¿Qué pasa si aceptamos a Bashar al-Assad?

Autor: Marcelle Shehwaro    |      Traducción: Elena Cal

14 de Abril 2018

A veces nos hacen la pregunta indirectamente; otras, filtrada a través de los círculos cerrados que deciden sobre los asuntos sirios sin la presencia de ningún sirio. A veces surge de maneras que infantalizan, como si fuéramos niños que no se atreven a enfrentar la “verdad de manera realista”.

En los momentos más difíciles, nos lo preguntan negociando sobre los cuerpos de nuestros hijos. En lugar de la respuesta a “por qué no aceptamos que Assad permanezca en el poder”, obviamente porque mató a nuestros hijos y las cicatrices de sus sonrisas siguen grabadas en nuestros corazones. La pregunta del chantaje es: matará a tus hijos y sus sonrisas, ¿por qué no lo aceptas?

¡Disculpen un momento! Necesitamos algo de tiempo para entender la lógica de este mundo, el mundo gobernado por Trump, Putin y un grupo de políticos que solo se preocupan por su período de mandato de 4 años.

Hafez al-Assad nos ha aislado del mundo exterior. Ahora el hijo sigue sus pasos. Los defensores de la libertad contemplábamos los Estatutos de las Naciones Unidas y la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Algunos creímos que significaban algo. Cuando estalló la revolución, descubrimos que esos documentos están mancillados por su mal uso por parte de los miembros del Consejo de Seguridad de la ONU.

Disculpen la digresión. Entonces, ¿por qué no aceptamos a Assad?

Deseamos contar la “cruda verdad” a sus pueblos. Queremos desafiar sus palabras vacías y retórica de cortesía. Sabemos que no significa nada cuando dicen cosas como: el uso de armas químicas es una línea roja, o Alepo es una línea roja, o Assad perdió su legitimidad.

La verdad es que Assad es su aliado más que nosotros, este grupo ingenuo de soñadores que creemos como de hecho hacemos en la democracia, la justicia y la rendición de cuentas.
O acaso no era este el mensaje al bombardear hoy Idlib y Guta. Convencernos “suavemente” de aceptar una solución política, la única solución de la que nos han hablado mientras nos matan.

Dicen que hemos sido derrotados. Bueno, señores, en mi grupo de amigos y mientras nos escondíamos de las balas disparadas contra nuestras manifestaciones pacíficas, nunca imaginamos poder derrotar a los aviones rusos por nuestra propia cuenta. Nunca pensamos que podíamos ganar la “guerra” mientras nos estaban torturando, sofocando con armas químicas, destruyendo por bombardeos, violaciones y detenciones.
Puede ser cierto que hayamos perdido. Pero esta derrota me hizo tomar conciencia de algo que nunca quise saber.

Hoy conozco la terminología de la violencia: las bombas de racimo del Golán, la diferencia entre sarin y cloro, la nueva versión de bombas antibúnker que pueden destruir nuestros sótanos “seguros”… Aprendí incluso cómo pronunciar estas palabras en inglés.

¡Dicen que fuimos derrotados en Sochi! Ni siquiera estábamos en Sochi. Sochi fue la fiesta de disfraces que les reunió a ustedes con el propio régimen.

Tienen toda nuestra simpatía por el tiempo que tuvieron que pasar con ellos.

Sigo divagando lejos de la pesadilla, Bashar al-Assad gobernando Siria, ¡disculpen!

¿Qué pasa si “aceptamos” que Bashar al-Assad se mantenga en el poder? Primero, ¿quién es “nosotros”? Las ciudades sitiadas y bombardeadas, las personas que deben cruzar mil barreras para poder reunirse. ¿A quiénes se refieren con “nosotros”? ¿Los refugiados incapaces de conseguir una reunificación como es debido? ¿O los que necesitan de un permiso oficial para poder respirar?

Y si algunos de nosotros aceptamos a Bashar al-Assad como presidente, ¿qué podemos hacer con todos aquellos entre nosotros lo suficientemente “descorteses” como para negarse a abandonar su dignidad? ¿qué podemos hacer con todos aquellos que aún creen en el derecho a su tierra natal? ¿qué pasa si las madres que enterraron a sus hijos se niegan a creer que también ha muerto la justicia? Tenemos que dejarlos morir.

Sugieren pues que algunos nos rindamos, para que otros mueran en silencio. ¿O tal vez podamos darles los nombres y las coordenadas de todos los que se oponen a Bashar al-Assad, para que con sus amigos rusos puedan garantizar su desaparición?

Qué ocurre si alguno de nosotros realmente acepta que Bashar al-Assad se mantenga en el poder, ¿nos garantizan el fin de la guerra? ¿que el brutal dictador no celebre su victoria regodeándose en nuestra sangre vencida?
Dicen querer mantenerlo durante un período de transición. Un chiste divertido, este. ¿Creen con cierta lógica en su poder para presionar a Rusia y al régimen?

Durante años les hemos demandado detener los bombardeos. Luego sentimos lástima por ustedes y minimizamos nuestras demandas y pedimos que detuvieran el bombardeo de hospitales y escuelas. También aquí han fallado. Durante años, hemos solicitado que enviasen convoyes de socorro a las áreas sitiadas; que trasladasen a los enfermos a una distancia de 10 kilómetros o garantizasen el derecho de las familias a conocer el destino de sus hijos desaparecidos, y no lo han hecho. Repetidamente han explicado ser incapaces de presionar a “Damasco”.

Qué lógica quieren para creer que “no pueden detener el bombardeo sobre una escuela y pueden garantizar la destitución de Bashar al-Assad después de un período de transición”.
La oferta pues, que les conmociona que estemos rechazando, es que tenemos que entregarnos sin restricciones, garantías o condiciones y preferiblemente en silencio.
Incluso si significa matar a los que no se den por vencidos, tenemos que aceptar.
Incluso si significa que la muerte solo cambiará de una forma a otra, debemos aceptar.

Incluso si significa que Assad nos gobernará a sangre y fuego, y que nuestros hijos, que volverán a creer en su propia libertad, quizás esta vez serán asesinados con armas nucleares, debemos aceptarlo.
Entonces la ecuación está
Entre

Aceptar a Bashar al-Assad, y rendirnos y morir.
U oponernos a Bashar al-Assad, y resistir y morir.

En este caso, rechazamos toda la ecuación y aprenderemos a resistir la idea de elegir entre la muerte y la muerte a través de las miles de fronteras que cotidianamente nos limitan.

Y conservamos toda la ira causada por los asesinatos de nuestro pueblo, a quienes no pudimos llorar en medio de la persistente masacre, conservamos la dignidad de los primeros días de la revolución. Retenemos toda nuestra memoria y la elección por la vida. Retenemos el fragmento de un hermoso sueño que tuvimos un día de tener una patria.

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