Algunos activistas han perdido sus principios en lo que respecta a Siria

Autor: Maher Arar      |       Traducción: Carlos Pérez Barranco

Publicado originalmente en inglés en: Hummus for Thought,   Abril 2018

Foto de John Lehmann/Globe and Mail. Fuente.

Originalmente presentado a The Intercept en enero de 2017. La publicación no lo aceptó. El editor respondió, pero no dio ninguna razón.

Sé lo que estáis pensando: ¿por qué debería leer a alguien que ha sido torturado por el régimen de Assad? ¿No está sesgada su opinión? ¿Su rencor contra Assad no le va a impedir ver la realidad tal como es? Si eres una de esas personas, por favor déjalo aquí, porque mis palabras no van a convencer a tus oídos.

Pero si estás dispuesto a leer mis palabras sin prejuicios, entonces continúa leyendo, y espero que aprendas un par de cosas.

Y por cierto, para decepción de muchos, mi artículo no sólo hablará a la mente sino también al corazón. Y por eso, no voy a incluir ninguna referencia ya que te distraerían, a ti, el lector. Contacta conmigo en Twitter (@ArarMaher) y con mucho gusto te daré referencias.

He estado viendo cómo el debate sobre Siria en Twitter ha evolucionado dramáticamente durante los últimos cinco años. Y nada me ha horrorizado más que la posición adoptada por muchos que se consideran parte del lado izquierdo del espectro político. Entre ellos se encuentran Rania Khalek, Max Blumenthal y Ben Norton, por nombrar algunos. Antes tenía mucho respeto por ellos, es decir, hasta que perdieron sus principios respecto a Siria (basta con leer sus tweets sobre Palestina y Siria para descubrir sus enormes contradicciones).

He hecho todo lo que he podido en las últimas semanas para dialogar con algunos de esos activistas en Twitter pero, desafortunadamente, no encontré ninguna voluntad por su parte para debatir el tema. De hecho, fui bloqueado por Rania Khalek inmediatamente después de mi defensa del equilibrado informe de Murtaza Hussein sobre Siria. Me pareció inapropiado que se burlara de un colega así que no pude permanecer en silencio.

Ahora he llegado a la conclusión de que la incoherencia de las posiciones adoptadas por estos activistas y su terquedad reverencial les coloca más de cerca de los fanáticos religiosos que de las personas que buscan la verdad.

Había decidido no enfrentarme a estas personas desde el principio porque ingenuamente pensaba que su posición se autocorregiría con el paso del tiempo. Pero me equivoqué porque ha ocurrido exactamente lo contrario: estas personas -muchas de las cuales se consideran periodistas- se han convertido en defensoras del régimen de Assad. Puede que no estén de acuerdo conmigo en esto, pero les guste o no, sus informaciones selectivas y sesgos se revelan fácilmente en sus artículos y tuits.

De hecho, muchos han caído aún más bajo burlándose de las víctimas de las atrocidades de Assad y encubriendo implícita, o a veces explícitamente, sus crímenes y atrocidades en masa. Y eso explica por qué, contrariamente a mi viejo hábito de no mencionar nombres, empecé a citar nombres en mis tuits. Eso también explica por qué me esforcé tanto en escribir este artículo de opinión, a pesar de haber tomado la decisión de llevar una vida privada. Considéralo una reacción dura, pero para mí nada es más duro que ponerse del lado de un dictador que es responsable de la mayor parte de la miseria, la destrucción y la muerte de su propio pueblo.

Pasemos ahora a los hechos.

En primer lugar, hay que reconocer la naturaleza espontánea de muchos levantamientos en Oriente Medio y África del Norte. Lo que ocurrió en Túnez y Siria, por ejemplo, fueron reacciones espontáneas y comprensibles por parte de personas que han sido gobernadas con mano de hierro durante décadas.

En Siria, unos chicos menores de edad fueron detenidos por el régimen de Assad después de grafitear eslóganes contra el régimen (hasta donde yo sé, esos chicos no recibieron esos esprais de potencias extranjeras).

¿Cuál fue la reacción del Mukhabarat (servicio secreto) de Assad? Como era de esperar, estos chicos fueron detenidos, torturados y algunos fueron devueltos a sus madres en bolsas para cadáveres. Y cuando las familias de esos niños preguntaron sobre el destino de sus seres queridos, les dijeron que se olvidaran de ellos. Cuando insistieron se les dijo “traednos a vuestras mujeres y os haremos nuevos niños”. Eres lo suficientemente inteligente para entender lo que significa esta expresión.

Ahora, quiero que consideres esto: ¿cuál sería tu reacción y tus sentimientos como padre si le hicieran esto a tu hijo o hija?

A pesar de las horribles atrocidades cometidas por el régimen contra manifestantes pacíficos, el levantamiento, según todos los informes fidedignos, siguió siendo pacífico durante los siguientes meses. Los incidentes aislados de tiroteos aquí y allá no deberían distraernos del hecho de que para empezar, la mayoría de los sirios nunca pensaron en llevar armas. De hecho, los sirios ni siquiera pidieron la caída del régimen durante las primeras semanas del levantamiento. Simplemente exigieron que Assad castigara a los que torturaron a los chicos.

Por supuesto, Assad podría haber castigado a los autores de esos crímenes para calmar al pueblo, pero, desgraciadamente, un régimen cuyo pilar principal es el dominio de los poderosos no piensa como tú y como yo.

Nada ilustra mejor cómo piensa y actúa el régimen de Assad que esta historia que me fue relatada directamente por un hombre de 60 años de edad que estuvo encarcelado en Sednaya durante el tiempo que yo estuve allí. Y por cierto, este caballero era parte de un grupo de 11 miembros que fue detenido simplemente porque él y su grupo se manifestaron en contra de la invasión estadounidense de Iraq sin permiso explícito del gobierno. Éste es el mismo grupo al que Giath Matar, el famoso activista pacífico al que el régimen torturó y luego le cortó el cuello en septiembre de 2011, se uniría más tarde.

Este anciano me dijo que, mientras era interrogado por un alto funcionario de inteligencia, intentó razonar con él preguntándole “¿por qué no tratas a los ciudadanos con honor y respeto?” Ese Coronel respondió: “queremos gobernar a la gente con los zapatos”, una famosa expresión siria que significa el uso de la fuerza y la humillación como herramienta para someter a la ciudadanía.

¿Has visto alguna vez alguna de las entrevistas de Assad? ¿Parece una persona que quiere negociar para salvar el país? ¿No se ha referido siempre a TODOS sus oponentes como terroristas, y todavía lo hace? Así que, en lugar de echarle la culpa a sus oponentes, por muy fragmentados y divididos que estén, por no deponer las armas, ¿por qué no responsabilizar a Assad, que siempre ha tenido la clave para poner fin a este derramamiento de sangre mucho antes? Si Assad realmente quisiera la paz, podría haber convocado elecciones hace años excluyendo su nombre de las papeletas. ¿Es eso mucho pedir para acabar con el derramamiento de sangre?

Para demostrar cómo Assad ha explotado y manipulado la palabra “terrorista”, siempre ha calificado a los Hermanos Musulmanes de “terroristas”. Pues bien, los periodistas nunca le han preguntado por qué entonces apoyó a Hamás y acogió a sus dirigentes sabiendo muy bien que Hamás era y es una rama de la Hermandad Musulmana. Lo que es muy perturbador es que los activistas mencionados anteriormente ahora usan alegremente estas mismas etiquetas sin sentido (terroristas, extremistas, fanáticos, etc.) para describir a los oponentes de Assad. Esto es irónico, y de hecho ridículo, dado que esos mismos activistas han pasado buena parte de su carrera burlándose del uso de estas etiquetas cuando son usadas por el “imperio”.

¿Son ángeles los oponentes de Assad? No, no lo son. Algunos de ellos han cometido crímenes de guerra. Sí, apuesto a que sí, según muchos informes creíbles. ¿Todas las personas en Siria se oponen a Assad? En absoluto, sobre todo cuando se sabe que la minoría a la que pertenece -la mayoría de los cuales le apoyan- constituye el 10% de los sirios. ¿Todos los sirios apoyan a los rebeldes? Algunos grupos rebeldes analizados reciben armas de EE.UU., Arabia Saudí y Qatar. Por supuesto que sí. Decir lo contrario es negar lo obvio.

En la otra cara de la moneda, es igualmente engañoso etiquetar a todos los oponentes de Assad como “islamistas”, “Al Qaeda”, “extremistas” o “terroristas”. Hacerlo es imitar al propio Assad para protegerse de la exigencia de responsabilidades y justificar su temeraria campaña de matanza y destrucción. También es importante escuchar cómo la mayoría de los sirios que se oponen a Assad ven a estos grupos. Lo que más importa son sus opiniones y no las nuestras, los occidentales que viven cómodos y en paz a miles de kilómetros del conflicto.

Sobre la cuestión de la intervención

A estos activistas “antiimperialistas” hay que atribuirles el mérito de oponerse a las aventuras militaristas de Estados Unidos en el extranjero y de resistirse a ellas. Sin su encomiable esfuerzo, el mundo habría sido mucho peor hoy.

El problema que tengo es que los paralelismos que muchos de ellos establecen con respecto a Siria están completamente fuera de lugar. Además, existe la suposición de que la intervención siempre es injustificable. Estoy de acuerdo en que la intervención por razones puramente egoístas son malas, pero la intervención puede servir a un buen propósito cuando se hace por las razones humanitarias correctas.

Además, la indiferencia y la no intervención podrían, a veces, tener peores resultados desastrosos. Uno sólo puede citar a Ruanda, donde la no intervención tuvo un resultado desastroso. Después de todo, no se puede negar que Hitler no podría haber sido detenido sin la intervención de otros países, aunque muchos de estos países tenían diferentes razones para oponerse a él.

No me entiendas mal. De ninguna manera estoy pidiendo una intervención militar contra Assad. Sólo lo menciono para contrarrestar la idea de que la intervención no conduce por sí misma a un mal o peor resultado, como defienden religiosamente muchos de estos activistas. Desafortunadamente, muchos de sus seguidores y lectores toman la misma postura sin ningún tipo de pensamiento crítico o reflexión.

Y por cierto, la intervención no tiene que ser militar o proactiva. Además, no tiene que ser liderada por los EE.UU., una potencia imperial. Podría ser llevada a cabo por países que no tienen un pasado imperial. El objetivo aquí es minimizar el derramamiento de sangre, la mayor parte del cual es atribuible al bombardeo aéreo indiscriminado de Assad.

También es importante recordar a estas personas que los Estados Unidos ya han intervenido en Siria. Un observador independiente también puede preguntarse por qué se permite a Rusia intervenir sin que estos mismos activistas planteen objeciones. O dicho de otra manera, ¡son las bombas rusas mucho más inteligentes que sus hermanas americanas! ¡O es que nos van a decir que Rusia e Irán no tienen ambiciones imperiales en Oriente Medio!

El antiimperialismo es una herramienta y no un fin. Es simplemente un medio para un fin, el fin es luchar contra la injusticia, la codicia y la distribución injusta de la riqueza. Cuando el antiimperialismo se convierte en un objetivo por sí solo, sin considerar cuidadosamente cada contexto de manera diferente, entonces puede surgir un resultado opuesto, uno que es incompatible con el que se suponía que debía servir.

A continuación me gustaría destacar muchas de las contradicciones morales en las que se han metido estos activistas.

Yemen y Siria

Nada demuestra mejor la posición inconsistente de estos activistas que la guerra en Yemen. Arabia Saudí entró en guerra después de que Hadi, el presidente legítimo de Yemen, fuera derrocado por los rebeldes Houthi. Arabia Saudí, al menos eso es lo que el gobierno afirma, está allí para ayudar a restaurar la estabilidad mediante el restablecimiento del presidente legítimo de Yemen.

La presencia de Rusia en Siria es para ayudar a mantener el gobierno de Assad, que Rusia considera como el presidente legítimo de Siria.

Como pueden ver, ambas afirmaciones son de naturaleza similar, pero estos activistas (Ben Norton ni siquiera califica lo que está ocurriendo en Yemen como una guerra civil) están del lado de Rusia en Siria, mientras que están del lado de Arabia Saudí en Yemen. Tanto Arabia Saudí como Rusia han cometido crímenes de guerra, pero sólo los crímenes de Arabia Saudí son magnificados y destacados, mientras que los perpetrados por Rusia son ignorados o minimizados, explícita o implícitamente.

Me parece que lo que importa a estos activistas es la identidad de la fuerza maligna “imperial”, más que el principio que se viola.

Iraq

Una razón que se cita con frecuencia para oponerse al “imperialismo” en Siria es la experiencia de Iraq. Citar a Iraq como precedente es engañoso y, en el mejor de los casos, ingenuo.

No hubo ningún levantamiento popular cuando Iraq fue invadido. Y el contexto es diferente, basta decir que las pruebas se fabricaron para encajar en una narrativa posterior al 11-S.

Con respecto a la cuestión del cambio de régimen: A diferencia de la administración de George Bush, la actual administración estadounidense no ha buscado un cambio de régimen en Siria, contrariamente a lo que afirman estos activistas.

Si Estados Unidos quisiera deshacerse de Assad, Obama podría haber ordenado ataques con drones contra él (por favor, no me digáis que a Estados Unidos le preocupa el derecho internacional). Al fin y al cabo, las tropas estadounidenses buscaron activamente a Saddam Hussein y finalmente lo capturaron. No se ha hecho ni un solo intento de asesinar o capturar a Assad, ni a ninguno de sus oficiales superiores. La presencia de EE.UU. en Siria es principalmente para luchar contra ISIS y grupos afines. Decir lo contrario es descuidar el inmenso número de ataques aéreos (45.000 y subiendo) que hasta ahora han tenido como blancos sólo a ISIS y Al-Qaeda.

La afirmación de que el gobierno de EE.UU. financia a Al-Qaeda y los bombardea con drones al mismo tiempo es ridícula, a menos que se nos pida que creamos que 2+2=5 (te recomiendo que veas ese famoso video de YouTube si aún no lo has hecho).

Sabiendo que los EE.UU. no están realmente interesados en cambiar el régimen de Assad, se muestra la ridícula afirmación de que el conflicto de Siria podría desencadenar una Tercera Guerra Mundial, un falso argumento alarmista que sólo sirve al régimen dictatorial y criminal de Assad.

No he escrito este artículo de opinión para aquellos que ya se han convencido de que lo que está ocurriendo en Siria forma parte de un complot puramente extranjero, y de que los grupos que luchan contra Assad son simples peones controlados a distancia.

He escrito este artículo de opinión para aquellas personas que todavía están confundidas por la campaña de desinformación en la que muchos de estos llamados activistas “antiimperialistas” se han embarcado para desacreditar la lucha del pueblo sirio. Sabed que el conflicto sirio no tiene soluciones ni respuestas simples, y no os engañéis recurriendo a teorías conspiratorias para encontrar explicaciones digeribles.

Si todavía estás confundido después de leer mi artículo, una cosa que te pediría que hicieras es simplemente no ponerte del lado de un dictador, o justificar sus crímenes directa o indirectamente, explícita o implícitamente. No te sientas forzado a tomar una posición de una manera u otra. En otras palabras, es posible criticar el imperialismo sin ponerse del lado de un dictador despiadado. Ésa es la posición moral menos aceptable que se puede adoptar.

A pesar de sus deficiencias, la lucha siria por la dignidad y la libertad ya ha demostrado que el pueblo sirio no olvida. Sé que puedes pensar que soy ingenuo. Pero permíteme decirte esto: preferiría ser recordado por las generaciones futuras como una persona ingenua antes que como alguien que se ha puesto del lado de un régimen criminal y fascista.

Maher Arar, ciudadano sirio-canadiense, fue detenido por las autoridades de EEUU, trasladado por la CIA a través de un aeropuerto europeo a Siria, donde fue sometido a tortura durante doce meses.

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