ISIS no fue derrotado. Sigue vivo y coleando al sur de Siria

Mientras Washington celebra su victoria, el Estado Islámico se reagrupa, y el régimen de Al Asad deja que ocurra.

Autora: Sarah Hunaidi | Traducción: Elisa Marvena

Publicado originalmente en inglés en Foreign Policy, 3 de abril de 2019.

El mundo ha estado celebrando la derrota del Estado Islámico desde la batalla final de Baghouz el 23 de marzo. En febrero, el presidente Donald Trump celebró la supuesta victoria de Estados Unidos al afirmar que el grupo había sido derrotado “al cien por cien“. Mientras tanto, Estados Unidos y Reino Unido han pasado a debatir sobre la cuestión de la privación de ciudadanía a aquellos de sus ciudadanos que se unieron al Estado Islámico. Pero, contrariamente a la declaración de Trump, el grupo terrorista no ha sido derrotado, y actualmente se está reagrupando cerca de mi ciudad natal, Sweida, en el sur de Siria, una zona que ha estado aterrorizando durante mucho tiempo mientras que el gobierno de Bashar al Asad mantenía una complicidad silenciosa.

El 24 de julio de 2018, le di un abrazo de despedida a mi madre antes de que dejara Chicago para regresar a Siria a través del Líbano. A diferencia de muchas otras madres sirias, a la mía se le permitió venir a visitar a su hija refugiada, gracias a su ciudadanía libanesa. Mi madre llegó a su casa en Siria a medianoche. Cuatro horas más tarde, el Estado Islámico atacó y perdí el contacto con mi familia. Seguí impotente los acontecimientos a través de los medios sociales, mientras los militantes se dedicaban a masacrar de puerta en puerta.

Durante los tres primeros días del despiadado ataque contra Sweida, el ejército sirio observó en silencio. Los civiles se quedaron solos defendiéndose con cuchillos de cocina, rifles de caza y cualquier otra cosa que tuvieran a mano. Unas 250 personas murieron, 300 resultaron heridas y decenas de mujeres y niños fueron secuestrados en un solo día. Al menos una mujer drusa fue ejecutada bajo custodia del Estado Islámico.

Busqué en las listas con horror, tratando de encontrar familiares y amigos. En los días siguientes, me enteré de que habían matado a varios de mis primos.

El ataque contra Sweida formó parte de una “estrategia del espantapájaros” del Estado Islámico, adoptada originalmente por el régimen sirio para que las minorías religiosas se sometieran por miedo tanto al Estado Islámico como a la mayoría sunita. Antes de julio, el Estado Islámico estaba presente en tres zonas principales del sur de Siria: la cuenca del Yarmouk, en la provincia de Daraa, la zona de Lajat, en el noreste de Daraa, y el desierto oriental de la provincia de Sweida. En julio, las tropas sirias derrotaron al grupo en la cuenca del Yarmouk. Tras su derrota, el Estado Islámico llegó a un acuerdo con el régimen de Asad y sus aliados iraníes para ser reubicados en el desierto oriental de Sweida. Mi familia y amigos presenciaron cómo los combatientes eran transportados por los autobuses verdes del régimen.

Un mes antes del ataque de julio, las tropas de Asad habían evacuado las aldeas orientales de Sweida; Rami, la aldea donde vive mi tía, fue una de ellas. Tres días antes del ataque, el régimen de Asad despojó a los habitantes de Sweida de sus armas, especialmente a los que residían en el este y el noreste. Horas antes del ataque, el régimen de Asad cortó la electricidad en esas aldeas. Estas mismas aldeas fueron las primeras en ser atacadas antes del amanecer. Así es como Asad permitió una masacre en Sweida para poder afirmar que las minorías necesitaban la protección de su régimen.

Sweida está habitada por minorías religiosas, incluyendo drusos sirios, cristianos y algunas tribus sunitas beduinas. Desde 2011, la población mayoritariamente drusa de Sweida ha permanecido al margen de la guerra en Siria. No se rebelaron cuando comenzó el levantamiento ni tampoco apoyaron completamente a Asad. Aunque Sweida siguió bajo el control de Asad, decenas de miles de hombres drusos se negaron a unirse al ejército sirio.

El régimen sirio ha intentado, y fracasado en múltiples ocasiones, reclutar a hombres drusos. Algunos de mis amigos hicieron todo lo posible para evitar unirse al ejército de Asad; algunos tuvieron que huir y otros se quedaron, protegidos por la autoridad drusa, en particular los Rijal al-Karama (“hombres de dignidad”), un movimiento religioso druso fundado en 2012 por jeques drusos para proteger a todas las sectas de Sweida de cualquier riesgo externo, ya fuera el Estado Islámico, Asad y sus aliados, o Rusia, Irán y Hezbollah, así como para protegerlos contra las tropas de Asad en caso de que vinieran a reclutar hombres.

El régimen contaba con que el Estado Islámico llegase a aterrorizar de tal manera a los hombres de Sweida que se alistaran en el ejército sirio. Como resultado, muchos drusos se sintieron en efecto obligados a alinearse con el régimen, lo que le permitió preservar su condición de protector de las minorías. No era la primera vez que el régimen sirio utilizaba a los extremistas islámicos para obtener apoyo. En 2011, tras el inicio del levantamiento, un gran número de conocidos extremistas fueron liberados de las cárceles del régimen; presos que más tarde pasaron a fundar y dirigir múltiples grupos extremistas, como el Estado Islámico y Jaish al-Islam, y que secuestraron y asesinaron a activistas de la oposición.

Pocos meses después del ataque de Sweida, el régimen ayudó a liberar a un grupo de mujeres drusas. En una reunión con las familias de las mujeres, Asad les dijo explícitamente que, como el ejército sirio había ayudado a liberar a las mujeres de manos del Estado Islámico, lo menos que podían hacer era instar a los hombres a unirse a las tropas del régimen. Pero los drusos se negaron. Un antiguo compañero de clase me dijo que no quería unirse al ejército de Asad porque no estaba interesado en matar a otro sirio sólo para que el presidente pudiera conservar su puesto.

Tras el ataque de julio, el régimen de Asad afirmó haber aniquilado completamente a los combatientes del Estado Islámico en las colinas de Safa, en el desierto al este de Sweida. Sin embargo, muchos lugareños están confirmando hoy el regreso del Estado Islámico. Las facciones drusas locales en el este de Sweida se encontraron recientemente con combatientes del Estado Islámico cuando exploraban la zona el mes pasado.

Múltiples fuentes desde la ciudad de Sweida afirmaron que combatientes del Estados Islámico están siendo transportados de contrabando a través del desierto sirio, desde Baghouz hasta el este de Sweida, por iraníes que tienen pleno control de esta ruta; algunos han acusado a las milicias iraníes de ayudar a estos combatientes a cambio de dinero. Según agencias de noticias locales como I Am a Human Story (soy una historia humana), el número de combatientes llegados de esta forma habría alcanzado “más de 1 500, la mayoría formidablemente armados.” El medio local Suwayda24 también ha confirmado que los militantes están cerca y van armados.

Estos combatientes no sólo son una amenaza para los sirios, también podrían serlo para los Estados Unidos. Hay una base militar estadounidense situada entre las colinas de Safa y la ciudad de Baghouz. Teniendo en cuenta la derrota del Estado Islámico en Baghouz, la base militar es un posible objetivo de represalias. El cuartel de Tanf también está cerca del campamento de Rukban. El régimen sirio y Rusia creen que el campo de Rukban acoge a combatientes del Estado Islámico, y no son los únicos que lo piensan. Jaish Maghawir al-Thawra, una facción del Ejército Sirio Libre respaldada por la coalición internacional, está presente en el campamento de Rukban y comparte la misma opinión. Sin embargo, si se produce una escalada militar rusa en Rukban, ésta podría representar una amenaza a la seguridad del cuartel estadounidense y de los civiles desplazados que ya viven en condiciones extremas dentro del campo.

Es demasiado pronto para celebrar la victoria sobre el Estado Islámico. Se están reagrupando y el régimen sirio aprovecha su resurgimiento. El régimen de Asad observa, pasivamente, mientras que el grupo despedaza comunidades hasta que éstas se someten al gobierno y se unen al ejército sirio. Si las vidas del pueblo sirio no son lo suficientemente importantes, tal vez la amenaza sobre la base militar estadounidense de Tanf haga que los políticos se enfrenten a la realidad de que el Estado Islámico está lejos de desaparecer. Puede que ya no sea un califato expansionista, pero se está reorganizando estratégicamente como una insurgencia para aterrorizar al pueblo de Siria.


Imagen de portada de Khalid Albaih #khartoons! (CC BY-NC-SA 2.0)

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