Cómo comenzó la revolución siria y por qué es importante

Autora: Wendy Pearlman | Traducción: Mariana Morena

Publicación original en inglés en The Conversation, 14/03/20129

Entre titulares sobre el Estado Islámico y fotografías de escombros, puede ser fácil olvidar que la guerra de Siria comenzó como un levantamiento no violento.

El 15 de marzo, octavo aniversario del levantamiento, sirve como un recordatorio de que cualquier solución duradera del conflicto sirio debe abordar los reclamos y aspiraciones que impulsaron su inicio. La represión violenta no puede crear una solución estable, no menos una justa.

Soy académica en política de Medio Oriente. Desde 2012, he entrevistado a cientos de sirios desplazados en Oriente Medio y Europa. Esas entrevistas se recogen en mi libro Cruzamos un puente y tembló: voces de Siria (We crossed a bridge and it trembled: voices from Syria).

Sus historias describen el miedo y el silencio sofocantes bajo el régimen autoritario que Hafez al-Asad estableció en 1970 y que heredó su hijo Bashar.

También describen cómo arriesgaron las gentes arriesgaron sus vidas y trabajaron juntas para luchar contra la opresión.

Adaptación y sometimiento

Antes de la guerra civil, un solo partido gobernante, la vigilancia estatal y omnipresentes informantes encubiertos llevaron a que los padres de Siria criaran a sus hijos con el dicho “Habla en voz baja que las paredes oyen”.

Una “Ley de Emergencia”, vigente desde la década de 1960, otorgaba a las fuerzas de seguridad poderes de gran alcance para arrestar a cualquiera a voluntad.

“Si tienen la sensación de que no te estás sometiendo por completo a sus exigencias, te pondrán donde el sol no brilla”, me dijo un estudiante universitario. “Nadie volvería a saber de ti”.

Mientras que el régimen de seguridad infundía el miedo, la corrupción cotidiana hacía de los abusos la norma. Las personas con quienes hablé relataron su exasperación por el pago de sobornos a cada paso y por ver a los compinches del régimen enriquecerse mientras su subsistencia se deterioraba.

Lo más degradante era la sensación de que la complicidad era la única forma de sobrevivir. Una madre se encogió de hombros: “Te adaptabas a la opresión y te pudrías con ella”.

Renacimiento y transformación

A principios de 2011, la Primavera Árabe impulsó a millones a manifestaciones en Túnez, Egipto y otros lugares. Analistas externos y muchos sirios juzgaron que la historia de violencia estatal hacía que los sirios tuvieran demasiado miedo como para atreverse a salir. Cuando una nueva página de Facebook convocó a la revolución el 15 de marzo, algunas personas rompieron la barrera del miedo.

Ese viernes tuvieron lugar grandes protestas en el sur de Siria y las fuerzas de seguridad abrieron fuego y mataron a dos manifestantes desarmados. Una semana después, decenas de miles se unieron a las manifestaciones en todo el país.

Los sirios recuerdan esas protestas y otras cientos que las siguieron, como celebraciones creativas llenas de bailes, canciones y una sensación de renacimiento. Después de toda una vida de tener que cantar alabanzas para “el Líder”, este fue el punto en que los sirios salieron y dijeron “basta”. Algunos lo describen como la primera vez que escucharon su propia voz.

Una diseñadora gráfica describió cómo su esposo fue el primero de los dos en asistir a una manifestación. Al volver le dijo con lágrimas: “Cualquiera que no viva este momento no puede considerarse vivo”. Después de su primera manifestación, ella le dijo que tenía razón.

Muchos sintieron que la experiencia de protesta fue transformadora tanto social como personalmente. Cientos de comités vecinales se formaron para organizar protestas, reuniendo a personas de diferentes orígenes para intercambiar ideas y trabajar juntos. Este compromiso cívico desafió la desconfianza colectiva que el estado autoritario había fomentado activamente para controlar la sociedad.

La solidaridad podría ser heroica

“Las personas corrían grandes riesgos solo por difundir folletos o llevar a alguien al hospital”, recordó una joven. “También hice locuras para rescatar a extraños… porque estábamos juntos, gritando por los mismos objetivos”.

Al Asad aplasta la disidencia

Pasaron 12 días y 61 muertes antes de que Bashar al-Asad pronunciara su primer discurso sobre la crisis.

“Si Bashar hubiera hecho reformas, lo habríamos aclamado y hecho rey”, recordó un ingeniero.

En su lugar, el presidente se comprometió a aplastar la revuelta, que denunció como una conspiración extranjera para fomentar la lucha sectaria.

Las personas que entrevisté consideran esta retórica como una estrategia en sí misma para “sectarizar” el conflicto y dividir a ciudadanos que compartían una aspiración unificadora sobre responsabilidad y buen gobierno. Insisten en que las manifestaciones comenzaron a menudo en las mezquitas no porque fueran dirigidas por extremistas islámicos, sino porque las mezquitas eran el único lugar donde las personas podían reunirse legalmente. Muchos sabían historias sobre cristianos o ateos que participaban en las oraciones de los viernes simplemente para unirse a las marchas desde el principio.

Golpeado por la represión, el levantamiento se intensificó durante la primavera de 2011. El reclamo de reformas escaló a la demanda por derrocar al régimen. Después de meses de protestas abrumadoramente pacíficas, algunos en la oposición tomaron las armas.

El régimen intensificó sus represalias por medio de tanques hasta el bombardeo aéreo indiscriminado. Otros estados y actores no estatales intervinieron del lado del régimen o de un conjunto cada vez más fragmentado de grupos rebeldes, lo que propició una guerra múltiple que destrozó el país.

“Hicimos nuestro mejor esfuerzo para construir algo”, me dijo un activista, con una dolorosa sensación de pérdida en su voz. “Nos enfrentamos a mucho y lo enfrentamos solos. Pero perdimos el control”.

Vecinos cubren y clasifican cadáveres tras una masacr
Vecinos cubren y clasifican cadáveres tras una masacre en Taftanaz, Idlib, el 3 de abril de 2012. Foto de: Freedom House (CC BY 2.0)

Contando la historia

Hasta hoy, la violencia ha matado a más de medio millón de sirios y obligado a unos 12 millones a huir de sus hogares.

Los observadores afirman cada vez más que el régimen de Al Asad “ha ganado” la guerra siria.

Como dice el dicho, la historia la escriben los que ganan. Al Asad tiene un fuerte control sobre los medios de comunicación y, en los próximos años, los sirios esperan que continúe promoviendo una historia sobre el conflicto que ignora o difama a quienes encontraron sus voces en una protesta pacífica hace ocho años.

Ésta será una negación vengativa de una de las exhibiciones más heroicas del poder de un pueblo de este siglo. No menos, será una negación de las muchas formas en que los sirios de hoy continúan reclamando una sociedad con libertad y justicia, y sin miedo.


Foto de portada: Manifestantes alzan flores durante famosa protesta en Baniyas (Tartous). Foto de: Syrian Freedom, 6 de mayo de 2011. (CC BY 2.0)

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