¿Qué hay detrás del apoyo palestino a Assad?

Autora: Una compañera palestina      |      Traducción: Elena Cal

La guerra en Siria ha sido motivo de división en todas las comunidades de Oriente Medio. Parece que la sectarización de Siria ha desatado la sectarización de toda la región, que permanecía solo superficialmente enterrada. Cuando los diferentes estados, grupos étnicos o religiosos y sectas se alinearon con sus líneas políticas, hubo pocas sorpresas, salvo una: el apoyo al régimen de Assad por parte de muchos palestinos. Aparentemente, este apoyo ha trascendido la demografía: jóvenes, viejos, hombres, mujeres, musulmanes, cristianos, diáspora, población autóctona, conservadores e incluso progresistas. Todos alaban a Assad como a un héroe. Aunque de ninguna manera se puede afirmar que la mayoría de los palestinos apoyan a Assad (ver esto, esto, esto y esto), es cierto que los que sí lo hacen son a menudo los más ruidosos. Y muchos de los que no apoyan al régimen de manera explícita aún aceptan su narrativa del “mal menor”.

Muchos sirios, especialmente los de la generación más joven que ha llevado sobre sus espaldas la revolución, están desconcertados y dolidos por ello. Toda su vida han apoyado a Palestina y a su población, tanto en Palestina como en Siria. Y no fueron pocos los palestinos sirios pioneros de la revolución. Muchas sirias y sirios me han preguntado, ¿cómo es posible que estos palestinos apoyen al régimen de Assad?, ¿cómo es que no ven el paralelismo entre el régimen sionista y el de Assad? Siempre hemos estado ahí para ellos, ¿por qué se han vuelto en contra nuestra? Se me parte el corazón cada vez que les miro a la cara y veo la profunda traición.

Para un extraño, puede parecer que el apoyo palestino a Assad ocurrió en un vacío, al sentirlo tan inesperado, pero no fue así. Casi nada ocurre por generación espontánea. ¿Qué pasó, entonces? Esencialmente, fuimos engañados por los líderes panarabistas, y nuestra negativa a ser abandonados o traicionados se alimenta de nuestro trauma colectivo e incapacidad de enfrentar la realidad. Sin una compren­sión clara de la relación entre la causa palestina y el movimiento panarabista, y de cómo el trauma afecta nuestra percepción de los acontecimientos históricos, es difícil entender el apoyo al régimen de Assad.

Hoy en día, el panarabismo es criticado por la mayoría de la izquierda árabe como una ideología maquiavélica, excluyente y letal que se usó como una endeble excusa para que los regímenes árabes autoritarios suprimieran la desidencia en sus propios países y atacaran a otros naciones de Oriente Medio en un intento por expandir sus propios poderes altamente centralizados. Pese a todo, el sentimiento panarabista era popular entre la población palestina incluso antes de la revolución siria. Al principio, los regímenes panarabistas eran la antítesis de los regímenes con respaldo colonial que pretendían controlar la Palestina histórica para su beneficio y, en consecuencia, perdieron la guerra de 1948. Durante su ascenso al poder, la liberación de la Palestina histórica fue uno de los dogmas fundamentales del panarabismo, esparcido por los regímenes autoritarios arabistas para justificar todo lo que hicieron. Los palestinos habían justificado las terribles acciones realizadas en su nombre por el alivio que sintieron al ver que el mundo árabe hablaba apasionada y seriamente sobre ellos, albergando la esperanza de que estos regímenes “de base” ayudarían de verdad a liberarlos. Aunque la liberación de Palestina por estos gobiernos nunca llegó, los palestinos continuaron aferrándose a ellos mucho después incluso de que el resto de la región perdiera la ilusión por el sueño panárabe porque la ideología panárabe sostiene a los palestinos como el símbolo viviente de la revolución árabe y el antiimperialismo. Ser considerado por gobiernos “revolucionarios” como el símbolo vivo de la revolución y la resistencia haría que cualquier grupo se sintiera orgulloso de sí mismo y fomenta un fuerte sentido de lealtad hacia aquellos que les otorgan ese título.

Avancemos hasta 2011, justo cuando se hacía más transparente la brutalidad del régimen de Assad hacia los disidentes. Siria era el único país árabe que todavía tenía un gobierno “revolucionario”. Gadafi había sido asesinado y Libia estaba sumida en el caos; la revolución de Egipto se sentía perdida con el ascenso de Morsi; y Saddam Hussein había sido capturado y asesinado 5 años antes, y las resplandecientes ciudades iraquíes de cultura y educación estaban ahora en ruinas. Los palestinos solo tenían tres aliados declarados: el régimen de Assad, el gobierno iraní y Hezbolá.

De aquí viene el apoyo. El hecho de que los tres estén del mismo lado solo fortalece en la mente de los palestinos la idea de que el régimen de Assad es el poder que deben respaldar. Los gobiernos sirio, iraní y libanés han sido los únicos gobiernos de Oriente Medio que se oponen retóricamente a Israel; lo suficiente como para que los palestinos ignoren cooperaciones pasadas. y/o la represión cometida por estos gobiernos contra los palestinos, y crean que son los únicos gobiernos que se niegan a normalizar relaciones con Israel. Mientras el sentimiento racista antipalestino prolifera en el Líbano y en el gobierno libanés, esto no niega el hecho de que Líbano e Israel están oficialmente en guerra y que los palestinos de mayor edad vean a Hezbolá como el vencedor contra Israel.

Ésta es también la razón por la que muchos palestinos suponen que cualquiera que luche contra Assad, Irán y Hezbolá debe ser un terrorista financiado por Estados Unidos y/o Israel, empeñado en deshacerse del último bastión contra el poder estadounidense/israelí en mundo árabe. Y sí, ésa es exactamente la razón por la que los palestinos piensan que los Cascos Blancos son una falsa herramienta de propaganda de la CIA.

Así, cuando se documentan detenciones administrativas contra la disidencia, cuando los informes del régimen reflejan la retórica sionista (ej. “escudos humanos”), cuando se bombardean campos de refugiados palestinos o se informa repetidamente sobre el uso por parte del régimen de armas ilegales contra la población civil (es decir, fósforo blanco y sarín o cloro gaseoso) u otro millón de cosas horribles que han sucedido, ¿cómo es posible que ninguna de éstas haya roto el apoyo palestino a Assad? Porque a oídos de la población palestina, estos informes suenan muy similares a las justificaciones que Estados Unidos usó en 2003 para invadir Iraq. Sí, Siria en 2018 no es lo mismo que Iraq en 2003, no se deberían hacer comparaciones con tanto descuido. Pero decir que no debería suceder no detendrá el hecho de que ya está sucediendo.

Además, muchas personas, palestinas o no, caen en la trampa de ver la guerra a través de una lente dicotómica: si Assad es la fuerza del “bien”, no es posible que esté haciendo algo moralmente incorrecto, y viceversa. Ver las cosas en blanco y negro es un error humano que cometemos todos simplemente porque nos ayuda a lidiar con problemas extremadamente complejos y enmarañados. Vemos que esta lente extremadamente simplificada se usa una y otra vez cuando se habla no solo de Siria, sino de casi todos los conflictos que ocurren a cualquier nivel en Oriente Medio. Este pensamiento defectuoso ha sido explotado por periodistas que escriben titulares sensacionalistas, clickbait; analistas geopolíticos profesionales que tratan de obtener un show en programas de noticias por cable y, por supuesto, los bots (cuentas automatizadas) y trolls de Twitter.

Por último, debemos tener en cuenta el intenso trauma sufrido por la población palestina. A menos que lo hayas vivido, es absolutamente imposible imaginar lo que es ser deshumanizado por un ejército y un gobierno extranjero cada segundo de tu vida. Imagínate vivir en un entorno diseñado específicamente para decirte que tú, tu familia, tus amigos y todos tus seres queridos sois unos bárbaros inútiles y retrasados, y que tu propia existencia en tu propia tierra debe ser penalizada y tratada como corresponde a un recluso violento e incivilizado, como el gobierno israelí ha estado pregonando al mundo que eres. En todo momento ves denegados tus derechos más básicos, incluido tu derecho a la dignidad, para satisfacer el ego y los objetivos de un gobierno colonial de supremacía étnica.

Te jode enormemente.

La sensación constante de que tu persona está siendo atacada y la negación de tu humanidad alterarán tu capacidad para hacer frente a las realidades cambiantes. Es más fácil negarlo mientras ocurre. Esto es lo que estamos presenciando, el trauma palestino que impide que los palestinos acepten que el régimen de Assad nunca les ha apoyado. No podemos afrontar sentirnos no amados ni deseados en ningún lugar del mundo.

Pero esto es lo que les digo a mis compañeros palestinos: estamos muy lejos de no ser amados. Los líderes y figuras individuales pueden ofrecer eslóganes bonitos, pero solo quieren usar nuestra causa, porque quienes realmente se preocupan por nosotros son sus ciudadanos, la gente. El ciudadano sirio medio nos ha amado tanto que el régimen de Assad pudo durante tanto tiempo obtener así parte de su “legitimidad”. La población civil siria siempre nos ha apoyado y se ha preocupado por nosotros más que cualquier otra persona en el mundo árabe. Y ahora es el momento de mostrarles nuestro apoyo. No podemos ignorar sus voces y desacreditar sus gritos. Las sirias y sirios nunca han cuestionado nuestro dolor, entonces, ¿por qué insistimos en cuestionar el suyo? Debemos elevarnos y tratarles con la decencia básica que tanto tiempo se nos ha negado y por la que hemos luchado y muerto, literalmente; la misma decencia por la que ahora están luchando ellos. Tenemos que darle la espalda al hombre que ha explotado nuestra lucha para su beneficio personal, sin darnos nunca nada a cambio. Ser palestino significa ser revolucionario, significa luchar y estar dispuesto a morir por lo que es correcto, significa enfrentarse a los poderosos y enfrentarse a nuestros opresores. No hemos estado haciendo honor a nuestro nombre y es hora de que cambiemos.

 


Imagen de portada: Niño palestino alza las banderas siria y palestina durante una protesta en Nablus, Cisjordania, tras los últimos bombardeos de EEUU, Reino Unido y Francia contra estructuras militares del gobierno sirio. 14 de abril de 2018. (Foto de archivo de PTI)

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s