Falta de cobertura y abandono: el destino de los Cascos Blancos que quedan en Siria

Autora: Loubna Mrie      |      Traducción: Elena Cal

Publicación original en inglés en Al Araby, 24 de agosto de 2018

El 22 de julio, la mayoría de los medios de comunicación internacionales cubrieron la evacuación de la Defensa Civil Siria, también conocida como Cascos Blancos, desde la ciudad de Daraa en Siria hasta Jordania. El ejército israelí emitió un comunicado diciendo que la operación se llevó a cabo debido a una “amenaza inmediata”.

Una vez que varios rescatistas y sus familias llegaron a puerto seguro, hubo un encarnizado debate. Por un lado, muchos reporteros celebraron la evacuación y la consideraron una victoria para el equipo de rescate sirio, sin embargo, por otro lado, algunos lo consideraron una evidencia clara de que los Cascos Blancos son parte de la ‘conspiración sionista’ contra el estado sirio y su presidente, Bashar al-Assad.

A medida que avanzaba el ciclo de noticias y la evacuación de los primeros equipos de respuesta sirios cayó fuera del centro de atención, me encontré con una carta escrita por Raed al-Saleh, jefe de los Cascos Blancos, enviada a los miembros de su equipo de Defensa Civil.

Mientras leía el documento de dos páginas, me di cuenta de que solo 98 miembros de los 700 que operaban en el área, Daraa, fueron rescatados con éxito. Raed agregó, “es muy poco probable que se produzca otro rescate”.

Animaba al resto del equipo a elegir lo que considerasen fuese la mejor opción en términos de seguridad. La parte final de la carta decía: “cualquiera que sea tu decisión, la gran nobleza de tu labor siempre será apreciada”.

Hoy, casi 600 de ellos permanecen en Siria, obligados a decidir su destino. Algunos – 82 para ser exactos – llegaron a salvo a Idlib.

Ahmad, por ejemplo, a quien pude contactar a través de WhatsApp, ha sido voluntario del grupo desde mayo de 2015. Este voluntario de 34 años estaba en el primer autobús verde evacuado desde Daraa hacia Idlib. Cuando Ahmad se inscribió para ser evacuado, lo hizo bajo un nombre falso y no mencionó que era miembro de los Cascos Blancos.

“Hoy nos ataca todo el mundo”, me dijo Ahmad. “Primero no sabía qué esperar de los puestos de control de las fuerzas del gobierno sirio en el camino hacia Idlib y tampoco me sentía seguro como miembro de la Defensa Civil. También estoy al corriente de lo que allí ha hecho HTS – Tahrir al-Sham”.

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Tobias Schneider: “Cientos de Cascos Blancos, periodistas y activistas siguen atrapados en el sur de Siria. El circo mediático que rodea especialmente el papel israelí en la evacuación los pone en mayor riesgo.” (enlace al tuit: https://bit.ly/2NgrnmZ) Josie Ensor: “Estas personas no son refugiadas. Son criminales de guerra. Me gustaría pedirle al gobierno que siga a los miembros de los Cascos Blancos y los encuentre donde quiera que estén”, dice el Gran Mufti de Siria en un lenguaje bastante amenazante https://t.co/THoxhSJvCB 

Los temores de Ahmad están justificados. El gobierno sirio ha dejado en claro que considera como terroristas a todos los miembros de los Cascos Blancos. Un documento que recibí recientemente de Daraa demuestra que las fuerzas de inteligencia sirias han ordenado que la primera condición para obtener la llamada “reconciliación” -un eufemismo para no ser encarcelado o ejecutado- sea proporcionar información sobre los miembros de los Cascos Blancos.

Siete de los colegas de Ahmad fueron asesinados el año pasado en Idlib, en un pequeño pueblo llamado Sarmin, que estaba, y sigue estando, bajo el control de HTS. Este asesinato se produjo después de una serie de amenazas de muerte dirigidas contra miembros de los Cascos Blancos.

Pero no todos eligieron correr el riesgo de huir a Idlib. De hecho, la mayoría – casi 400 miembros – se quedaron en Daraa, que fue recientemente tomada por las fuerzas gubernamentales. Algunos eligieron quedarse, como Abo Kenan, que optó por permanecer en su casa.

Después de ver lo que les había sucedido a las personas desplazadas de Guta, Homs y otras partes del país que se marcharon a Idlib, Abo Kenan me dijo: “Tengo cuatro hijos, el mayor tiene 13 años y el menor tiene 3 años, no quiero que pasen por esa humillación”.

Otros se vieron obligados a quedarse porque no tenían forma de salir. “Quiero irme, pero no puedo, no hay carreteras, la gente de mi zona, al suroeste de Daraa, no pudo llegar a los autobuses de evacuación en el norte”, me dijo Abo Yacoub al-Hourani.

El voluntario de 28 años ha estado con los Cascos Blancos durante tres años. “Desde que comencé, nunca esperé que nadie garantizara mi seguridad. Hice mi trabajo y no me arrepiento”.

Abo Yacoub no está seguro de lo que le sucederá. “Es como una muerte lenta”, me dice. “Sabes que te matarán, pero lo único que haces es esperar, sin saber cuándo. Solo puedo tener la esperanza de que algo cambie”, me dijo.

Si bien lo único que buscan personas como Ahmad, Abo Kenan y Abo Yacoub es simplemente seguir vivos, su lucha por la supervivencia y las decisiones difíciles que se vieron obligados a tomar, aparentemente ya no son dignas de titulares de noticias ni de un feroz debate.

La atención dada por los medios a aquellos miembros que no están seguros de si estarán vivos para cuando se publique este artículo está muy lejos del grado de atención prestado a la operación de rescate en sí.

Ello no quita el mérito de muchos reporteros que hicieron, y todavía hacen, un gran trabajo para mantenerse al día con las noticias diarias provenientes de Siria y sus ocho años de guerra.

Sin embargo, para la mayoría de los medios de comunicación, los clips e informes sobre Siria solo cuentan si son de importancia geopolítica o internacional. En el mejor de los casos, las vidas de los sirios ordinarios siguen siendo de importancia secundaria. El desarrollo reciente en la historia de los Cascos Blancos es solo un ejemplo entre muchos otros.

Lamentablemente, Ahmad, Abo Kenan, Abo Yacoub, y sus historias no alcanzan el nivel requerido. Esperar, anticipar la muerte, luchar por la supervivencia y tomar decisiones difíciles, no son “noticia”. Y, sin embargo, es parte de la realidad que se vive en los conflictos a largo plazo, como el de Siria.

Lamentablemente, mientras el problema esté contenido dentro de las fronteras de Siria, sin un ángulo internacional o dimensión geopolítica, no captará la atención de los lectores y seguirá quedándose sin cobertura.


 

Imagen de portada: miembro de los Cascos Blancos, junto a un niño voluntario, durante una campaña de saneamiento de las calles de Afrin, norte de Siria, a principios de agosto 2018. Imagen tomada de la página de Facebook de los Cascos Blancos. 

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