El pantano sirio

Autora: Leila Al Shami | Traducción: Newen Àfrica

Publicado en inglés en el blog de la autora, 11 de marzo de 2019

Si 2011 pareció el momento en que la gente pudo al fin unirse, tanto internamente como a través de las fronteras, para derrocar dictaduras de décadas con demandas de libertad y justicia social; el día de hoy parece ser el momento del éxito contrarrevolucionario. Después de ocho años de un conflicto cada vez más brutal en Siria, al Asad aún preside un país ahora destruido, fragmentado, traumatizado. El discurso dominante es que la guerra está llegando a su fin. Los Estados que alguna vez se opusieron en coro al Asad, ahora tienen otras preocupaciones estratégicas que prevalecen sobre las víctimas de sus salvajes esfuerzos por mantenerse en el poder. Sin embargo, las condiciones en el terreno están lejos de ser estables y los civiles siguen atrapados, pagando el precio de las luchas en curso por el poder y el territorio entre el régimen, los estados extranjeros y los señores de la guerra ideológica.

El anuncio de Trump (a través de un tuit) en diciembre sobre sus planes de retirar las tropas estadounidenses de Siria, provocó el pánico entre muchos sirios y precipitó una nueva ola de empujones entre las potencias internacionales y regionales. Las Fuerzas Democráticas Sirias (SDF) lideradas por el YPG kurdo, que han estado colaborando con los EEUU en la lucha contra ISIS y que ahora controlan un gran territorio al norte y este del país, quedan así abandonadas. Sin el respaldo de los EEUU, es poco probable que puedan mantener su presencia en las zonas de mayoría árabe en el este de Siria, y el anuncio de Trump envió oleadas de familias huyendo de las ciudades controladas por las SDF, a las afueras de Deir Al Zour, hacia zonas controladas por la oposición en el norte. Temen que el régimen y las milicias iraníes se hagan con el poder y tomen represalias contra aquellos percibidos como disidentes. Han estallado protestas contra las SDF en Manbij, Tabqa y Mansoura. La gente está enojada por las negociaciones de las SDF con el régimen, así como por los viejos resentimientos relacionados con la falta de servicios adecuados, los arrestos arbitrarios y el reclutamiento forzoso. Algunos han pedido a Turquía que intervenga para protegerles. También existe el miedo al resurgimiento de ISIS. Aunque Trump haya alardeado sobre la derrota del grupo terrorista, la guerra continúa. El 18 de enero, la Red Siria para los Derechos Humanos informó de que aviones de guerra de la Coalición Internacional mataron a al menos 15 civiles, entre ellos seis niños, en el pueblo de Al Baghouz Tahtani, en Deir Al Zour.

En las zonas de mayoría kurda, los temores son diferentes. Turquía, durante mucho tiempo enemiga de la autonomía kurda tanto en el país como en el extranjero, ha anunciado su intención de intervenir para establecer una “zona de seguridad” en el noreste del país. El principal objetivo de Turquía en Siria, habiendo abandonado hace tiempo a los rebeldes en la lucha contra el régimen, ha sido evitar el control kurdo a lo largo de su frontera y establecer un zona a la que poder devolver a los refugiados sirios, de los cuales unos 3.5 millones residen actualmente en Turquía. El año pasado, las fuerzas turcas y grupos rebeldes aliadas tomaron el control de Afrin, una zona de mayoría kurda, anteriormente bajo el control del PYD, grupo al que Turquía considera como terrorista por sus vínculos con el PKK. Las fuerzas de ocupación han llevado a cabo actos obscenos de violencia contra la población local, incluyendo el saqueo de hogares y negocios kurdos, desplazamiento forzado, secuestros, asesinatos y violaciones. Los líderes kurdos han rechazado la idea de una presencia turca ampliada y en su lugar han solicitado protección internacional. Sin ella, les quedarían pocas opciones más que negociar el retorno del control del régimen y, de esta manera, depositar su fe en aquellos contra los que miles de kurdos se levantaron en 2011.

En otros lugares, la situación no es mejor. En enero, el poderoso grupo islamista de línea dura Hayaat Tahrir al-Sham (HTS) declaró la guerra a los grupos rebeldes y capturó gran parte del territorio a la oposición en Idlib, partes de Alepo y Hama. El Gobierno de Salvación, afiliado a HTS, que ha sido acusado de corrupción e impone un régimen islamista de línea dura, arrestos
generalizados y asesinatos arbitrarios de opositores (tanto activistas civiles como combatientes rebeldes) está intentando apoderarse de todas las instituciones civiles. Los consejos locales, las fuerzas policiales libres de Siria, los estudiantes universitarios y los trabajadores médicos han protestado contra estos intentos, destacando su independencia y neutralidad de cualquier grupo armado. Los donantes occidentales han retirado fondos para actividades de la
sociedad civil y la ayuda humanitaria por temor a que terminen en manos de HTS (un grupo calificado como terrorista), dejando al borde del colapso el sistema de atención médica y de provisiones básicas para los sirios desplazados internos que actualmente enfrentan severas tormentas de invierno. Con HTS ahora al mando, al Asad y Rusia pueden romper el acuerdo de alto el fuego y justificar un ataque contra la provincia en nombre de la Guerra contra el Terror, con consecuencias desastrosas para los tres millones de civiles que residen allí. Mientras escribo, caen bombas del régimen en el pequeño pueblo de Maarat Al-Nu’man, famoso por su resistencia tanto al régimen de al Asad como al HTS, dejando víctimas y destrucción a su paso.

A pesar de que muchos países desean deshacerse de su “problema de los refugiados”, sugiriendo que la estabilidad está regresando al país, la situación en las zonas controladas por el régimen también es catastrófica. En Daraa, en el sur, y en el este de Ghuta, cerca de Damasco, el regreso del régimen ha significado el regreso del “Reino del silencio y el miedo”. Hay campañas continuas de arrestos en masa y reclutamiento forzado a las fuerzas del régimen (a pesar de los acuerdos de amnistía que acompañaron el proceso de “reconciliación” para aquellos que decidieron quedarse en lugar de ser desplazados por la fuerza de sus hogares). La resistencia al régimen ha resurgido en Daraa, incluidas las protestas, los graffitis y los asesinatos de combatientes a favor del régimen y de figuras locales que participaron en el proceso de reconciliación y a las que ahora se acusa de traición. Las condiciones de vida en estas áreas son desesperadas, ya que las ONG internacionales y locales que proporcionaron servicios y oportunidades de empleo ante el colapso económico local, cesaron sus operaciones luego de que el régimen asumiera el control. En Alepo y Damasco, controladas por el régimen, la escasez de gas, petróleo y electricidad y la monopolización de los bienes y servicios por parte de las milicias del régimen que cobran precios exorbitantes, ha llevado a una crítica pública generalizada del régimen incluso entre su base de apoyo leal. Muchos sirios que huyeron o fueron desplazados por la fuerza de sus hogares, temen no solo ser arrestados si regresan, sino que ya no tienen a dónde hacerlo. Se han establecido leyes para expropiar propiedades en comunidades formalmente controladas por los rebeldes y transferirlas a manos leales con el pretexto de la reconstrucción y el desarrollo. Los suburbios de la clase trabajadora, antes focos de resistencia, han de ser convertidos en centros comerciales de lujo y desarrollo de alto nivel, proporcionando hogares para los que cuya lealtad al régimen no se cuestiona.

Para muchos sirios no puede haber estabilidad, ni mucho menos paz, mientras que los responsables de la destrucción del país permanezcan en el poder. En los últimos meses, las familias sirias han estado conociendo el terrible destino de sus seres queridos, pues el régimen ha emitido avisos de muerte en los registros civiles de miles de personas que fueron asesinadas en las cárceles. Muchxs de lxs asesinadxs eran activistas arrestados en 2011 y 2012, entre ellos el defensor no violento Yahya Shurbaji y su hermano Ma’an, que se encontraban entre las 1,000 personas de Daraya que fueron torturadas en prisión. Otra ejecutada fue Layla Shweikani, una joven de Chicago que viajó a Siria para ayudar a las personas desplazadas por el conflicto y fue detenida en Damasco en 2016. Decenas de miles de sirios siguen detenidos o desaparecidos.

En Siria, y en otras partes de la región, los levantamientos revolucionarios y los experimentos inspiradores de democracia de base han sido aplastados por fuerzas contrarrevolucionarias. Sin embargo, la ira popular no se ha disipado. Ninguno de los factores que causaron los levantamientos se han resuelto y la situación se ha deteriorado social, política y económicamente. La paz y la libertad siguen tan lejanas como siempre.


Foto de portada: Una familia en la provincia de Idlib, hogar de tres millones de personas, la mitad de ellas desplazadas o evacuadas por la fuerza. Foto de SY + #HumansOfIdlib

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