Qué significa para una mujer ser parte de una Siria militarizada

Autora: Rahaf Aldoughli*     |      Traducción: Carlos Pérez Barranco

Publicación original en inglés en: Syria Untold, 5 de enero de 2018

En un discurso histórico pronunciado ante los dirigentes y miembros de organizaciones de base y parlamentarios el 26 de julio de 2015, Bashar Al-Asad, el actual Presidente sirio, hizo hincapié en la relación entre el heroísmo sacrificial, el militarismo, la pertenencia nacional y el sentimiento de adhesión a ella. Al-Asad dijo: “La patria no es para los que viven en ella o tienen su nacionalidad, sino para los que la defienden y la protegen“, señalando que “el ejército, para poder desempeñar sus funciones y luchar contra el terrorismo, debe contar con el apoyo del elemento humano“.

De este discurso pueden deducirse tres grandes temas. En primer lugar, la concepción de la patria está íntimamente ligada a la disposición a morir por la nación. Segundo, este sacrificio requiere habilidad marcial y fuerza física, mediante la cual se mide tanto la nacionalidad como el sentimiento de pertenencia. Tercero, en este discurso el Presidente Asad elogiaba al ejército y pedía a la sociedad que apreciara sus logros.

Aunque este discurso se pronunció durante la actual crisis siria, estas percepciones de identidad nacional y pertenencia no son el resultado de la guerra siria. Más bien, la definición del Presidente Asad sobre quién merece ser sirio me recuerda mucho al pasado. De hecho, su definición no sólo delinea fronteras a nivel nacional entre quienes apoyan a su dictadura o a la oposición, sino que, lo que es más importante, contiene y transmite expectativas e ideales de identidad nacional. En otras palabras, estas nociones de heroísmo sacrificial y preparación para morir construyen la imagen de un hombre marcial. Esta construcción no es muy diferente de la que ha experimentado cualquier sirio común en las últimas cuatro décadas.

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El Ejército Árabe Sirio (SAA) en su marcha por el campo (Foto: Syria360/Fair use. Todos los derechos reservados a los autores)

Culto al baazismo

Al principio me sentí atraída por el tema del nacionalismo por la importancia que desempeñaba en el fortalecimiento del culto al baazismo durante mi educación primaria y secundaria. Un ejemplo ilustra perfectamente esta perpetuación de un sentimiento de pertenencia masculinizado es el reclutamiento obligatorio de las dos organizaciones afiliadas al Baaz: la Organización de Vanguardias Baaz (Tala’i’ Al-Ba’th) durante la educación primaria y la Unión Juvenil Revolucionaria (Ash-Shabibah) en la secundaria[i]. Estas dos organizaciones movilizan a los niños a través de la instrucción forzosa y la pertenencia a grupos paramilitares que perpetúan los ideales del militarismo masculinista, conceptualizándolos como expresiones de la nación.

Más relacionado con el culto a la subyugación era la sesión semanal obligatoria dedicada a enseñar a los alumnos cómo convertirse en un baazista activo, cómo usar un Kalashnikov, y cómo mostrar su amor por la nación y el líder, concretamente a través de la admiración hacia los cuerpos físicamente fuertes. Esto iba acompañado de 15 días de campamento de verano obligatorio que daba a los estudiantes varones tiempo extra para conocer la vida de soldado, en un intento de prepararlos para el servicio militar obligatorio cuando terminaran la escuela secundaria. Mientras tanto, las estudiantes asistíamos a sesiones donde nos enseñaban el glorioso pasado de nuestra nación ligado a las acciones heroicas de los hombres.

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Foto: Hafez Al-Asad contemplando un mitin (Enciclopedia Árabe/Uso Justo. Todos los derechos reservados a los autores).

Además, durante las marchas masivas obligatorias para expresar admiración por el “gran líder” (Hafez al-Asad, durante mi infancia) y sus logros, aprendimos de memoria el lema: “Con sangre y alma, nos sacrificamos por ti, Hafez”[ii], otro ejemplo de cómo las expresiones de pertenencia nacional se identificaban con los logros masculinistas.

Estas canciones nacionalistas que celebran las acciones heroicas de los hombres y su fuerza y valentía postulan que la nación es una entidad formada sólo por los logros de los hombres. De hecho, estos incidentes influían en mi sentido de pertenencia e identidad, como si mi existencia se viera desdibujada por la fuerza física, la destreza y la autoridad patriarcal del líder (ya que Hafez al-Asad era retratado como el padre de la nación).

La normalización del militarismo, la masculinidad y el poder físico en estas canciones está íntimamente ligada al sentido de identidad. En la escuela, nos obligaban a cantarlas todas las mañanas y durante el recreo. Presumiblemente, el régimen baazista pensó que al obligar a los estudiantes a memorizar estas canciones estaban inculcando y fortaleciendo nuestro sentido de nación. Sin embargo, para mí, en realidad estaban consolidando las fronteras de género dentro de la comunidad nacional, sus relaciones de poder basadas en el masculinismo y la jerarquía.

En otras palabras, la definición de pertenencia patriótica y masculinidad se expresa conceptualizando la nación como una fraternidad, que desciende de un solo padre, y como solidaridad entre “hermanos”. La naturaleza paradójica de considerar la nación como una familia es que tal noción perpetúa la jerarquía de género al reforzar la supremacía del patriarca masculino tanto dentro de la familia como en la nación (McClintock, 1993: 63). Al mismo tiempo, esta pertenencia nacional se identifica por las fuerzas y los sacrificios físicos de los hombres.

Además, se representa a los hombres como aquellos que guardan y defienden la nación, vinculando así íntimamente la idea de nación con la construcción de hombres físicamente fuertes. Esto se refleja directamente en una definición de ciudadanía basada en la disposición de los hombres a morir por la nación y en el compromiso con una concepción masculinizada de la pertenencia nacional basada en el militarismo y la caballerosidad. El dominio de tal noción sitúa a las mujeres como inferiores y fuera de la memoria nacional.

La nación de los hombres

Este solapamiento entre amar y pertenecer a la nación, medidos por la disposición a sacrificarse y morir, construyó una imagen del hombre heroico como ciudadano ideal. Esta perpetuación de la pertenencia y la identidad masculinizadas también tiene una dimensión espacial, como se puede apreciar al caminar por las calles de Siria y observar  el dominio del color caqui militar en los retratos de Hafez Al-Asad como símbolo de la fuerza y el heroísmo del hombre.

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[Foto: Una estatua de Hafez Al-Asad con una túnica caqui (FreeSyrianTranslators/Fair use. Todos los derechos reservados al autor)].
Cabe señalar, sin embargo, que estas ilustraciones son sólo algunos ejemplos de cómo es esencial que el nacionalismo sea concebido como una ideología exclusivista que enciende conflictos de pertenencia e identidad.

Habida cuenta de lo anterior, dado que Siria es un mosaico de etnias, religiones, sectas y nacionalidades, la relación entre estas identidades divididas no siempre ha sido fácil. El único pegamento que las ha mantenido unidas es el nacionalismo patrocinado por el Estado. Esta construcción masculinizada del nacionalismo solía formular una identidad vinculante orquestada por el Estado e impuesta desde arriba.

El argumento, que se desarrolla sistemáticamente partiendo de esta base, es que el nacionalismo se concibe como una forma perpetuada de comportamiento político, propagada, mantenida y reforzada en el contexto del establecimiento y la modernización del Estado. Conceptualizar el nacionalismo como una forma de política es “relacionar el nacionalismo con los objetivos de obtener y utilizar el poder del Estado“[iii]. El poder, en este contexto, se refiere principalmente al “control del Estado“[iv]. En esencia, la base misma de este nacionalismo y su exclusión de la mitad de Siria (es decir, de las mujeres) propone razones por las que el nacionalismo sirio es específico de género y por las que se ha negado a las mujeres la igualdad en la formación de la identidad nacional.

Repensar la nación

Dada la compleja situación actual en Siria, como nación en proceso de reconstrucción, el proceso de reconstrucción y regeneración de la identidad nacional nos lleva a preguntarnos cómo se ha definido y constituido la identidad nacional en la segunda mitad del siglo XX hasta la actualidad. En otras palabras, la deconstrucción de lo que yo llamaría la historia o narración “oficial” propagada por el régimen baazista.

La subordinación de las mujeres en la narrativa política ha consistido en asociar el derecho a la ciudadanía con la disposición a morir por la nación. Este énfasis en el heroísmo sacrificial ha relegado el estatus de las mujeres, ya que sólo los hombres son concebidos como la defensa de la nación y preservan su honor mediante el control de la sexualidad y las elecciones de las mujeres. Así, la construcción del masculinismo y la idealización de la superioridad del hombre como preservador del ‘ird (honor) y ‘ard (tierra/nación) en la narrativa política es sinónimo de la feminización del cuerpo de la mujer como marcador de las fronteras de la nación.

En un período en el que se ha hecho imposible para cualquier sirio no desarrollar fuertes posiciones y alineamientos políticos, persisten las búsquedas tanto personales como políticas. Se darán cuestiones relacionadas con lo que deparará el futuro al pueblo sirio, y cómo se retratará a las mujeres en cualquier ideología nacionalista reciente, aunque actualmente no estén incluidas en las negociaciones de paz.

Sin embargo, en la actualidad, el proceso de construcción de la nación en la lucha contra los regímenes despóticos y los grupos terroristas continúa, y las relaciones interétnicas y sectarias se ven fundamentalmente alteradas por los cambios en las relaciones de poder. De hecho, en tales circunstancias, el desarrollo del nacionalismo en Siria se enfrentará al fracaso a la hora de crear un gobierno estable en el futuro.

Sin embargo, en caso de caída del régimen baazista, la escritura y la reescritura de la historia estarán íntimamente ligadas a las corrientes y modas de la política nacional. Un Estado impuesto o un sistema político que no apoye ni fomente una política de inclusión de género seguiría servilmente el mismo patrón exclusivista del nacionalismo sirio.

Dado el contexto geopolítico del caso sirio, el pueblo sirio se enfrenta a muchos escenarios que conllevan un conjunto particular de sentimientos nacionalistas. Aunque el régimen sirio deje de tener poder sobre la formulación de una narrativa nacional de cualquier tipo en un futuro próximo, todavía nos enfrentamos a una feroz especulación y a cuestiones personales sobre qué es la nación y cómo definimos nuestro amor y pertenencia nacional. Estrechamente relacionado con esta cuestión podemos preguntarnos hasta qué punto este nacionalismo seguirá teniendo un impacto implícito en la definición de nuestra identidad y pertenencia. ¿Cuánto han interiorizado los sirios el ethos y los ideales baazistas? ¿Impondrá la guerra siria nuevas definiciones de las ideologías nacionales basadas en diferentes entidades geográficas?

El intento de responder a estas preguntas atraerá a un público más amplio, más allá del importante núcleo de académicos y estudiantes de ciencias sociales, en particular los que se interesan por el nacionalismo, que será su principal grupo de interesados.


Imagen de portada: Colegialas de Damasco durante la instrucción regular. La imagen, publicada por National Geographic en 1974, decía: “Los adolescentes deben aprender a formar, obedecer, amamantar y manejar armas.” (National Geographic/Fair use. Todos los derechos reservados a los autores).

[i] Tala’i’ Al-Ba’ath es una organización educativa que incluye a niños sirios de primero a sexto curso de primaria. La organización adoctrina a los niños y perpetúa los ideales baazistas a través de actividades extracurriculares en sus diversos centros, como campamentos de verano y clubes. Las Vanguardias (Tala’i’) fueron fundadas en 1974 bajo la dirección del difunto presidente, Hafez Al-Asad. La Unión Revolucionaria Juvenil (Ash-Shabibah) se fundó en 1970. Incluye a jóvenes sirios de 13 a 35 años de edad y su objetivo es reforzar el espíritu de lucha, revolución y defensa nacional.

[ii] Esta consigna nos llegó en todas las marchas masivas.

[iii] Bruilly, John. 1993. El nacionalismo y el Estado. 2nd edn. UK: Manchester University Press, p.1.

[iv] Ibídem.

*La Dra. Rahaf Aldoughli (Ph.D. Lancaster University) es profesora de Historia Moderna de Oriente Medio en la Universidad de Manchester. Sus intereses de investigación se centran principalmente en la masculinización del nacionalismo sirio, con especial atención a las tradiciones germánicas y francesas. Aldoughli es autora de varios trabajos sobre Siria y ha presentado ampliamente su trabajo académico en conferencias internacionales. También es miembro de la Red Mundial de Becarios del Centro de Estudios Sirios.

 

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