“Hermosa Siria”: Pensamientos y oraciones

Autor:  Maysaloon |   Traducción: Elena Cal

Publicado originalmente en inglés por:  www.maysaloon.org |     14 de abril 2018

Estoy tan enojado con las mentiras, la confusión y el engaño que rodean todo lo que concierne a Siria. Gente que no tiene nada que decir al respecto, sobre mi ciudad natal, Damasco, sobre el país de mis padres y abuelos, Siria, pontificando y decidiendo que saben más. Cansado también de otros sirios, que no más se levantan de la silla para de repente rezarle a Alá para que “proteja Siria” y solo cuando parece que se avecinan bombas estado­unidenses. Ninguno de los que conozco en Damasco se preocupó un ápice cuando sucedieron los ataques con gas en Guta, nadie envió imágenes en su Whatsapp, su Viber y su Tango, o habló de los niños fallecidos que yacen en brazos de sus padres muertos. Se limitaron a enviarse unos a otros petulantes mensajes diciendo que “todo había terminado” en Douma. Como si alguien acabase de usar un bote de Piff-Paff y liquidase una infestación de cucarachas. Pero ahora, de repente, esperan que “oremos por Damasco”

Hay una mujer que conozco, o tal vez pensé que conocía. Nunca ha publicado nada sobre Siria en años. Al menos nada que yo pueda recordar. Pero ayer, de todos los días,  decidió pensar en la hermosa Damasco. Estoy conmocionado y enojado, pero los últimos siete años me han enseñado a no entrar en discusiones sobre Siria, porque no tiene sentido tratar de cambiar la mentalidad de alguien que es patológicamente incapaz de indignación moral a menos que sea en sus canales claramente limitados y aceptables. Palestina. Irak. Estas son causas buenas y fáciles para los hijos de la vieja burguesía árabe. Un saludo y aplauso cortés para el atleta que se niega a luchar contra un atleta israelí, un boicot rápido a Marks & Spencer o Wonderwoman, un cambio de estado en su Facebook por Land Day, y tal vez la extraña imagen de Jerusalén es suficiente para cumplir con la cuota de atrevido activismo político para estos vástagos de ojos brillantes de las grandes familias árabes en el exterior. Una mención a Irak y recitan de memoria una repetida letanía de los muchos crímenes de Bush y Blair, una honorable mención de Abu Ghreib y por supuesto el surgimiento de ISIS. Todas estas tragedias que han sucedido en el mundo árabe, nos aseguran a sabiendas, se remontan a sótanos ocultos en los edificios gubernamentales de Tel Aviv y Washington. Y no dudo que algunos lo sean. Sin embargo, si mencionas los nombres de Saddam Hussein o Assad, solo oirás el canto de los grillos y un cortés silencio.

Cuando se trata de hablar de Siria, a la gente como yo se nos dice que somos “demasiado emocionales”, que carecemos de una visión global. Por supuesto que Assad es malo, argumentarían, pero aparentemente, sería mucho peor si lo sacaran. Así que la discusión se traslada cómodamente a cuán terribles son los estadounidenses, cuán horrible es su invasión a Iraq y cuán moralmente escandalosa es la ocupación de Palestina. Tengo que acordarme de comprar ese aceite de oliva palestino. Muy importante. Qué importan los agentes neurotóxicos y las bombas de barril, los jets rusos y escuadrones de mártires iraníes, las milicias chiíes reclutadas en lugares tan lejanos como Afganistán y arrastradas hasta Siria para luchar y morir por un tipo que ni siquiera conocen. Siete años. Siete años y ni un pío de esta gente. Bueno, eso no es del todo cierto. Cuando ISIS era lo único que se mencionaba en las noticias, oraron por Siria y lloraron las viejas ciudades muertas en el desierto y los templos vacíos que ISIS decidió derribar. Hubo lágrimas por la civilización y la convivencia, pero hoy no se menciona la convivencia. No se hace mención de los buses verdes que están llevando a familias sirias enteras dejándolas al norte en Idlib, en lugares donde probablemente no habían estado en su vida, arrancándolas de la tierra que las había alimentado, de los lugares donde sus antepasados ​​están enterrados, para vivir como extraños y refugiados en algún lugar que para ellos bien podría ser otro planeta.

Buena suerte para obtener un visado, encontrar trabajo o alquilar un lugar decente para poder vivir con tu familia. Buena suerte. Súbete a ese autobús verde y deja tu casa bajo la atenta mirada de un gruñón de aspecto desaliñado en uniforme que te saca el dedo medio mientras te llevan lejos de toda tu vida porque vivías en un área que el gobierno sirio decidió era territorio enemigo. Buena suerte y vete a la mierda. No eres el tipo de sirio que despierta la simpatía de estos patriotas árabes, sentados con aire satisfecho en sus salas de estar orando por Siria. Sin rezos ni lágrimas por ti. A menos que seas asesinado accidentalmente por una bomba estadounidense. Luego suspiramos y estos condescendientes patriotas se pondrían a lamentar el estado del mundo árabe y la injusticia de la tiranía estadounidense y rezarían por la “hermosa Siria” y recordarían las hermosas vacaciones de verano que allí pasaron una vez.

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