Terrorismo en Siria: Orígenes y trayectoria

Autora: Anwar al-Bounni       |       Traducción: Carlos Pérez Barranco

Publicación original en inglés en el CIHRS, septiembre de 2018

Introducción

Siria no experimentó el terrorismo hasta finales de la década de 1970, cuando la Vanguardia de Combate asociada a los Hermanos Musulmanes, también conocida como el Grupo Marwan Hadid, llevó a cabo una serie de asesinatos (2), el más famoso de los cuales fue el del oficial Mohammed Gharra en Hama. El grupo también fue acusado de asesinar al destacado erudito en derecho constitucional, Mohammed al-Fadel, que adaptó la constitución siria de 1972 para que encajara con la de Hafez al-Assad, desencadenando una importante ola de protestas. La Vanguardia de Combate también fue acusada de llevar a cabo varios ataques en varias provincias sirias, el más notorio de los cuales fue la masacre de la Escuela de Artillería de Alepo, donde un oficial islamista abrió fuego contra sus colegas, matando a unos 80 cadetes y suboficiales. 

Esos ataques coincidieron con una ola de protestas populares contra el régimen Baaz y la acción popular en favor de las libertades civiles. Sin embargo, los ataques de la Vanguardia Combatiente proporcionaron al régimen un pretexto para lanzar una brutal represión en las provincias rebeldes de Hama, Idlib y Alepo, destruyendo más de la mitad de la ciudad de Hama y matando a más de 40.000 civiles. En Alepo, dos barrios fueron arrasados, además de la destrucción de varios barrios de Idlib y Jisr al-Shughur. Como resultado, la sombra de la opresión persistió sobre Siria durante varias décadas. La creencia de que Assad y su aparato de seguridad contribuyeron al surgimiento de la Vanguardia de Combate y facilitaron sus operaciones, con el propósito de utilizar sus actividades como excusa para el feroz aplastamiento del la disidencia pacífica de la sociedad siria, aún no ha sido demostrada. 

El terrorismo como herramienta de gobernabilidad y relaciones exteriores

Esta escalada de acontecimientos marcó el comienzo de una nueva era de terrorismo en Siria, la que fue llevada a cabo por el régimen de seguridad política contra la sociedad siria y luego contra la región. 

El régimen mantuvo su influencia sobre la causa palestina a través del terrorismo, animando a las facciones palestinas a romper con la Organización para la Liberación de Palestina (OLP), el representante legítimo de los palestinos. El régimen sirio, utilizando sus instrumentos terroristas, acorraló varias veces a los dirigentes de la OLP y a su comunidad de apoyo en el Líbano, cometiendo masacres. Durante varias fases, Siria patrocinó a grupos como el grupo de Abu Nidal (conocido como Revolutionary Fath), Fath al-Intifada y  Comando General de Ahmed Jibril del Frente Popular para la Liberación de Palestina. Estos dos últimos grupos participan actualmente en el asedio del campo de refugiados de Yarmouk, cerca de Damasco, bombardeándolo y matando a sus residentes. Hace unos años, otro grupo patrocinado por Siria, Fath al-Islam, provocó un desastre humanitario en el campamento de Nahr al-Barid, en el norte del Líbano. 

Durante decenios, el Líbano, que se consideraba la gran baza de Siria, fue también un importante escenario para el terrorismo regional del régimen sirio, inmiscuyéndose constantemente en los conflictos del país. Dado que en este documento no hay lugar para explorar a fondo las atroces acciones cometidas contra los libaneses, bastarán algunos ejemplos. En términos generales, las acciones del régimen sirio se centraron en el asesinato de disidentes, el enfrentamiento entre facciones beligerantes y el secuestro del presente y el futuro del Líbano como moneda de cambio con las potencias regionales e internacionales. Con este fin, el régimen apoyó a las fuerzas extremistas, sobre todo a Hezbolá, durante las últimas tres décadas, excluyendo y aterrorizando a las fuerzas democráticas que estaban aliadas con la resistencia contra la ocupación israelí en el sur del Líbano, y que propusieron soluciones democráticas al conflicto interno del Líbano. El régimen, con Hezbolá, asumió así el monopolio de la resistencia para controlar la frontera con Israel y subordinar la resistencia a sus propios intereses. 

Usando la misma metodología terrorista, el régimen sirio manipuló la crisis kurda en Siria, Turquía e Iraq. Mientras el régimen reprimía a los partidos kurdos sirios pacíficos y democráticos, patrocinaba al terrorista Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK) y lo utilizaba como una tarjeta de política exterior, especialmente contra Turquía. Naturalmente, a lo largo de su historia, el régimen de seguridad acogió a varios terroristas internacionales que huían de sus propios países, entre ellos los nazis fugitivos, para utilizarlos en su beneficio siempre que fuera posible (3).

Esas prácticas y políticas se llevaron a cabo con el pleno conocimiento y, a menudo, con el silencio -a veces incluso el aliento- de las superpotencias internacionales, lo que llevó a muchos de nosotros a creer que el terrorismo de Estado tenía sus propios protectores y patrocinadores internacionales que garantizaban su inmunidad para servir a sus intereses comunes. Parece que las superpotencias capitalizaron el terrorismo y permitieron que el régimen sirio siguiera aterrorizando a la sociedad siria para que ejerciera su influencia en la región, por lo que los sirios, los palestinos y los libaneses, así como los pueblos iraquí y turco, han pagado un alto precio en diversas etapas. Hafez al-Assad y su régimen se beneficiaron de esta inmunidad internacional, para consolidar su control sobre el Líbano aterrorizando y matando a los opositores; las víctimas más prominentes son Kamal Jumblat y Rafiq al-Hariri, pero esto también se extendió a docenas de líderes e intelectuales y a miles de ciudadanos libaneses comunes. El régimen también estableció numerosos grupos terroristas, entre ellos Jund al-Sham. 

Cuando la comunidad internacional tomó la decisión de poner fin a la guerra civil en el Líbano, el régimen sirio convirtió los campamentos palestinos en depósitos de violencia listos para estallar e inundar todo el Líbano cuando el régimen lo deseara. En ese momento, el apoyo de Siria al terrorismo del PKK resultó ser demasiado para Turquía, cuyo gobierno amenazó con invadir Siria. Hafez al-Assad se sometió mansamente, suspendiendo las acciones del PKK y expulsando al líder del partido, Abdullah Ocalan, que había dirigido operaciones dentro de Turquía desde su base en Siria. El joven Assad siguió los pasos de su padre, patrocinando y apoyando el terrorismo a través de su aparato estatal. A medida que las protestas se intensificaban en el Líbano exigiendo la retirada del ejército sirio, utilizó el terrorismo para asesinar a figuras de la oposición. Más de diez asesinatos llevaban las huellas claras del régimen de Assad, sobre todo el asesinato del entonces Primer Ministro del Líbano, Rafiq al-Hariri. Sin embargo, las acciones de Assad fracasaron y al final obligaron a Siria a retirarse del Líbano. Aún así, Assad no cambió de politica. Su régimen preparó a Shaker al-Abasi, un ex prisionero, y lo liberó para que estableciera Fath al-Islam, utilizando de nuevo el terrorismo como medio para inmiscuirse en los asuntos del Líbano. Se esperaba que el grupo llevara a cabo actividades terroristas, que serían controladas por los propios instrumentos del régimen sirio, entre ellos Hezbolá, restableciendo así el papel directo de Siria en el Líbano. Cuando este plan fracasó, y ante los intentos del Estado libanés de afirmar su soberanía, Siria, en coordinación con Irán, desató el terrorismo de Hezbolá en Beirut y Mt. Lebanon el 7 de mayo de 2008. 

El desafío de Hezbolá a la autoridad del Estado en la esfera pública, en preparación para apropìarse y controlar los resortes del Estado, es una alternativa a la ocupación directa siria; aunque Siria se ha visto obligada a retirarse militarmente del Líbano, el régimen no ha retirado su aparato de seguridad. Los acontecimientos en el Líbano coincidieron con transformaciones violentas en Iraq. Con el comienzo de las operaciones militares dirigidas por Estados Unidos y la caída de Saddam Hussein, la dictadura siria temía que fuera la siguiente. Como resultado, desató su arma de terrorismo, desplegando yihadistas islamistas y enviando a Iraq a elementos de Al Qaeda que habían sido encerrados en prisiones sirias. Cooperando con organizaciones terroristas que operaban en Iraq, como los restos del Partido Baas y extremistas islamistas, el régimen lanzó una guerra de desgaste contra el ejército estadounidense en Iraq, inflamó las pasiones sectarias y socavó el proceso político, utilizando estos elementos como herramientas para asegurar su propia continuidad y preservar su papel político regional. 

Aunque este es sólo un resumen muy breve, puede ayudar a responder a la pregunta de cómo comenzó el terrorismo en Siria. Demuestra que el régimen sirio trabajó para crear, fomentar y patrocinar el terrorismo en el extranjero, al tiempo que creaba un clima de terrorismo dentro de Siria mediante la movilización del extremismo en contextos locales para implementar su política exterior. Estas acciones también avivaron la animosidad entre los sirios, lo que facilitó el control del régimen sobre la población y fomentó el terrorismo en forma de graves violaciones de los derechos humanos a gran escala. 

Creando terrorismo mediante abusos 

La Declaración Universal de Derechos Humanos defiende varios derechos que no pueden ser violados o negados excepto bajo ciertas condiciones y circunstancias específicas. Pero cuatro de estos derechos fundamentales son absolutamente inalienables bajo cualquier circunstancia o pretexto: el derecho a la vida; los derechos a la igualdad, a la no discriminación y a un juicio justo; el derecho a la expresión y a la opinión; y el derecho a la personalidad jurídica. Estos derechos han sido violados repetidamente en Siria. 

El derecho a la vida en la Siria de Assad es un regalo para los ciudadanos sirios; viven sólo porque Assad les permite vivir. En Siria, este derecho no es inalienable, sino que depende de la lealtad al propio Assad. Las autoridades pueden condenar a muerte a cualquier ciudadano, ya sea por asesinato directo o indirecto mediante la shabiha del régimen, la policía secreta, o por muerte sin juicio, que ha sido el destino de miles de personas -incluidos los dos intentos fallidos de asesinarme en la cárcel. Los ciudadanos también pueden ser juzgados en tribunales militares o en el Tribunal de Seguridad del Estado, que han condenado a muerte a miles de personas por su oposición al régimen. 

En cuanto al derecho a la igualdad, a la no discriminación y a un juicio justo, la igualdad sólo existe dentro de los estrechos límites de la letra de la Constitución siria. No existen medios legales para obligar a las autoridades a respetarlo y aplicarlo. La discriminación legal contra quienes se oponen al régimen está presente en todos los ámbitos de la vida en Siria, empezando por la escuela primaria, donde los estudiantes se ven obligados a ser “vanguardias baasistas”. Las escuelas primarias y secundarias son la sede de la Juventud Revolucionaria paramilitar, y el sistema educativo que comienza en este nivel (de 13 a 15 años) incluye entrenamiento militar semanal. Los leales tienen acceso preferente a las universidades sirias, y esta discriminación se extiende de diversas formas a todos los ámbitos de la vida colectiva e individual. Para obtener un empleo en el sector gubernamental, la aprobación de los departamentos de seguridad es obligatoria y un rechazo le cuesta a los funcionarios públicos sus puestos. En todos los casos se da preferencia a los baazistas, determinada sobre la base de una red de conexiones administrada por la autoridad gobernante. El empleo en el sector privado también depende de la aprobación de la seguridad, ya que los empleadores pueden tener problemas con las autoridades si contratan a opositores al régimen. En cualquier caso, los negocios no pueden operar en absoluto sin un protector dentro de la autoridad gobernante a quien los dueños de negocios pagan sobornos para garantizar la aprobación de seguridad de su empresa y facilitar el papeleo necesario. Los tribunales de excepción rigen todos los aspectos de la vida económica, social y política en Siria, desde el Tribunal de Seguridad del Estado y el Tribunal Militar de Campaña hasta los comités disciplinarios de los trabajadores, los comités que determinan los salarios del trabajo agrícola, los comités de fiscalización de bienes y los tribunales de reclamaciones de propiedades. Todo el Consejo Supremo de la Judicatura está bajo el control del jefe del régimen, que también es el comandante general del ejército. Tiene el derecho de emitir leyes y estatutos, anunciar amnistías generales y nombrar ministros. También es presidente del Consejo Supremo de la Judicatura, de acuerdo con las enmiendas legales introducidas por Hafez al-Assad. Para ello cuenta con el apoyo del Ministro de Justicia, el Viceministro de Justicia, el Jefe del Organismo de Inspección Judicial, el Fiscal de la República, el Jefe del Tribunal de Casación y los dos magistrados de mayor rango de ese tribunal. Además, los nombramientos judiciales requieren la aprobación de los cuatro principales organismos de seguridad. 

El derecho a la personalidad jurídica: Los sirios tienen derecho a la nacionalidad por nacimiento e inscripción en el registro civil, pero las autoridades manipulan este derecho para excluirlo del ámbito de los tribunales, utilizándolo como instrumento de control. El poder ejecutivo tiene derecho a retirar la ciudadanía de cualquier sirio por decreto presidencial de conformidad con la recomendación del Ministro del Interior, así como a conceder la ciudadanía por decreto. Las autoridades han manipulado este derecho especialmente con respecto a los kurdos. En 1962, el régimen llevó a cabo un censo excepcional, sin previo aviso, de un día de duración en Hasaka, sin aceptar objeciones posteriores. Más de 50.000 sirios que viven en la zona no fueron contados en el censo y por lo tanto se les negó la ciudadanía. Hoy en día son más de 300.000, que viven con documentos que los clasifican como extranjeros o como hijos de padres a los que se les niega la ciudadanía y, por lo tanto, no pueden registrarlos oficialmente. En otras palabras, más de 300.000 sirios viven actualmente sin personalidad jurídica. Ambos Assad han explotado esto para controlar y manipular la cuestión kurda para servir a sus propios intereses políticos y consolidar su autoridad. 

La reputación del régimen sirio en lo que respecta al derecho a la libertad de expresión y de opinión le precede. Durante muchos años, Siria ha sido clasificada como uno de los Estados más hostiles a la libertad de expresión y opinión por todas las organizaciones internacionales que se ocupan de esta cuestión. Tras su golpe de Estado, Hafez al-Assad inauguró su gobierno imponiendo el estado de emergencia e instituyendo medidas para controlar la vida pública en todos sus aspectos. Assad prohibió todos los partidos políticos excepto los que existen bajo el paraguas del Frente Nacional Progresista, dirigido por el Partido Baas. Prohibió la formación de asociaciones cívicas y disolvió los grupos existentes. Todas las licencias de prensa antiguas fueron canceladas y las nuevas sólo se concedieron a los periódicos del Estado y del Baas, que estaban estrictamente controlados por sus instrumentos en el Frente Nacional. También prohibió las asambleas de más de tres personas en lugares públicos, así como cualquier reunión en un lugar o casa privada. Se prohibieron la radio y la televisión privadas y el nombramiento de corresponsales de televisión y de noticias extranjeras dependía de los permisos administrativos de seguridad expedidos por el Ministerio de Información. Y finalmente, personas con opiniones independientes fueron arrestadas y detenidas. 

La opción del terrorismo para enfrentar las demandas populares 

Mientras el régimen liberaba de sus prisiones a terroristas y extremistas endurecidos para justificar su brutalidad, se negó a liberar a activistas pacíficos y los mató en sus prisiones y centros de detención. A finales de la década de 1970, Hafez al-Assad dio rienda suelta a la Vanguardia Combatiente y utilizó esto como pretexto para su posterior represión. Su hijo siguió la misma táctica, liberando a los terroristas de las prisiones sirias que usó para luchar contra los estadounidenses en Iraq. El aliado de Assad, el ex primer ministro de Iraq, Nouri al-Maliki, también permitió a los terroristas “escapar” de las prisiones iraquís. Patrocinados y financiados por Irán, los terroristas socavaron las exigencias de libertad y dignidad del pueblo y sirvieron de justificación para la brutalidad sin precedentes del régimen sirio contra su propio pueblo. El régimen explotó la cooperación y el apoyo de la comunidad internacional para su aparente guerra contra el terrorismo. La renuente posición de la comunidad internacional sobre la rendición de cuentas y el castigo de los crímenes se dejó de lado en favor de un enfoque basado únicamente en soluciones políticas, que encajan perfectamente en el juego del régimen. De hecho, esto contribuyó a fomentar la creencia, no sólo entre el régimen sino entre todos los actores, de que las soluciones políticas de la comunidad internacional abarcarían y alcanzarían a todos los crímenes. A su vez, no hubo elementos disuasorios para frenar los actos más atroces con una resolución política y, en última instancia, se hizo borrón y cuenta nueva. La débil postura de la comunidad internacional respecto a los crímenes y violaciones de los derechos humanos, animó a matar, destruir y cometer crímenes con impunidad a estados como Irán y Rusia, a muchos sirios y yihadistas extranjeros -incluyendo a grupos chiítas libaneses y Hezbolá, así como a yihadistas de Al Qaeda.

Los extremistas kurdos vieron en ello una oportunidad de imponer su propio programa separatista a los kurdos sirios y al pueblo sirio, formando una milicia ayudada por el régimen para controlar las zonas bajo su influencia y cometer diversos crímenes contra kurdos y árabes. Los extremistas kurdos participaron en la depuración étnica como respuesta a las políticas de arabización y desplazamiento forzado de los kurdos, emprendidas por el régimen en las mismas zonas en el decenio de 1960. 

Los países vecinos, Irán, Hezbolá y los grupos chiís iraquís lo vieron como una oportunidad para participar en la limpieza demográfica en las áreas bajo su control, participar en el proselitismo chií y matar a aquellos que no obedecían. Pero esto no se considera un problema; después de todo, la comunidad internacional ha dicho que todo el mundo formará parte de la futura resolución política, que encubrirá todos sus crímenes. De hecho, esto no hizo sino reforzar su creencia de que cuanto más sangre siria derramaban, más posibilidades tenían, como el régimen, de sentarse a la mesa de negociaciones. El ejemplo libanés mostró que los señores de la guerra del asesinato y la destrucción se convirtieron en los señores de la política y la diplomacia. Sudán, también ofreció otro ejemplo; aunque Bashir había cometido crímenes de guerra y fue nombrado en una orden de detención de la Corte Penal Internacional, siguió ocupando la presidencia y se reunió con líderes de la comunidad internacional sin vergüenza. 

El terrorismo como subproducto del silencio internacional 

Las violaciones de los derechos humanos en Siria, perpetradas sin ninguna respuesta de la comunidad internacional, precedieron a la Primavera Árabe, que comenzó en Túnez y se extendió hasta llegar a Siria, donde el pueblo sirio sintió que había llegado el momento de librarse de cuarenta años de servidumbre. Pero las autoridades sirias se enfrentaron al levantamiento con la versión más dura de terrorismo de Estado. Utilizó su ejército directamente para reprimir el levantamiento pacífico desde sus primeros días en marzo de 2011 en la provincia de Deraa y finalmente lo sitió con tanques a finales de ese mes. Una vez más, la comunidad internacional se quedó de brazos cruzados mientras el régimen utilizaba las formas más violentas y despiadadas de terrorismo contra su propio pueblo. De hecho, ha dado ánimos constantemente el gobierno de Assad al declarar que no intervendrá para detener la carnicería. Las superpotencias internacionales guardaron silencio respecto a los crímenes e impidieron cualquier intento de responsabilizar a los criminales. La tragedia ha persistido durante meses y años mientras la comunidad internacional observaba los asesinatos y la destrucción, perpetrados con las armas más letales y de las maneras más atroces; es como si estuviera viendo una película que no significa nada. Por lo tanto, los sentimientos de resentimiento popular se han enfurecido, el rencor ha surgido de la esperanza y el extremismo ha aumentado a medida que el régimen ha matado a activistas pacíficos y democráticos que fueron combatidos por todos los Estados. 

Este sangriento régimen ha lanzado más de 5.250 barriles bomba sobre territorio sirios, incluyendo 2.000 después de la emisión de la Resolución 2139 del Consejo de Seguridad de la ONU del 22 de febrero de 2014. Los barriles bomba han matado a más de 12.500 personas, entre ellas 7.000 después de la emisión de la Resolución 2139 hace casi dos años. Alrededor del 90 por ciento de esas víctimas eran civiles y el 52 por ciento eran mujeres y niños. No obstante, la comunidad internacional sigue vigilando esos crímenes y la tragedia humana sin tomar medidas para detenerlos y exigir responsabilidades a sus autores. Todas las declaraciones que ha emitido son papel mojado, no han sido respetadas ni observadas por nadie, ni siquiera por quienes las emiten. 

Después de que el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas emitiera resoluciones que prohibían el uso de armas químicas, el régimen sirio volvió a utilizar esas armas más de 40 veces. A pesar de estas flagrantes violaciones de las resoluciones internacionales, nadie ha adoptado una postura. A pesar de las más de 300.000 víctimas y los 3,5 millones de heridos, la comunidad internacional observa la matanza en silencio, su única reacción fueron las declaraciones de condena. Ni siquiera se intenta notificar a los autores de los crímenes que pueden ser procesados y pagar el precio de sus actos y que la justicia para las víctimas está llegando. 

Conclusión

El pueblo sirio, defraudado por toda la comunidad internacional al ver cómo el régimen los masacraba, ha renunciado a los valores y principios que la comunidad internacional defiende de boquilla. En este contexto, se han vuelto más que receptivos ante cualquier salvador bajo cualquier estandarte que defienda su existencia y los sostenga. Quiero que imaginen que cada hora, dos prisioneros mueren en centros de detención sirios a causa de tortura o de condiciones inhumanas, durante un período de sufrimiento en el que deseaban haber muerto cientos de veces. 

Quiero que se imaginen a las madres, esposas e hijos de los detenidos detenidos durante meses o quizás años sin que se sepa nada de ellos. Estas mujeres se mueven de un departamento de seguridad a otro con fotos de sus seres queridos; tal vez un detenido que ha sido liberado pueda decirles si se han encontrado con sus familiares en la cárcel. Tal vez este detenido pueda asegurarles que sus familiares siguen vivos. Estas mujeres son extorsionadas por personal militar y de seguridad o intermediarios y abogados vinculados al aparato de seguridad y militar, que pueden ofrecer información sobre el paradero, el estado de salud o el juicio de un detenido a cambio de grandes sumas de dinero. 

Quiero que se imaginen una celda de detención de no más de 20 metros cuadrados llena con más de 200 detenidos que permanecen de pie durante días y semanas porque no hay espacio para acostarse o sentarse. Los afortunados son los que pueden apoyarse en una pared. Imagínese que están sujetos a tortura, incluyendo palizas, posturas de estrés, suspensión, electrocución, violación, inanición y negación de atención médica. Las organizaciones de derechos humanos estiman que más de 50.000 detenidos han muerto hasta la fecha a causa de la tortura y las condiciones inhumanas en esos centros. Se desconoce la suerte de más de 150.000 detenidos. La mayoría de ellos fueron detenidos en puestos de control militares y de seguridad, durante redadas de seguridad en barrios residenciales de zonas bajo control del régimen, o en redadas militares en zonas que escaparon del control del régimen. En la mayoría de los casos, los hombres y los jóvenes son detenidos arbitrariamente. Sus seres queridos no tienen noticias de ellos y no se les permite visitar o contactar abogados. Pasan meses y años desaparecidos, sin cargos ni juicio, ni siquiera noticias de su situación. A pesar de algunos procesos de reconciliación en ciertas zonas, las autoridades se niegan a liberar a los detenidos; incluso cuando las demandas se limitan a las mujeres, las autoridades se han negado, aunque ocasionalmente pueden liberar a algunos detenidos de larga duración. Más de 3.000 mujeres siguen detenidas y, a veces, se detiene a familias enteras, incluidas mujeres y niños de apenas unos meses. 

Imagínese los miles de activistas pacíficos, los cientos de periodistas, los cientos de médicos y farmacéuticos, las docenas de abogados que siguen detenidos. Las amnistías han alcanzado a todos los que portaban armas, pero no a estos activistas pacíficos. Vean por un momento a los civiles que mueren mientras duermen por gases químicos tóxicos. Acompañen al padre que busca las partes de los cuerpos de su familia bajo los escombros después de un barril bomba. Espere alguna caridad o benevolencia de los países de refugio para que pueda alimentar a sus hijos o conseguir una tienda de campaña o un techo donde refugiarse. 

Imagínese sin refugio después de que una bomba de barril o un proyectil de mortero destruya la casa que usted pasó su vida construyendo. Viva sólo un día bajo un completo asedio que le impide moverse o encontrar un pedazo de pan, donde sus hijos pueden morir de hambre o enfermedad en ausencia de medicamentos que puedan salvarlos. Esta es sólo una imagen parcial de la realidad de las tragedias y el sufrimiento del pueblo sirio. 

Quiero añadir otro hecho: la ley siria prohíbe el enjuiciamiento de cualquier miembro de la seguridad, del ejército o de la policía sin la aprobación previa de su superior, otorgando a todo el personal de seguridad inmunidad contra el castigo por sus crímenes, y permitiéndoles cometer más. Quiero que se ponga ahora en el lugar de un pueblo -la mitad de ellos refugiados y desplazados sin techo, sin ingresos ni ayuda- e imagine que los grupos de extremistas, la mayoría de ellos de fuera del país, llegan a gobernar, imponiendo sus ideas y aterrorizando, secuestrando y matando a activistas y periodistas pacíficos. Ahora quiero que responda a esta pregunta: ¿de dónde viene toda esa violencia y terrorismo sin precedentes y cómo podemos luchar contra ello? 

Las ideas extremistas han sido impuestas por la violencia a lo largo de la historia. Siempre hay alguien que cree en ellas y en la violencia, y lo justifica haciendo referencia a objetivos nobles, intereses superiores o mandamientos divinos. Las dictaduras lo han utilizado a lo largo de la historia y han utilizado el terrorismo para eliminar a sus enemigos. Organizaciones y Estados han adoptado el terrorismo al amparo de consignas nacionalistas como la liberación, la independencia y la unidad nacional. 

El problema no son las ideas extremistas; existen en todas las religiones, ideologías y sistemas políticos, intelectuales y de creencias. Existen en todas las sociedades y en todas las edades, pero siempre fueron crímenes a los que oponerse sean cuales fueren sus motivos. El problema es encontrar un ambiente y una incubadora social, política y cultural que fomente esas ideas. El problema es cuando las violaciones de los derechos humanos conllevan tal degradación, pobreza e insulto sin posibilidad de autodefensa o de reclamar derechos por medios legítimos, cuando todas las vías legales y pacíficas están bloqueadas. A continuación, las personas recurren a fuerzas divinas o sagradas ocultas para que les ayuden a perdurar, y se vuelven receptivas a las ideas de los extremistas, que se aprovechan de la situación para alcanzar sus propios objetivos, facilitando el surgimiento de un entorno propicio para el terrorismo y el extremismo. 

El problema más grande es que la comunidad internacional no impide el terrorismo llevado a cabo por los Estados contra su propio pueblo u otros con el pretexto de la legitimidad, las relaciones internacionales y los intereses. Concentra sus esfuerzos en los síntomas al tiempo que margina al terrorismo real o a sus principales impulsores, alimentándolo y fomentándolo. El terrorismo entonces, no hace más que volverse más extremo, más brutal, y el mundo entero entra en un círculo vicioso en el que todos sufren. La verdad es que si no se aborda la cuestión de manera auténtica, los próximos años serán una catástrofe para todos. 

El pensamiento extremista necesita un pensamiento extremista opuesto para justificar su existencia. Cada parte utiliza el extremismo violento del otro para justificar su propia conducta y movilizar a sus partidarios. Son dos caras de la misma moneda; se necesitan el uno al otro, y si una cara no existiera, la otra la crearía. Esto es lo que las dictaduras han hecho y siguen haciendo, creando el monstruo del terrorismo, ya sea directa o indirectamente como resultado de su brutal opresión. 

¿Qué puede ser un clima más propicio que aquel en el que proliferan la opresión, la injusticia y la degradación, y en el que faltan la justicia y los medios de expresión pacífica? Cuando la justicia real está ausente, o se hace ausente, las víctimas recurren a otros medios para reclamar sus derechos, y ¿quién puede culparlas cuando se enfrentan a la negligencia y la incapacidad internacionales? 

Hay quienes en Siria están fabricando el terrorismo creando el clima necesario para que prospere y proporcionando el combustible para mantenerlo en marcha. Hay fábricas de muerte y terrorismo en los centros de detención, en el aire lleno de gas venenoso, y en el asedio e inanición bajo la amenaza de bombas de barril. No se puede hablar de luchar contra el terrorismo ni de iniciar ninguna resolución política a la crisis siria antes de poner fin a esta situación. 

La comunidad internacional está participando en la fabricación del terrorismo al mantenerse al margen y no tomar ninguna medida para impedir que se cometan crímenes. Lo está haciendo al impedir que se haga justicia a las víctimas y al no enviar el mensaje de que los delincuentes serán responsables de sus delitos y que no hay escapatoria del castigo. Cuando la comunidad internacional actúa, lo hace parcialmente, haciendo uso de la justicia selectiva haciendo caso omiso de algunos crímenes y centrándose en otros. Esta selectividad juzga los delitos en función de los autores, su religión, nacionalidad o política, o en función de la religión y nacionalidad de la víctima. Así pues, los delitos graves se pasan por alto si sus autores levantan la bandera del laicismo o de la protección de las minorías, o si la víctima es de una religión determinada. El meollo del problema es la selectividad y la distinción que se hace entre el terrorismo cometido por un Estado -y su ejército contra su pueblo (que se pasa por alto) y el terrorismo de pequeños grupos armados contra el mismo pueblo. 

Cuando el régimen sirio mató a más de 200.000 personas y destruyó la mitad de Siria en tres años, la comunidad internacional titubeó, escudándose en la postura de Rusia y China y la dificultad de alcanzar una posición común internacional. Sin embargo, cuando ISIS mató a unas docenas de personas, entre ellas extranjeros, la comunidad internacional no esperó a las resoluciones de Rusia, China o del Consejo de Seguridad, sino que formó una alianza militar y comenzó a atacar en menos de una semana. 

La selectividad de tratar con el régimen sirio a pesar de los crímenes y actos de terrorismo que ha cometido -contra su propio pueblo y otros en la región durante más de 40 años en lugar de exigirle responsabilidades- crea terrorismo y fomenta su caldo de cultivo. Las consecuencias serán nefastas, ya que anima al régimen a cometer más crímenes y a avivar el resentimiento, lo que genera más contraterrorismo y más violencia. 

Toda la comunidad internacional está implicada en la creación y apoyo al terrorismo. Nunca puede haber una jerarquía o preferencia en relación al terrorismo. Todo discurso que no responda a los principios básicos de los derechos humanos, especialmente el principio de justicia para todos y la universalidad de los derechos humanos, independientemente de la identidad, la religión, la secta o la nacionalidad del delincuente y de la víctima, y que no incluya el compromiso de luchar contra el terrorismo independientemente de la identidad, la religión o la nacionalidad del autor y de la víctima, sólo alimentará el terrorismo. Ese discurso o esa acción carecerán de sentido; es una inútil pérdida de tiempo a expensas de la sangre y el sufrimiento del pueblo sirio. Sólo creará más terrorismo y amenazará la paz y la seguridad mundiales de las que ustedes son responsables. 

Notas

1 Anwar Al-Bounni es abogado sirio y Presidente del Centro Sirio de Investigaciones Jurídicas

2 La Vanguardia Combatiente, o Grupo Marwan Hadid, lleva el nombre de un destacado Hermano Musulmán que fue asesinado por las autoridades sirias en Hama a raíz de las importantes protestas contra el golpe militar y el llegada al poder del Partido Baas. Estas protestas exigían el retorno a la Constitución y el ejercicio de los derechos civiles. Hadid murió en la Prisión Militar de Mazza en 1976

3 Jenny Awford, “From Hitler to Assad: How one of the world’s most wanted Nazis was secretly employed by Syria as an agent of terror”, The Daily Mail, 62014/12/ Disponible en: http://www.dailymail.co.uk/news/article-2863568/From-Hitler-Assad-one-world-s-wanted- Nazis-secretly-employed-Syria-agent-terror.html#ixzzz3uIg8ZzEI

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