay escasez de comida. En algunos sótanos, las personas solo comen una vez al día, mientras que otras reciben raciones una vez cada dos días. Por lo general, las madres dan sus pequeñas porciones a sus hijos hambrientos. Esto hace que las mujeres se vuelvan aún más débiles.

Además de consolar a los niños que han estado en estas abarrotadas “cárceles” durante semanas, soportando el agotamiento, el hambre, el miedo y el aislamiento, las mujeres también enfrentan otros desafíos. Debido a que algunos sótanos no están equipados con inodoros, los días se convierten en una pesadilla cuando tienen sus períodos. Y Mariah Al Abdeh relata una solicitud que recibió recientemente de una de sus colegas: “¿Cómo puedo ayudar a las mujeres a dar a luz? Está en pleno parto en mi sótano y no hay ninguna comadrona alrededor”.

Mientras tanto, en estos días de pura violencia y lucha por la supervivencia en Ghouta Oriental, sus mujeres están demostrando al mundo su fortaleza. Están lanzando llamados políticos, apoyando a los niños y familias atrapadas en los sótanos, llevando comida a las personas necesitadas, cuidando a los heridos, compar­tiendo videos con el mundo y documentando sus luchas diarias.

Lo que estas mujeres están haciendo es extraordinario. Y es aún más notable cuando se consideran los desafíos de género que enfrentan las mujeres todos los días en Siria. Se las ve como dependientes, necesitan un guardián masculino para viajar y tienen que luchar por puestos de liderazgo bien merecidos que generalmente ocupan los hombres. Ahora se ven desafiando los roles de género en sus comunidades, que sostienen que el lugar de una mujer está en el hogar, cuidando del hogar y criando a los hijos.

Hay una miríada de ejemplos adicionales del profundo papel que juegan las mujeres al contar la historia de su ciudad. Bayan Rehan, por ejemplo, está haciendo videos y realizando entrevistas, además de organizar el suministro de alimentos. Amani Ballour está llenando su página de Facebook con fotos de niños heridos junto con sus historias, o contando historias de otras personas cuyas familias están perdidas, todo mientras continuaba gestionando uno de los principales hospitales de campaña.

Y Ward Mardini, madre de dos y activista de medios, escribió sobre sobrevivir a un ataque de cloro el 9 de marzo:

“‘Huele a cloro’, dijo una mujer y todos entraron en pánico. Olvidé mi propio bienestar y recordé que les afecta más a los niños. Sabíamos que el régimen volvería a usarlo, así que habíamos preparado telas cortadas para mojarlas con agua y jabón y las pusimos en la boca de los niños para evitar que inhalasen los productos químicos. Mi bebé comenzó a ahogarse y los ojos ardientes de su hermano apenas mayor comenzaron a ponerse rojos. Me derrumbé: mis hijos se están muriendo frente a mí, pensé, y no puedo llevarlos a un hospital. En este sótano estamos 200 personas y, si nos atrevíamos a salir, nos esperaba la muerte y estamos aquí tosiendo y ahogándonos”.

Y luego agrega: “Sobreviví para escribiros de nuevo, a dios gracias”. Y no olvidó poner un emoji de corazón al final de su publicación.

En medio de este infierno, o Día del Juicio Final como lo han descrito muchos, la activista Maimouna Alammar encontró un momento para emitir un llamamiento para salvar a la humanidad en el futuro. Maimouna, de 30 años y madre de dos niñas, es licenciada en ingeniería informática y automatización y directora regional de la Red de Protección de Niños Sirios en el sur de Siria.

En su llamamiento en línea, se refiere al hecho de que Rusia, como principal aliado del régimen sirio y responsable de llevar a cabo decenas de ataques contra civiles, ha bloqueado repetidamente al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas para implementar un alto el fuego y de responsabilizar al régimen sirio de los crímenes de guerra que ha cometido.

“Hermanas y hermanos”, escribe:

“Les exhortaría a trabajar sin descanso para revocar el derecho de veto en el Consejo de Seguridad de la ONU. Permite que una pequeña fracción de la humanidad controle los destinos de la mayoría de la humanidad. Y en muchos casos desde que se instituyó por primera vez, el Consejo ha obstaculizado la prevención de atrocidades cometidas por criminales. Es posible que no puedan salvar a la humanidad en la Guta Oriental de hoy, pero pueden salvar a millones en el futuro”.


Imagen de portada: Dos médicas en Guta Oriental curando a un niño herido tras un bombardeo (Fuente: Ghouta Media Center)

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