Carta abierta: Si la ONU no puede detener los crímenes de Assad, necesita cambiar

Autor: http://www.aljumhuriya.net  |      Traducción: Mariana Morena

Publicación original en inglés en Al Jumhuriya, 17 de septiembre de 2018

 

En una carta abierta a las Naciones Unidas (ONU), más de 80 reconocidos escritores, académicos y activistas dicen que ha llegado el momento de considerar la reforma radical del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, dado su deplorable fracaso en proteger a los sirios de la violencia masiva del régimen de Bashar al-Assad.

[Nota del editor: la siguiente es una carta abierta a las Naciones Unidas, firmada por más de 80 signatarios, sobre la situación actual en Siria y las implicaciones para el futuro de la comunidad internacional, representada por las Naciones Unidas y especialmente su Consejo de Seguridad. Además de ser publicada aquí por Al-Jumhuriya, la carta ha sido enviada directamente a más de una decena de altos funcionarios de la ONU, enumerados al final del texto a continuación.]

En 2000, el Secretario General Kofi Annan presentó un informe a las Naciones Unidas, Nosotros los pueblos: El rol de las Naciones Unidas en el siglo XXI (1). Los párrafos 215-219 analizaban lo que denominó el “dilema de la intervención”, caracterizado en términos de un conflicto entre la defensa de la humanidad y la defensa de la soberanía. Reconociendo que los estados son a menudo los “principales perpetradores contra los mismos ciudadanos que el derecho humanitario les exige proteger” (párrafo 210), declaraba que el Consejo de Seguridad tenía el “deber moral de actuar en nombre de la comunidad internacional” y que “con seguridad ningún principio legal -incluso la soberanía- puede proteger crímenes de lesa humanidad” (párrafo 219).

Este dilema no se ha resuelto, y los acontecimientos en Siria han dejado claro que el intento de forjar un consenso internacional en relación a la responsabilidad de los estados de proteger los derechos humanos de sus propios ciudadanos se ha estancado, y posiblemente haya fallado. Esta situación debe cambiar. Los fracasos que vemos en Siria son fallas de nuestra comunidad internacional;  como organismo representativo de la comunidad internacional, la responsabilidad del fracaso en detener la brutal campaña de terror del régimen de Assad contra los sirios recae sobre las Naciones Unidas. Si bien apreciamos las recientes observaciones del Secretario General António Guterres sobre la necesidad de proteger a los 3,5 millones de personas que se encuentran ahora en Idlib y sus alrededores, los últimos siete años no brindan ninguna base para ser optimistas en este sentido.

Los acontecimientos en Siria han provocado una parálisis en los niveles más altos de la ONU, enviando un mensaje -y no por primera vez- de que una soberana impunidad y el interés propio pueden al parecer superar todas las demás consideraciones cuando un país o uno de sus aliados tiene poder de veto en el Consejo de Seguridad; incluso que el asesinato en masas a escala genocida no será necesariamente detenido. Este mensaje es contrario a los propósitos y principios expresados en la Carta de la ONU (2), y es particularmente preocupante en un momento en que el ascenso de gobiernos cada vez más autoritarios y nacionalistas amenaza con socavar la cooperación internacional, la estabilidad y la paz, poniendo en peligro el trabajo requerido para lidiar con éxito frente a desafíos globales – reducción de conflictos; calentamiento global; pobreza e injusticias económicas, por nombrar algunos.La ONU sigue siendo una organización de considerable poder global, pero una indignación moral ineficaz junto con un juego continuo e infantil de tu quoque en el Consejo de Seguridad solo subraya cuán cuestionable se ha vuelto la eficacia de esta institución cuando un estado soberano viola los derechos humanos de su propio pueblo. Lo que ha sucedido en Siria en los últimos siete años es, por consiguiente, de enorme importancia mundial. Revela que incluso las crónicas documentadas de forma más clara y exhaustiva sobre los abusos de un gobierno no son garantía de que una población vulnerable y brutalizada pueda reclamar protección con éxito según el derecho internacional, y revela que los estados miembros de la ONU, particularmente aquellos en el Consejo de Seguridad, aparentemente son incapaces de actuar de manera conjunta cuando la acción es más necesaria. Independientemente de los esfuerzos diplomáticos y de otro tipo que se hayan hecho para detener la matanza, independientemente de las condenas al gobierno de Assad y sus aliados, no hay ninguna ayuda aparente para el pueblo de Idlib, que ahora se encuentra bajo una profunda amenaza. Les instamos a que hagan todo lo que esté a su alcance para evitar otra tragedia humana y humanitaria en Siria, y al hacerlo,  renovar el compromiso de su institución con la cooperación global y una ética de la asociación.

En cualquier momento de los últimos siete años, el gobierno de Siria podría haber decidido tomar medidas apropiadas y efectivas para proteger a su población contra el genocidio, los crímenes de guerra, la limpieza étnica y los crímenes de lesa humanidad, de acuerdo con el compromiso político que asumió cuando firmó el documento emitido por la Cumbre Mundial de 2005, que se basaba específicamente en la noción de “Responsabilidad de proteger” (R2P) (3). Este documento deja en claro que la soberanía no es solo un derecho a ser reivindicado frente a la interferencia externa, sino también una responsabilidad que tiene el gobierno de una nación soberana de proteger, garantizar y promover el bienestar de toda su población. Del mismo modo, el Proyecto de artículos sobre la responsabilidad de los Estados por actos internacionalmente ilícitos (4) presentado a la Asamblea General de las Naciones Unidas en 2001 reconoce una ley general de responsabilidad estatal dentro del derecho internacional, que es relevante en casos de considerable abuso estatal de sus propios ciudadanos, como ha ocurrido en los últimos siete años en Siria. Parecería que Assad ha superado a su institución, en el sentido de que sus principios más elevados no han demostrado hasta ahora ser compatibles con la impunidad del régimen.

El gobierno de Assad ha fallado totalmente en cumplir con algún criterio razonable de responsabilidad con respecto a la población civil de Siria. Con su decisión de responder a las protestas pacíficas y no violentas con mayor fuerza y violencia, este régimen mostró al mundo entero que no tenía intención de adherirse a ninguna norma humanitaria internacional con respecto al trato de las personas que residen dentro de sus fronteras; en lugar de ser protegidos y tratados con dignidad, los ciudadanos sirios fueron considerados como propiedad: asesinados, maltratados, aterrorizados, degradados y explotados como lo deseó el régimen. Según cifras recientes proporcionadas por OCHA, 13.1 millones de sirios necesitan asistencia humanitaria, 5.6 millones han huido del país y 6.1 millones han sido desplazados internamente (5). El Programa Mundial de Alimentos brinda asistencia a 3 millones de personas en Siria y a 1.5. millones de refugiados sirios fuera del país (6). Muchos miles han muerto bajo tortura en las cárceles del régimen (7), y el paradero de decenas de miles sigue siendo desconocido para cualquiera fuera del propio régimen(8). Y mientras la ONU dejó de rastrear cifras sobre el número de sirios civiles asesinados en el conflicto en 2014, el enviado especial de la ONU, Staffan de Mistura, estimó en 2016 que al menos 400,000 habían muerte (9), lo que probablemente sea una estimación baja.

El gobierno de Assad es responsable de más del 90% de las muertes documentadas de civiles en Siria desde 2011 (10). Todos los perpetradores de crímenes de guerra en Siria deben rendir cuentas por sus acciones, pero es importante subrayar la responsabilidad del régimen por la gran cantidad de violaciones que han ocurrido desde que comenzaron las protestas no violentas en 2011 -comportamiento acorde con un patrón integral, consistente y duradero de abuso ciudadano que comenzó bajo Hafez al-Assad y que fue tanto institucionalmente como informalmente consagrado en todo el estado sirio, desde la más modesta escuela de pueblo a las celdas más sombrías de Tadmor y Saydnaya.  Se ha documentado exhaustivamente que las actividades prohibidas por el derecho internacional se han convertido en práctica habitual en Siria, incluida la tortura y la muerte en las cárceles (11), desapariciones forzadas (12), ataques deliberados al personal y las instalaciones médicas (13), asedios por hambre (14), desplazamientos forzosos de civiles (15), y violación sistémica (16). Las armas químicas se han utilizado contra civiles en numerosas ocasiones, y el Mecanismo de Investigación Conjunta de la Organización para la Prohibición de las Armas Químicas (OPAQ-ONU) determinó que el régimen era directamente responsable del ataque en Khan Shaykhun (17). La Comisión Internacional Independiente de Investigación sobre la República Árabe Siria determinó que el gobierno de Assad utilizó armas químicas prohibidas en al menos 33 ocasiones (18). Y aunque Siria y su aliado Irán no son parte de la Convención sobre Prohibiciones o Restricciones en el Uso de Ciertas Armas Convencionales (19), sí lo es su aliado Rusia; el uso de las llamadas “bombas de barril” y otras armas incendiarias en áreas densamente pobladas contra civiles y personal médico ha resultado en muerte y destrucción considerables, y su uso debe ser investigado de acuerdo con el derecho internacional.
Nuevamente, los últimos siete años han demostrado que hasta ahora la ONU ha probado ser institucionalmente incapaz de detener la violencia. Su legitimidad ha sido desprestigiada, y el Estado de Assad ha sido libre de actuar contra los sirios como desea, sin restricciones. El hecho de que se estén debatiendo ahora los proyectos de reconstrucción indica que las oportunidades comerciales futuras y los acuerdos comerciales superan los derechos humanos de los sirios, que de todos modos nunca tuvieron ninguna importancia real para el régimen.  Si esos derechos humanos siguen teniendo importancia para la comunidad internacional en su conjunto, representada por la ONU, entonces la ONU debe actuar inmediatamente para protegerlos y asegurarlos, aunque sea tardíamente, o admitir que la institución se encuentra en una encrucijada y comenzar un proceso de reforma integral, particularmente con respecto al poder otorgado al Consejo de Seguridad. El actual statu quo es intolerable, y debe cambiarse, por el bien de los sirios y, de hecho, por el bien de todos en nuestro mundo.
No hay ninguna indicación, absolutamente ninguna, de que el régimen y sus aliados de pronto comiencen a restringir el uso de la violencia en relación con la población civil que reside en Idlib. El régimen no combate el “terror”, lo desata. Ustedes, como empleados del cuerpo representativo de la comunidad global, deben actuar para prevenir lo que muchos razonablemente tememos que sea una matanza horrible. Ese es su trabajo.
Sinceramente:

* las afiliaciones son solo para fines de identificación

Amina A., Nueva York, Grupo de Vigilancia por la Paz en Siria

Muhammad Idrees Ahmad, Universidad de Stirling

Nadia Aissaoui, socióloga e investigadora feminista

Khaldoon Alaswad, MD Activista por los derechos humanos, Director, Laboratorio de cateterismo Henry Ford Hospital

Jules Alford, escritor

Ron Aminzade, Profesor Emérito de Sociología, Universidad de Minnesota

Joey Ayoub, Universidad de Edimburgo. Editor de MENA en Global Voices Online e IFEX

Amr Al-Azm, Profesor de Historia y Antropología de Medio Oriente, Universidad Estatal de Shawnee

Iyad El-Baghdadi, Presidente, Centro Kawaakibi, Oslo

Joseph Bahout, becario no residente en el programa Carnegie Endowment, Middle-East

Adam Baczko, Investigador, PhD Candidate, l’EHESS

Zeina Bali, SPACE – Noruega

Mélanie Basset

Andrew Berman, Veteranos por la Paz

Brooke Binkowski, periodista

Peter Bohmer, Facultad de economía política, Evergreen State College, Olympia, WA, EE. UU.

Fred Breton, conservacionista

François Burgat, politólogo, Aix en Provence

André Burguière, historiador, director de investigación, l’EHESS

Terry Burke, activista por la paz y los medios, Minneapolis, MN

Marina Centonze, bibliotecaria

Hassan Chamoun, cineasta

Elena Chiti, becaria postdoctoral, Universidad de Oslo

Clay Claiborne, Director, Vietnam: Holocausto estadounidense, Linux Beach Productions

Clara Connolly, Siria Solidaridad UK

Catherine Coquio, profesora universitaria

Gail Daneker, activista por la paz y los derechos humanos, St. Paul, MN

Charles Davis, periodista

Andreas Liebe Delsett, Director artístico, La casa de la literatura, Oslo

Frédérik Detue, Profesor Asociado, Universidad de Poitiers

Naomí Ramírez Díaz, académica y traductora

Claude d’Estrée, Profesor de Derecho Internacional y Derechos Humanos

Anne Eveleth, Comités Antiguerra en Solidaridad con las Luchas por la Autodeterminación (AWC)

Murhaf Fares, PhD fellow, Universidad de Oslo

Darren Fenwick, JD, VP, Consejo sirio-americano

Yasmin Fredda, director de cine

Bob French, Comités de Noticias y Letras, Chicago

Shiyam Galyon, Movimiento político de las mujeres sirias

Kelly Grotke, escritor e historiador

Dra. Lucy McGuffey, Departamento de Ciencias Políticas, Universidad de Colorado, Denver

Subhi Hadidi, crítico literario y editorialista

Marc Hakim, médico

Mazen Halabi, Director de Desarrollo Comercial, WATAN

Sam Charles Hamad, escritor

Juliette Harkin, profesora, Universidad Anglia Ruskin

Nader Hashemi, Director, Centro de Estudios del Medio Oriente, Univ. de Denver

Stephen Hastings-King, escritor e historiador

Stanley Heller, anfitrión, noticias de TV “The Struggle”

Dr. H.A. Hellyer, investigador principal no residente y profesor visitante, Royal United Services Institute, Atlantic Council y CASIS

Steven Heydemann, Profesor Ketchum de Estudios del Medio Oriente, Smith College

Joël Hubrecht, jurista, Institut des hautes études sur la justice, Francia

Sarah Hunaidi, escritora, traductora y activista

Afra Jalabi, escritor

Jørgen Jensehaugen, Universidad de Ciencias Aplicadas de Noruega Interior

Betcy Jose, Departamento de Ciencias Políticas, Universidad de Colorado Denver

Dr. Michael Karadjis, Western Sydney University

Muhmmad Alkasoom, maestro y activista

Keenan Kassar, candidato a MBA, Universidad de Chicago

Oz Katerji, periodista

Dragana Kaurin, investigadora

Sarah Kay, abogada de derechos humanos

Abdul-Wahab Kayyali, académico y músico

Polly Kellogg, profesora retirada de Humanidades, Universidad Estatal de St Cloud, Minnesota

Línea Khateeb, Asesor, Ayuda popular noruega

Sarah Kilani, médico

Kim Kokett, educadora y activista por la paz, Minneapolis, MN

Andrea Love, Educadora y Activista por la Paz, Minneapolis, MN

Ketil Magnussen, director del cine documental de Oslo

Ziad Majed, profesor asociado en la Universidad Americana de París

Farouk Mardam Bey, historiador y editor

Amenah Masri, Massachusetts

Jamie Mayerfeld, profesor de ciencias políticas, Universidad de Washington

Kathleen McKay, Miembro de la Junta Emérito, Proyecto de Reconciliación Iraquí y Estadounidense

Fred Mecklenburg, Comités de Noticias y Cartas

Franck Mermier, profesor e investigador principal en el CNRS, Francia

Adnan Al Mhamied, trabajador social sirio, estudiante de doctorado, escuela de trabajo social, McGill University

Yasser Munif, Emerson College

Karam Nachar, Universidad de Işık

Véronique Nahoum-Grappe, antropóloga y profesora universitaria

Mansour Omari, periodista y defensor de los derechos humanos

Şenay Özden, Investigador, Turquía

Wendy Pearlman, Universidad de Northwestern

Teresa Pepe, Universidad de Oslo

Caterina Pinto, Universidad de Bari

Raphaël Pitti, profesor y médico

Claire A. Poinsignon, periodista independiente

Danny Postel, Programa de Estudios del Medio Oriente y Norte de África, Universidad de Northwestern

Kester Ratcliff

Kenan Rahmani, abogado y activista sirio-estadounidense

Leila Nachawati Rego, escritora y profesora

Mary Rizzo, traductora y activista

Alex Rowell, Al-Jumhuriya English

Adam Sabra, Profesor de Historia, Universidad de California, Santa Bárbara

Najwa Sahloul, Francia

Zaher Sahloul, MD, presidente y cofundador de MedGlobal

Yassin al-Haj Saleh, periodista

Jason Schulman, revista New Politics

Stephen R. Shalom, Universidad William Paterson de NJ

Tristan Sloughter, Denver Socialistas Democráticos de América

Bendik Sørvig, Trabajador de humanitario y Autor, Noruega

Edward Sutton, Socialistas Demócratas de las Ciudades Hermanadas de América

Stefan Tarnowski, Candidato a Doctor, Columbia University

David Turpin Jr., Comités Antiguerra en Solidaridad con las Luchas por la Autodeterminación (AWC)

Bjørn Olav Utvik, Profesor de Historia de Medio Oriente, Oslo

Leila Vignal, profesora universitaria

Johannes Waardenburg, historiador

Elisabeth Ward, Directora Ejecutiva, Instituto Internacional de Derecho de los Derechos Humanos, DePaul University, Chicago

Joshka Wessels, Universidad de Lund

David Williams, Foro Peregrino de Wisconsin

Lydia Wilson, Investigadora, Centro para la Resolución de Conflictos Intratables, Universidad de Oxford

Harald Wolf, sociólogo, Instituto de investigación sociológica de la Universidad de Göttingen, Alemania

Nisrine Al Zahre, Profesora universitaria

Carta abierta a:

Estados Miembros de la Asamblea General de la ONU y miembros del Consejo de Seguridad de la ONU, a través del Presidente del Consejo de Seguridad Nikki Haley (término de septiembre) Sede de la ONU, 405 East 42nd Street, Nueva York, NY, 10017, EE. UU.

a través del Portavoz del Secretario General Stéphane Dujarric:

-Miembros de la Asamblea General de la ONU y miembros del Consejo de Seguridad de la ONU

-Secretario General de la ONU António Guterres

-Oscar Fernández-Taranco, Subsecretario General de Apoyo a la Consolidación de la Paz, Oficina de Apoyo a la Consolidación de la Paz de las Naciones Unidas (PBSO), Secretaría de las Naciones Unidas, piso 30, Nueva York, NY 10017

 

-Marta Santos Pais, Representante Especial de la ONU del Secretario General para la Violencia contra los Niños, a través de la Sede de las Naciones Unidas, 405 East 42nd Street, Nueva York, NY, 10017, EE. UU.

-Jean-Pierre Francois Renaud Lacroix, Secretario General Adjunto de Operaciones de Mantenimiento de la Paz, Secretaría de las Naciones Unidas, piso 30, Nueva York, NY 10017

a través de Elizabeth Cabal, Punto Focal para ONG:

-Jeffrey Feltman, Secretario General Adjunto de Asuntos Políticos, Departamento de Asuntos Políticos de la Asamblea General de las Naciones Unidas, 405 East 42nd Street, Nueva York, NY, 10017, EE. UU.

-Staffan de Mistura, Enviado Especial de las Naciones Unidas para Siria, Departamento de Asuntos Políticos de la Asamblea General de las Naciones Unidas, 405 East 42nd Street, Nueva York, NY, 10017, EE. UU.

a través de la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (ACNUDH):

-Michelle Bachelet, Alta Comisionada de los Derechos Humanos, Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, (ACNUDH), Palais des Nations, CH-1211 Ginebra 10, Suiza

-Paulo Pinheiro, Karen Koning Abuzayd, y Hanny Megally, Comisión Internacional Independiente de Investigación sobre la República Árabe Siria, Consejo de Derechos Humanos de la ONU, Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (ACNUDH), Palais des Nations, CH-1211 Ginebra 10, Suiza

a través de la Oficina de las Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA):

-Mark Lowcock, Secretario General Adjunto y Coordinador del Socorro de Emergencia, Oficina de las Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA)

-Ursula Mueller, Subsecretaria General de Asuntos Humanitarios y Coordinadora Adjunta de Ayuda de Emergencia, Oficina de las Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA)

-Panos Moumtzis, Coordinador Humanitario Regional para la Crisis Siria, Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de la ONU (OCHA)

a través de la Oficina de las Naciones Unidas contra el Terrorismo:

-Vladimir Ivanovich Voronkov, Secretario General Adjunto

-Jehangir Khan, Director

a través de la Oficina de Asuntos de Desarme de las Naciones Unidas (UNODA):

-Thomas Markram, Director y Adjunto al Alto Representante para Asuntos de Desarme, Oficina de Asuntos de Desarme de las Naciones Unidas (UNODA)

-Izumi Nakamitsu, Secretario General Adjunto y Alto Representante para Asuntos de Desarme

a través del Departamento de Asuntos Económicos y Sociales de las Naciones Unidas, División de Población – Migración Internacional, Naciones Unidas, 2 United Nations Plaza, Rm. DC2-1950, Nueva York, NY 10017 EE. UU.

-Louise Arbour, Representante Especial de las Naciones Unidas para la Migración Internacional

-Peter Sutherland, Representante Especial del Secretario General de las Naciones Unidas (SRSG) para la migración internacional

-David Beasley, Director Ejecutivo, Programa Mundial de Alimentos (PMA)

-Adama Dieng, Asesora Especial de las Naciones Unidas para la Prevención del Genocidio, Oficina de las Naciones Unidas para la Prevención del Genocidio y la Responsabilidad de Proteger, Sede de las Naciones Unidas, 405 East 42nd Street, Nueva York, NY, 10017, EE. UU.

-Henrietta H. Fore, Directora Ejecutiva, UNICEF

-Virginia Gamba, Representante Especial del Secretario General para los Niños y los Conflictos Armados de la ONU, Oficina del Representante Especial del Secretario General para los Niños y los Conflictos Armados, Naciones Unidas 405 East 42nd St Nueva York, NY 10017, EE. UU.

-Dr Tedros Adhanom Ghebreyesus, Director General, Organización Mundial de la Salud (OMS), 20, avenue Appia, Ginebra, Suiza a través de los medios de comunicación de la OMS

-Filippo Grandi, Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), Case Postale 2500, CH-1211 Genève 2 Dépôt, Suiza

-Christopher Gunness, Portavoz, Director de Promoción y Comunicaciones Estratégicas, Agencia de Obras Públicas y Socorro de las Naciones Unidas para los Refugiados de Palestina en el Cercano Oriente (OOPS)

-Nils Melzer, Relator Especial de la ONU sobre la Tortura, Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (ACNUDH), Palais des Nations, CH-1211 Ginebra 10, Suiza

-Ahmed Al Meraikhi, Enviado Humanitario del Secretario General de la ONU, Oficina del Enviado Humanitario del Secretario General, PO Box 250, Calle 804, Edificio 44 Zona 66 West Bay Lagoon, Doha, Qatar

-Gustavo Adolfo Meza-Cuadra Velásquez, presidente del Comité contra el Terrorismo del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, Consejo de Seguridad de la ONU, a través de la Sede de las Naciones Unidas: 405 East 42nd Street, Nueva York, NY, 10017, EE. UU.

-Jens Modvig, Presidente y miembros del Comité contra la Tortura, UNOG-OHCHR, CH-1211 Ginebra 10 (Suiza)

-Iyad H. Nasr, Oficial Regional de Información Pública, Oficina Regional para Oriente Medio y África del Norte (ROMENA), Oficina de las Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA)

-Nassir Abdulaziz al-Nasser, Alto Representante de la ONU para la Alianza de Civilizaciones, Secretaría de la Alianza de Civilizaciones de las Naciones Unidas, 730 Third Avenue, 20th Floor, Nueva York, Nueva York 10017

-Fionnuala D. Ní Aoláin, Relatora Especial sobre la promoción y protección de los derechos humanos y las libertades fundamentales en la lucha contra el terrorismo, Consejo de Derechos Humanos de la ONU

-Pramila Patten, Secretaria General Adjunta, Representante Especial de las Naciones Unidas sobre la violencia sexual en los conflictos, Oficina del Representante Especial del Secretario General sobre la violencia sexual en los conflictos (SRSG-SVC)

-Jana Reinišová, Presidenta del Consejo Ejecutivo, Organización para la Prohibición de las Armas Químicas (OPAQ), Johan de Wittlaan 32, 2517 JR – La Haya, Países Bajos

-Ivan Šimonović y / o nombramiento pendiente, asesor especial de las Naciones Unidas sobre la responsabilidad de proteger, Oficina de las Naciones Unidas para la Prevención del Genocidio y la Responsabilidad de Proteger, Sede de las Naciones Unidas, 405 East 42nd Street, Nueva York, NY, 10017, EE. UU.

-Achim Steiner, Administrador, Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), One United Nations Plaza, Nueva York, NY 10017 EE.UU. a través del Sr. Noeman M M AlSayyad, Asesor Regional de Comunicaciones

-Vojislav Šuc, Presidente, Consejo de Derechos Humanos, Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (ACNUDH), Palais Wilson, 52 rue des Pâquis, CH-1201 Ginebra, Suiza

-Juliette S. Touma, Jefe de Comunicación, Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), Oficina Regional para Oriente Medio y África del Norte (Jordania)

-Mourad Wahba, Director, Oficina Regional para los Estados Árabes, Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), One United Nations Plaza, Piso DC1-22, Nueva York, NY, 10017

-Ali H. Za’tari, Coordinador Residente / Humanitario de la República Árabe Siria, Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD)

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