Recordando a May Scaff, ícono de la revolución siria

Autora: Budour Hassan      |       Traducción: Elena Cal

Publicación original en inglés en Al Jazeera, 25 de julio de 2018

“Cuando comenzó la revolución siria, me convertí en una recién nacida dando sus primeros pasos, redescubrién­dose a sí misma y redescubriendo su país”, me dijo la actriz siria May Scaff cuando nos encontramos en París el 28 de abril de este año. “Como todos los sirios que salieron a la calle, encontré mi voz por primera vez”.

Nunca pudo contemplar la idea de respirar por última vez en un país que no fuese Siria o en una ciudad que no fuese su Damasco natal. Pocas cosas la asustaban más que la idea de morir fuera del país del que se había vuelto a enamorar totalmente después del levantamiento.

A pesar de que llevaba tres años viviendo en la capital francesa, París, para ella, era un exilio temporal. “No digáis si volvemos a Siria o si cae el régimen”, imploraba a sus amigos. “Decid cuándo, cuando regresemos a Siria y cuando caiga el régimen, llegará el momento. Tiene que llegar”.

Si este momento llega, sin embargo, May no estará allí para presenciarlo. May, actriz, revolucionaria y madre soltera, fue declarada muerta el 23 de julio a la edad de 49 años. París, no Damasco, será su lugar de descanso final. La detención, las amenazas de muerte, la separación de su madre y su hermana, el exilio y la alienación permanentes fueron el precio que pagó por decirle la verdad al poder.

En un momento en que la mayoría de sus colegas se alinearon con el régimen sirio para mantener sus privilegios o guardaron silencio para evitar represalias del estado, May prefirió no claudicar de sus creencias.

Más de un mes después del levantamiento, figuraba entre los signatarios de una petición que pedía al gobierno sirio que levantara el asedio sobre Daraa y permitiera la entrada de ayuda humanitaria en la ciudad. Daraa había sido cercada por las fuerzas de seguridad sirias y sus residentes sometidos a castigos colectivos a medida que las protestas contra el gobierno continuaban cogiendo fuerza.

Los artistas e intelectuales que firmaron la declaración fueron difamados en la televisión estatal siria e incluso recibieron amenazas de muerte. El destacado director sirio y actual miembro del Parlamento Najdat Anzour exigió la expulsión de los firmantes de la Sociedad de Artistas Sirios (Syrian Actors’ Guild). Veintidós compañías de producción anunciaron su boicot a los artistas que firmaron la petición, acusándoles de “ponerse del lado de los terroristas” y “ofender al pueblo y al liderazgo sirio”.

Lejos de ceder a las campañas de amenazas y difamación, May continuó su activismo. Asistió a numerosas protestas en Damasco y sus alrededores y habló con notable valentía en apoyo de los detenidos y los manifestantes pacíficos.

Después de su detención durante una protesta en el barrio damasceno de Midan, en julio de 2011, su nombre fue coreado por manifestantes en Homs y en Guta Oriental. Su activismo, su participación en el trabajo humanitario y su franca oposición a la tiranía en un país gobernado por los dictados del miedo y la intimidación, la convirtieron en un objetivo de constante persecución.

Su segunda detención en 2012 la obligó a pensar seriamente, por primera vez, en dejar Siria. “Soy una cobarde”, dijo en un corto documental filmado antes de despedirse de Damasco. May no temía a la muerte, pero temía otra detención. Estaba profundamente preocupada de que su posición acabase poniendo en peligro a su madre y a su único hijo, Joud.

Desafiando la prohibición de viajar por las fuerzas de seguridad sirias, en 2013 May huyó de Damasco a Amman, la capital jordana, donde ella y su hijo permanecieron hasta 2015.

Pasar de ser una artista a tiempo completo a una activista completamente dedicada a una causa no fue fácil para May, pero a menudo enfatizaba que sus sacrificios palidecían en comparación con los de otros sirios.

“A menudo me dijeron que hubiera sido mejor para mí y para mi familia si hubiese mantenido la boca cerrada y la neutralidad”, me dijo May cuando nos conocimos en Jordania en diciembre de 2014. “Tenía una buena carrera y unos ingresos decentes. Para mí, unirme a las demandas de justicia, libertad y dignidad de las personas no era una opción. Era un deber”.

Y cuando May recuerda a las amigas que dejó en Siria, agrega: “No creo que haya hecho nada extraordinario o heroico. ¿Quiénes son los héroes de verdad? Una mujer como Umm Samih, refugiada palestina que fue encarcelada tres veces por el régimen y nunca se rindió. Han hecho desaparecer a su hijo y trastornado su vida y, sin embargo, ahí sigue en Guta Oriental, cocinando para familias desplazadas internamente, trabajando de voluntaria, ayudando a su comunidad y esperando a su hijo. Hay innumerables Umm Samihs en Siria”.

Para aquellos que conocieron a May y siguieron su carrera antes de 2011, su transformación no fue sorprendente.

Nacida en Damasco el 13 de abril de 1969, May recibió las influencias del fallecido dramaturgo y pionero sirio Saadallah Wannous, a quien consideraba un padre espiritual. Cuando era adolescente, adoptó como propia la causa palestina, creando un fuerte vínculo emocional con Palestina. Su compromiso con la causa palestina fue aún más firme después del estallido del levantamiento sirio, ya que insistió reiteradamente en que resistir al régimen sirio y resistir la ocupación israelí de Palestina y los Altos del Golán eran inseparables.

Como estudiante de literatura francesa en la Universidad de Damasco, May mostró un gran talento y pasión por la interpretación. Protagonizó varias obras de teatro en el escenario del teatro del Instituto Cultural Francés, llamando la atención de directores de cine y televisión.

El gran éxito de May llegó en 1992 cuando fue elegida para la popular serie de televisión siria “Crimen en la memoria” (جريمة في الذاكرة), una adaptación de la novela negra de Agatha Christie, Sleeping Murder (Un crimen dormido). A pesar de su limitado tiempo de pantalla, el deslumbrante carisma y la capacidad de May para interpretar a un personaje complejo a una edad tan temprana le dieron mucha popularidad.

Aunque May nunca fue una actriz prolífica, su legado como artista única se consolidó gracias a los difíciles papeles que a menudo le asignaron los directores. Interpretó a la mujer rebelde que marchó en protesta y desafío a su hermano conservador. Actuó de intrépida guerrera que se negó a confesar o desertar a pesar de la tortura en cautiverio. Interpretó a la madre soltera que crió sola a su hija y se enfrentó a un marido abusivo.

Siempre estuvo claro que la ambición de May iba mucho más allá de la pequeña pantalla. En 2004, fundó Teatro, un espacio donde las artes escénicas se enseñaban de forma poco ortodoxa. Buscó proporcionar a los artistas jóvenes y aspirantes la plataforma para expresarse fuera de la rigidez y las limitaciones del Instituto Superior de Arte Dramático, la principal escuela superior de actores y directores en Siria.

Teatro, el proyecto más importante de May, fue cerrado por las fuerzas de seguridad sirias en 2011 en represalia por su postura antigubernamental.

“Sueño con revivir Teatro en París, crear un pequeño espacio para la esperanza y la creatividad para los refugiados sirios”, dijo.

En su última publicación en Facebook, May escribió: “Nunca perderé la esperanza, nunca perderé la esperanza. Porque es la Gran Siria, no la Siria de Assad”. May fue la personificación de la esperanza y la capacidad de recuperación tanto en las redes sociales como en la vida real.

Pero las mujeres resilientes también pueden ser frágiles. May era una luchadora, pero también una mujer que soportaba muchas cargas. ¿Cómo puede una persona sobrevivir a tantos reveses y ponerse de pie mientras lidia con el dolor, la pérdida inconmensurable, la ansiedad y la derrota?

May soñaba con un futuro más justo, digno y humano para todos los sirios. A pesar de lo sombrío que pueda parecer el presente, le debemos a May y a su memoria la deuda de seguir luchando por un mañana mejor para todos.


Imagen de portada: Fotografía tomada por Lina Muhamed de May Scaff y Budour Hassan cuando se reunieron en abril de 2018 [Cortesía de Budour Hassan]

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