Los profesores de Idlib hablan de la imposible lucha para educar a sus estudiantes

En una ciudad bajo asedio, el alumnado realiza los exámenes públicos en sótanos para escapar al bombardeo y las clases se realizan por WhatsApp. Los profesores describen cómo llevar una escuela en una zona en guerra.

Autora: Sally Weale      |       Traduccion: Jessica Buendia

Publicado originalmente en inglés en: The Guardian,   18 de abril de 2018

 

Abdulkafi Alhamdo es profesor de inglés en Siria. Le encantan Coleridge y Shakespeare y actualmente está enseñando ‘El Corazón de las tinieblas’ de Joseph Conrad a sus estudiantes. En 2016 fue evacuado desde el corazón mismo de la oscuridad siria, Alepo, donde enseñaba en refugios y edificios bombardeados durante el asedio a alumnos traumatizados, incluso cuando pasaban hambre. Ahora vive y trabaja en la provincia noroccidental de Idlib controlada por los rebeldes, donde él y sus colegas docentes, con pocos recursos y apoyo, están esforzándose para educar a la próxima generación, aquellos que serán el futuro de Siria.

Idlib, la provincia más extensa de Siria aún fuera de control del régimen del Presidente Bashar al Assad, ha visto un aumento gradual de la violencia en los últimos meses con bombardeos por aviones rusos y sirios, y la llegada de refugiados que huyen de otras áreas devastadas por la guerra, lo cual, según Alhamdo, hace todavía más indispensable la continuación del trabajo del profesorado sirio. “Queremos que la educación continúe porque no queremos que estos niños o jóvenes estudiantes piensen en las armas”, añade. “Sin escuelas, cargarían armas, pero, debido a su asistencia a la escuela, son estudiantes”.

Según Anna Nolan, directora del grupo de derechos humanos de The Syria Campaign, al menos 2.5 millones de locales y refugiados están ahora encajonados en Idlib, descrita ya como una “kill box” (caja de la muerte). Hay una imperiosa necesidad humanitaria y no hay educación estatal, pero según Nolan, hay esfuerzos notables en el terreno para preservar la sociedad civil, con los profesores organizando sus propias escuelas y clases universitarias, a veces trabajando voluntariamente sin sueldo para construír una extraordinaria red educativa HUM (Hágalo Vd. Mismo – DIY “do it yourself”).

Algunos han establecido sus propios clubes extraescolares que ofrecen lecciones formales, artes creativas y formación profesional, mientras que otros, que son expulsados de los edificios por grupos rebeldes armados, están dando lecciones al aire libre y en WhatsApp. “Hay una determinación real”, dice Nolan. “Lo que escuchamos aquí, una y otra vez, es que saben que la educación es la clave para el futuro y esta es la generación que reconstruirá Siria. La profundidad y la creatividad de los servicios suministrados es increíble.”

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Imagen: El primer día de clases en una escuela en la provincia de Maarat al Nu’man. Fotografía: Agencia Anadolu/Getty Images

Muchos de los profesores que trabajan ahora en Idlib son ellos mismos desplazados, entre ellos Alhamdo, quien huyo de Alepo con su mujer y su hija pequeña sin nada más. En Idlib, todavía caen las bombas, “Siempre hay bombardeos. Esta es nuestra vida” dice Alhamdo, pero no se compara a su experiencia en Alepo. “Alepo fue algo anormal”, dice. “Cada día iba a la escuela a ver a mis estudiantes, son como hijos míos, verificaba quién estaba ausente, quién seguía vivo y quién no, y después empezaba las clases. Nos deteníamos muchas veces por los bombardeos. Durante una o dos horas, íbamos a los refugios y entonces, cuando los bombardeos paraban, volvíamos a las clases y enseñábamos. Si el bombardeo era fuerte, dejábamos a los estudiantes volver a casa.”

En abril de 2015, la escuela Saad Al Ansari, donde Alhamdo estaba dando clases, fue alcanzada por un cohete. Volvía del patio de recreo cuando una explosión arrasó el edificio, matando a cuatro profesores e hiriendo a docenas. “El corazón saltó de mi cuerpo,” recuerda. “Vi a los estudiantes corriendo, con las caras ensangrentadas. Estaban traumatizados, gritando: ‘¿Has visto a mi hermano pequeño? ¿Has visto a mi hermana?’ No sabían qué hacer. La mayoría escapaban sin zapatos, sin sus libros. Fui dentro y vi sangre por todos lados.”

Desde ese momento, abandonaron las escuelas grandes y los profesores organizaban sus clases en escuelas pequeñas e improvisadas en locales del vecindario, para que los niños no tuvieran que desplazarse lejos para ir a la escuela, en caso de ser atacados por otro cohete y que el número de víctimas potenciales fuese menor.

“Cuando enseñas en semejantes circunstancias, eres más sicólogo que profesor,” dice Alhamdo. “Tienes que ser cuidadoso con sus trauma e historias personales. Cuando hay un bombardeo fuerte, les dices a los niños que son unos héroes porque aún así siguen aprendiendo. Era un trabajo muy, muy difícil.

A los niños, traumatizados por sus experiencias, les costaba concentrarse pero los profesores intentaban salvaguardar para ellos un poco de normalidad. Todavía se presentaban a sus exámenes oficiales, escondidos en sótanos lejos de los bombardeos. “Las condiciones eran muy, muy duras, pero no podíamos dejar que la guerra o sus circunstancias personales perjudicasen su desarrollo. Para nosotros ellos son el futuro de Siria.”

Imagen: niños jugando con armas de juguete en los suburbios de Idlib. Fotografia: Omar Haj Kadour/AFP/Getty Image

Ahora en Idlib, enseña Lingüística y Novela Moderna en la Universidad Libre de Alepo, en la campiña de Idlib, a estudiantes que han huido de las zonas controladas por el régimen. La universidad abrió en 2016 y es uno de los pocos centros de educación superior que quedan en el país. En los días en los que el bombardeo es intenso y el peligro es demasiado grande, las clases son por WhatsApp y algunos estudiantes de medicina tienen clases en línea con doctores de Estados Unidos. “Estoy orgulloso de mis estudiantes y estoy orgulloso de ensenar… Mis estudiantes son mis héroes,” dice Alhamdo.

En un incidente reciente, estudiantes y profesores resistieron a un intento de toma de la universidad por parte de la facción militar armada Hay’at Tahrir al-Sham (HTS). Cuando rechazaron firmar el traspaso de la universidad, HTS amenazo a la universidad y les impidió usar el edificio para dar clases, entonces Alhamdo y sus colegas dieron las clases al aire libre. “Quizás como profesor no sea seguro para mí pero no podemos rendirnos.”

En Atmeh, un pueblo en el norte de Idlib, cerca de la frontera turca, Sawsan Abbar ha abierto una escuela primaria para niñas “Lee y elévate”. A la escuela asisten 120 niñas, también desplazadas de sus pueblos y ciudades natales por la guerra. Hay pocos recursos educativos así que Abbar y sus colegas tienen que ser creativas, obtener materiales de internet e imprimirlos para sus alumnas.

En ausencia de muchas otras cosas, la escuela ha tomado un papel educativo fundamental en la vida de los niños. “Algunos me llaman a mí y a otros profesores, mamá o tía,” dice Abbar, añadiendo: “lo que me mantiene despierta de noche es el bombardeo aéreo. A veces tenemos que faltar a la escuela y es muy preocupante.”

 

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Niñas en la escuela en Idlib. Fotografía: Aimen Al Halabi

Mientras tanto, en la ciudad de Maarat al-Nu’man, también en la provincia de Idlib, la profesora Mariam Shirout ha establecido su propia provisión extraescolar para niños y niñas en la zona. Por la mañana enseña en las escuelas de la ciudad que aún funcionan yuna vez fueron escuelas estatales, pero han sido tomadas por ONGs, y por las tardes abre las puertas de su propia escuela para niños de cuatro a quince años. Se llama Bilelem Nartaqi, que significa “con educación, avanzamos”. Empezó muy poco a poco en 2013, pero ha crecido y hoy educa a unos 150 a 200 niños y niñas de toda la ciudad.

“La educación es la columna vertebral de la zona”, dice. “No importa lo que pase, seguiré trabajando hasta el último minuto. Cuando veo niños que vienen al centro bajo las bombas porque quieren pasar tiempo con sus amigos y conmigo, no puedo pensar en detener nada, jamás”. Shirout y cinco colegas enseñan lectura, escritura, matemáticas, inglés y árabe. También ofrecen actividades extraescolares incluyendo drama y canto, y capacitación vocacional como costura. “Mi escuela también ofrece apoyo psicológico y social a los niños para ayudarlos a gestionar las experiencias traumáticas por las que están pasando.

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Niños jugando entre las ruinas bombardeadas de su escuela en Idlib occidental. Fotografia: Omar Haj Kadour/AFP/Getty Images

“El bombardeo puede realmente afectar su trabajo,” dice. “Están intentando ser ambiciosos y creer que pueden continuar con su deber, pero a veces tienen que parar por unos días porque el bombardeo es insoportable. Tienen mucho miedo. Algunas veces la escuela se cierra por 10 días o un mes debido al intenso bombardeo.”

“Me preocupo por mis alumnos todo el tiempo, no solo por su seguridad física sino también por su salud mental y su futuro. Los servicios educativos disponibles no son suficientes, es como un parche. Si la situación continúa así, el futuro de la mayoría de los estudiantes está perdido.

“Mis alumnos ya no son unos niños. No podemos preguntarles que quieren ser en el futuro. El futuro es borroso.”

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