Recordando a Raed, quien creyó que Siria podía ser salvada por sus gentes

Autor: Iyad el-Baghdadi *     |      Traducción: Elisa Marvena

Publicación original en inglés en The Washington Post, 27 de noviembre de 2018

El viernes, Raed Fares, revolucionario sirio, periodista ciudadano y líder de la sociedad civil, fue asesinado en el norte de Siria por hombres armados y enmascarados, sospechosos de estar afiliados a Al Qaeda. Tenía 46 años. Hammoud Jneed, amigo y fotógrafo de Raed, también fue asesinado.

La noticia me llegó como un golpe en el estómago, a mí y a muchos y muchas activistas de todo el mundo: Raed era un amigo, una inspiración y un maestro. Si tuviera que hablar de lo que él me enseñó, no sabría por dónde empezar, y no sabría dónde parar. Pero escribo estas líneas para tratar de contaros quién era, por qué estamos destrozados por su pérdida, y por qué tuvimos la suerte de tenerlo.

Durante el Freedom Forum de Oslo en 2017, Raed comenzó su discurso mostrando un video de las secuelas de una de las masacres que el presidente Bashar al-Asad cometió en Kafranbel, una pequeña ciudad del norte de Siria donde los aviones de guerra del dictador habían bombardeado un mercado. “Me resulta relativamente fácil mostraros lo que pasó. Pero es casi imposible describir el olor que se respiraba en el mercado después de la masacre – un olor a polvo, a pólvora, a sangre y a carne y verduras quemadas”. Luego hizo una simple pregunta: ¿Valió la pena empezar una revolución contra Asad, si el resultado es una destrucción como ésta?

Raed estaba allí para decirnos por qué, en su opinión, valía más que la pena.

Raed era conocido por la mayoría de los activistas interesados en Siria o en la Primavera Árabe, en general, pero fuera de este círculo no era un nombre muy conocido. Normalmente se presentaba como el “gerente de Radio Fresh”, la estación de radio local de Kafranbel, ciudad natal de Raed. (También compartió sus ideas con una amplia gama de medios de comunicación globales, incluyendo el Washington Post). Pero si se le preguntaba sobre su obra, la asombrosa escala y alcance de ésta pronto se hacía aparente. 

Aunque la frase “líder de la sociedad civil” era correcta, no le hacía justicia. Su organización dirigía empresas de medios de comunicación locales, programas de formación profesional, servicios de terapia para adolescentes, ligas de voleibol y fútbol, instalaciones de tratamiento médico y parques vecinales en toda la gobernación de Idlib, en Siria, además de organizar protestas regulares en esa pequeña ciudad de menos de 30.000 habitantes.

La construcción de la sociedad civil era, para Raed, la máxima expresión de resistencia contra Asad. “Asad convenció al mundo – y nos convenció a todos – de que Siria no puede existir sin él. Lo que hicimos aquí fue probar que sí puede. Decidimos guiar nuestro propio destino con nuestras propias manos”, dijo una vez durante una entrevista.

No es de extrañar que Raed fuera odiado tanto por Asad como por los extremistas. Asad quemó las oficinas de su organización dos veces y las bombardeó dos veces más. El Estado islámico, por otra parte, atacó dos veces las mismas oficinas y, en enero de 2014, unos hombres armados sospechosos de pertenecer a ISIS dispararon una lluvia de balas a corta distancia contra Raed, golpeándolo tres veces en el pecho. Sobrevivió, pero unos meses después, la filial de al-Qaeda en Siria lo arrestó y le torturó.

No sería la última vez que Al Qaeda lo secuestraría. El grupo extremista lo secuestró de nuevo en enero de 2016, pero esta vez la historia terminó de manera diferente. La inmensa presión popular obligó a Al Qaeda a ponerlo en libertad y a presentar una disculpa. Para Raed, éste fue un momento de inmenso orgullo: “La sociedad civil venció sobre las armas”. Fue un momento que justificó su filosofía. Una sociedad fuerte, creía él, era el mejor baluarte contra la tiranía y el terrorismo.

La filosofía de Raed mostraba por qué estaba mucho menos preocupado por los acontecimientos militares en el terreno de lo que uno podría haber esperado. En otra entrevista, explicó su creencia de que una sociedad despierta es la mejor y más obstinada forma de resistencia tanto a la dictadura como al terrorismo: “Si la sociedad civil sigue desarrollándose en la dirección correcta, la situación militar será mucho menos importante. Si la sociedad es lo suficientemente fuerte, la tiranía no puede vencer”.

Raed sabía que ésta no era una tarea que pudiera llevarse a cabo en pocos años, después de cinco décadas de vida bajo la familia Asad. “Las posibilidades de que mi generación vea una Siria normal y libre son remotas”, dijo una vez. “Es por nuestros hijos que decidimos levantarnos.”

Es por eso que Raed no pensó en dejar Siria, ni siquiera sabiendo que vivía como un hombre marcado, pudiendo ser asesinado en cualquier momento. Raed viajaba fuera de Siria de vez en cuando, pero siempre volvía a Kafranbel. Irse era impensable para él, porque ahí es donde estaba su proyecto y el trabajo de su vida: en Siria, construyendo su sociedad civil.

Raed ya no está, pero la infraestructura de la sociedad civil que él construyo vive, al igual que un sinnúmero de jóvenes sirios a los que llegó a formar, empoderar e inspirar. El día después de su funeral, volvieron las protestas que él ayudó a organizar durante cinco años. Esta semana, las pancartas decían: “Raed y Hammoud, puede parecer que os mataron, pero seguís con nosotros como inspiración y luz de libertad.”

Durante ese discurso en Oslo en 2017, Raed hizo una analogía entre la Revolución Francesa y la Revolución Siria: “La Revolución Francesa cambió la fisionomía de Europa, porque cambió al pueblo en sus adentros. La Revolución Siria cambiará la fisionomía de Medio Oriente porque está cambiando a la gente en sus adentros. Y porque la revolución es una idea, y no hay arma que pueda matar una idea.”

No permitan que les digan que no hay “hombres buenos” en Siria. Los hay, pero el mundo elige ignorarlos mientras viven, sólo para alabarlos a su muerte.

Quizás debería dejar correr mis lágrimas mientras te digo adiós, Raed. Esto te prometo: Nunca dejaremos de trabajar por lo que tú diste tu vida. 


*Iyad el-Baghdadi es presidente de la Kawaakibi Foundation, una organización sin fines de lucro centrada en el futuro de la libertad en el mundo musulmán.

Imagen de portada: Raed Fares, Oslo Freedom Forum.  Fotógrafa: Reka Nyari (Licencia CC BY-SA 4.0)

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