Assad desesperado por reclutar soldados

Autor: Sam Dagher      |      Traducción: Xili Duran

Publicado originalmente en inglés en: The Atlantic, 14 de mayo 2018

TRIPOLI, Líbano — A finales de marzo, el régimen de Assad publicó un video de propaganda destinado a los hombres jóvenes de Siria. En el video, titulado ‘Trenzas de Fuego’, Asma al-Assad, la esposa de Bashar al-Assad, el presidente de Siria, se encuentra ante un pelotón de voluntarias del ejército vestidas en traje de camuflaje y botas militares. “Ustedes son mucho más fuertes y valientes que muchos hombres porque cuando las cosas se complicaron, allí estaban en primera línea, mientras que ellos huían o se escondían’, declaró. Sus palabras se entrelazan con imágenes de voluntarias en entrenamientos de combate, así como con testimonios de las mujeres y de sus madres. El mensaje subyacente: Qué vergüenza dan ustedes hombres, por huir del servicio militar — un ‘deber sagrado’ presente en la Constitución de Siria.

Cuando las protestas contra el régimen de Assad comenzaron en 2011, el ejército sirio rondaba los 250.000. Pero las decenas de miles de defecciones, deserciones y bajas masivas tras más de 7 años de conflicto han destripado a los militares. Mientras que su tamaño actual es desconocido, una cosa está clara: Assad haciendo muchos esfuerzos para reconstituir sus fuerzas. El problema es que pocos sirios quieren pelear por él.

En la semana en la que el régimen de Assad publicó ‘Trenzas de Fuego’, conocí a un hombre cristiano de unos 40 años de Alepo, la que fue la ciudad más grande de Siria, en un café en la ciudad portuaria libanesa de Trípoli. Assad y muchos en su círculo más cercano son alauitas, una minoría religiosa vinculada al islam chiita. Los cristianos también son minoría en Siria; muchos ven a Assad como su protector frente a una rebelión liderada mayoritariamente por musulmanes sunitas. Sin embargo, pese a esa percibida parcialidad hacia el régimen, varios meses atrás este hombre de Alepo trasladó rápidamente a su hijo de 22 años fuera de Siria. Estaba desesperado por salvarlo del servicio militar obligatorio: bajo legislación siria, es obligatorio que los hombres sirios entre las edades de 18 y 42 sirvan en el ejército. Aquellos que evaden el servicio militar se enfrentan a la cárcel y al reclutamiento forzoso. Desde 2011, la mayoría de los reclutados han sido retenidos en el ejército indefinidamente. (Algunas excepciones por trabajo o estudio están disponibles). El servicio militar para las mujeres, mientras tanto, sigue siendo voluntario.

Actualmente, la esposa de este señor y su otro hijo, que tiene 16, siguen en Siria. Planea traer a su hijo más joven a Líbano antes de que cumpla los 18, a menos que la familia encuentre una forma de emigrar hacia Occidente. En Siria, ‘nadie sabe cómo va a terminar…Si mi hijo va al ejército y lo matan será por algo que no vale la pena’, me dijo.

Millones de sirios—tanto los que están en el país como en otros sitios, así como los pro y anti-Assad—no creen que la guerra vaya a terminar pronto, pese a la insistencia del régimen sobre lo contrario. Así que toman riesgos enormes para salvar a sus padres, esposos, hijos y hermanos del servicio militar obligatorio, especialmente a medida que el régimen se desespera por llenar las filas del ejército.

La necesidad de Assad de reclutar soldados comenzó a aumentar poco después de que las protestas anti-régimen de 2011 se convirtieron en una guerra civil. Las defecciones y deserciones de un ejército que ya estaba plagado de corrupción, sectarismo y falta de recursos aumentaron a medida que la confrontación se tornó más brutal. Irán y sus milicias intervinieron para evitar el colapso del régimen desde finales de 2012; en 2014, Assad activó la obligatoriedad de las reservas del ejército a medida que aumentaban las deserciones. En otoño de 2015, Rusia intervino directamente a su favor, brindando entrenamiento de choque y financiando unidades paramilitares.

Ahora, Assad quiere mostrar a su gente y al mundo que es nuevamente un líder soberano cuya supervivencia no depende de Irán o Rusia. Ambas potencias quieren que Siria asuma una mayor carga, y que suceda pronto. Pero eso no puede ocurrir si los sirios se niegan a pelear por Assad. Para presionar e influenciar a la gente, los Assad, la prensa estatal y los líderes religiosos pro-régimen presentan a quienes sirven en el ejército y a sus familias como los sirios más honorables, hablando de los desertores como apátridas e indignos.

Mientras el Alto Comisionados de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) dice no registrar el número de hombres sirios que han huido del servicio militar obligatorio, ha habido un aumento marcado en el número de evasores llegando a Líbano desde el inicio de año. La falta de hombres podría convertirse en un asunto crítico para Assad si Israel continua atacando a Irán y a su principal grupo en la región, Hezbollah, en Siria. Los rusos, mientras tanto, han reducido sus tropas sobre el terreno sirio.

En Damasco, muchos hombres se esconden hoy en sus casas para evitar ser arrestados en los puntos de control de seguridad, o para desviarse de las oficinas de reclutamiento que el régimen ha abierto en muchos campus universitarios. Pero esto no los mantendrá a salvo por mucho tiempo. Las autoridades hacen redadas en barrios y casas, cazando a reservistas y reclutas buscados. También han desmantelado redes que permitían a la gente pagar sobornos de hasta 12.000$ para eliminar sus nombres de las listas de petición de los reservistas. En estos días, escapar puede costar hasta el doble de ese monto. Pero puede suponer la diferencia entre la vida y la muerte.

Este es el sentimiento que escuché de casi todos los hombres sirios que forman parte de las dos docenas que conocí en Líbano desde inicios de año. La mayoría vive en Beirut, Trípoli y en pueblos y aldeas en la región conocida como Monte Líbano. Verifiqué sus historias hablando con libaneses que conocían sus circunstancias. La mayoría no querían ser identificados por sus nombres completos, o me pidieron disfrazar ciertos detalles personales. Tenían miedo de que sus familiares en Siria pudiesen ser objeto de ataques del régimen.

Rustum, un hombre alauita de 29 años de edad del oeste de Siria, dice que pagó sobornos para salir de prisión y venir a Líbano a inicios de año tras ser arrestado en Siria por evadir el servicio militar. Los alauitas como él se han llevado la mayor carga de la defensa de Assad. ‘Lo hemos dado todo. Apenas quedan hombres’, dijo.

Otro hombre llamado Ribal, druso, huyó del servicio militar obligatorio y se asentó en Beirut a finales de 2017 (Assad ha presionado a los drusos, un grupo minoritario formado por menos de 1 millón de personas, para que hagan algo respecto a sus más de 30.000 evasores). Me dijo que dejó Damasco y se escondió durante tres meses en la casa familiar, en una aldea al sur de Siria. Teniendo miedo al arresto, permanecía toda la noche en vela con una escopeta a su lado y dormía de día cuando sus padres estaban despiertos. Finalmente, dejó Siria a través de una peligrosa ruta de contrabando que atravesaba las escarpadas montañas que serpentean la frontera entre Israel, Líbano y Siria. Al llegar a Líbano, supo a través de Facebook que 15 de sus compatriotas murieron congelados intentando escapar de Siria usando la misma ruta que él. Ahora hace pequeños trabajos con la esperanza de recolectar suficiente dinero para pagar a un contrabandista que lo lleve a Noruega, donde sus familiares obtuvieron asilo.

Pese a la incertidumbre en Siria, algunos aún esperan regresar algún día. Riad, un árabe de 23 años de Raqqa, la antigua capital del Estado Islámico, vive junto a unos 40 sirios en un campamento de tiendas de campaña de ACNUR, a los pies del monte Sannine. Dice que quiso irse a casa, pero temía el servicio militar obligatorio del régimen de Assad y de las milicias kurdas: el régimen controla todas las carreteras hacia Raqqa desde Líbano. ‘Bashar está ahí para quedarse y yo no quiero que me hagan matar a mis compatriotas’, dijo.

Cuanto más dure la guerra en Siria, mayor será la presión que enfrentarán los refugiados para abandonar los países en los que se han instalado. Líbano, un país inestable de más de 4 millones de personas, acoge a más de 1 millón de sirios, la población de refugiados per cápita más grande del mundo. La mayoría de los sirios, incluyendo a quienes huyeron del servicio militar obligatorio, están en el país de forma ilegal: en 2015, Líbano prohibió a ACNUR que los registrase como refugiados, en un intento por desalentar nuevas llegadas. En una conferencia de prensa en marzo en Líbano, el jefe de ACNUR Filippo Grandi señaló uno de los principales obstáculos para la repatriación: ‘Mucha gente tiene miedo al servicio militar obligatorio en el ejército y a tener que luchar. Así que tenemos que negociar amnistías y exenciones’, dijo.

La presencia siria en Líbano fue un punto caliente en las elecciones parlamentarias del 6 de mayo en el país. Muchos cristianos temen que cuanto más tiempo se queden la mayoría de refugiados sirios musulmanes, mayor será la amenaza que posarían para su ya de por sí debilitada posición en el sistema sectario de gobernanza del país.

Gebran Bassil, el ministro cristiano de Asuntos Exteriores de Líbano, ha aireado esos miedos, haciendo declaraciones xenófobas que vinculan a los refugiados sirios con el terrorismo. Su poderoso partido es aliado del brazo político de Hezbollah, cuyas milicias luchan en Siria apoyando a Assad. Él y su partido han hecho todo lo que han podido por echar a los sirios, sobre todo a los hombres en edad militar, según lo que me dijeron investigadores de Human Rights Watch en Líbano.

Bassil, reelegido este mes, ha advertido sobre una ‘conspiración internacional’ para mantener a los sirios en Líbano. Ha pedido que la UE y la ONU rescindan una declaración conjunta que publicaron en abril llamando a que todos los retornos de los refugiados sirios fuesen ‘voluntarios y llevados a cabo con seguridad y dignidad’ y pidiendo mayor protección para los sirios en sitios como Líbano. La repatriación de los sirios debe comenzar ya, ha dicho Bassil; la mayor parte de Siria, según él, es segura.

Por ahora, mientras estos hombres sirios permanezcan en Líbano, hay trabajo mal pagado e ilegal para ellos en la construcción, la agricultura y la recolección de basura. Mohammed, de 24 años, y su hermano de 19, forman parte de los 300 hombres jóvenes sirios que se estima trabajan ilegalmente en la venta de frutas y vegetales en el mercado de Bab al-Tabbaneh, un barrio de clase trabajadora densamente poblado y empobrecido en Trípoli. Explicaron que tanto ellos como la mayoría de los hombres sirios en el mercado están buscados por el régimen de Assad para el servicio militar. Como la amplia mayoría de la población local de Trípoli, todos son sunitas.

Mohammed se casó el año pasado y ahora tiene un bebé varón de 3 meses de edad. Vive en un barrio pobre en Trípoli. ‘La revolución puede haberse acabado militarmente pero aún está en nuestros corazones. Bashar al-Assad puede intentar imponer su dominio sobre nosotros, pero no va a funcionar. Tienes a una generación entera alimentada en odiarlo’, dijo.


Imagen de portada: Bashar Al Assad se reúne con soldados en Ghuta Oriental. EPA

 

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