Waad al-Kateab: “Esta película es mi única arma contra el régimen”

Autora: Marcia Robiou

Publicación original en inglés en Frontline (PBS) el 24 de abril de 2019

En 2011, cuando estallaron las protestas contra el régimen de Assad en Siria, la estudiante de Económicas Waad al-Kateab agarró el móvil y comenzó a filmar. Durante los siguientes cinco años, al-Kateab documentaría su entorno casi constantemente, incluso mientras la destrucción se apoderaba de Alepo, su hogar.

En el largometraje de Frontline “Para Sama”, al-Kateab ofrece una visión inquebrantable de la maternidad y la guerra. A través de cientos de horas de filmación, al-Kateab capturaba su vida de veinteañera, enamorándose, casándose con uno de los últimos médicos en Alepo, dando a luz a su hija Sama, mientras a su alrededor la ciudad se derrumbaba. Al centrarse en los esfuerzos de un hospital para hacer frente a la gran cantidad de víctimas, al-Kateab nos ayuda a comprender a las innumerables víctimas que el asedio de cinco años produjo entre la población civil.

La película es una carta a Sama, quien nació y se crió en el conflicto. Pero también es una forma de que al-Kateab resalte lo que ocurrió en su hogar. “Esta película es la única arma que tengo para luchar contra el régimen”, dice.

“Para Sama” ganó en marzo el Premio del Jurado SXSW 2019 a la Mejor Película Documental y ha sido seleccionada para ser exhibida en el Festival de Cine de Cannes 2019. Luego de su estreno teatral este verano, “Para Sama” se estrenará en Frontline, en EE.UU. e internacionalmente en Channel 4 del Reino Unido. Hablamos con los directores ganadores del premio Emmy, al-Kateab y Edward Watts, antes de la presentación de “Para Sama” en el Festival de Cine Hot Docs.

Esta entrevista ha sido editada y condensada para mayor claridad.

¿Cómo te convertiste en periodista?

Waad al-Kateab: Siempre soñé con ser periodista. Mis padres me apoyaban en cualquier decisión que tomase, pero esta vez me decían: “No hagas esto. No puedes hacer esto”. Mis padres, especialmente mi padre, decían que es imposible ser periodista en Siria, y que me encarcelarían.

De repente, en 2011, comenzó la revolución. Quería ser parte del cambio, así que comencé a filmar con mi teléfono las protestas en la Universidad de Alepo.

Desde los primeros días de la revolución, todos los canales de noticias oficiales decían que no pasaba nada, que Siria era un país muy bueno con democracia y libertad. Durante el primer año, el régimen no permitió cubrir las protestas a ningún periodista extranjero dentro del país. Nunca antes habíamos visto nada igual, así que sentí que era nuestro papel mostrarle al mundo lo que estaba sucediendo. Quería pruebas y sentí que filmar era una forma de transmitir a los demás la realidad de lo que estaba pasando.

¿Hubo ocasiones en que tuviste que apagar la cámara o mirar hacia otro lado?

Al-Kateab: En el hospital  estaba siempre con la cámara encendida, filmando a mis amigos peleando o riendo o simplemente lo que iba ocurriendo. De repente, perdimos a uno de los amigos de nuestro grupo. Sentí que el hecho de haber grabado todos esos momentos con personas que podía perder en cualquier momento era una de las cosas más asombrosas que podía hacer en mi vida. Desde entonces, decidí grabarlo todo, porque algún día puedo ser yo la que muera.

También fue muy importante para mí registrar la realidad de la vida bajo el régimen: cuáles eran nuestros sueños y cómo llegamos a toda esta violencia. Es un registro para el futuro que está fuera de la propaganda y la desinformación del régimen.

La cámara se convirtió en parte de mí. Fue algo que me apoyó y ayudó a sentirme fuerte incluso cuando tenía miedo.

Edward Watts: Waad fue inquebrantable en lo que filmó. Hay una imagen que nunca pude sacar de mi cabeza: el montón de niños muertos que acaban de apilar al exterior de una puerta, literalmente apilados, uno encima del otro. Waad lo filmó y ésa era la cruda verdad.

Hay escenas en la película que son bastante gráficas. ¿Cuáles fueron algunas de las discusiones sobre lo que decidíais mostrar?

Al-Kateab: La gente en Siria tuvo que lidiar con estas cosas, tuviéramos la fuerza o no. No había elección. Quería que la película fuera entregada a la gente tal como nos llegó la guerra, respetando a los muertos y a sus familias.

Las personas de todo el mundo, incluso nosotros a veces, comienzan a ver a los muertos como simples números. Es diferente cuando ves la muerte de cerca. La solución no es no mirar, sino cómo reaccionamos ante ello.

Watts: Fue un equilibrio difícil de alcanzar. Tienes la responsabilidad de mostrar la realidad de la manera que puedas, porque así es como avanzamos como civilización y aprendemos de nuestros errores. Pero encontrar el equilibrio adecuado no solo dependió de nosotros: también de nuestros ejecutivos, amistades, familiares y otras personas que contribuyeron, porque queríamos mostrar la realidad, respetar a las personas que sufrían y continuar con nuestro deber hacia la verdad

En la película hay una frase sobre cómo el vivir una vida normal en Alepo es una forma de rebelión. ¿Puede hablarnos de lo que significa mantener la normalidad en situaciones totalmente anómalas?

Al-Kateab: El régimen está tratando de matar nuestra esperanza. Realmente creo que no podríamos sobrevivir sin esperanza.

Había un chico que entregaba flores: ayudó a instalar el jardín en nuestro porche en Alepo. Lo filmé porque quería grabar la esperanza y la belleza de cómo seguía haciendo su trabajo a pesar del asedio. Lo acabaron matando. Cuando estás realmente desesperado y no puedes ver nada bueno, algo hermoso aparece en tu camino y eso te da esperanza.

Watts: Esa es la poderosa humanidad exhibida en la película. Es un testimonio increíble sobre el espíritu humano y la capacidad de sobrevivencia de las personas.

¿Por qué saltó la cronología de la película en lugar de mantenerla lineal?

Watts: Era muy importante poder movernos entre la luz y la oscuridad. Teníamos una versión anterior que era cronológica y eso significaba comenzar con toda la alegría, esperanza y la luz de la revolución. Luego entrábamos en el oscuro pozo del asedio y la narrativa aparecía simplemente muy desequilibrada. El movimiento entre los dos períodos de tiempo nos permite movernos a través de la humanidad y entrar en el corazón y el alma de la experiencia.

Al-Kateab: Muestra cómo cualquier ser humano puede vivir su vida después de tener estas experiencias. En cada momento, no importa cuán oscuro sea, siempre recuerdo las cosas buenas. Y de las cosas buenas, siempre vuelvo a algunos momentos realmente difíciles. Exactamente así es cómo funcionaría mi mente.

Como mujer y residente de Alepo, ¿qué tipo de obstáculos y oportunidades tuviste al filmar?

Al-Kateab: Algunos periodistas vienen por uno o dos meses o un año y luego se van. Yo crecí con estas personas y durante cinco años vivimos juntas el asedio. Mis vecinos estaban acostumbrados a verme con mi cámara y también vivía en el hospital. Juntos hicimos frente a las mismas amenazas y compartimos todas las cosas buenas y malas en familia. Esto hizo que la gente a mi alrededor se sintiese cómoda con una cámara.

¿Tu hija Sama ha visto la película?

Al-Kateab: Por supuesto. He pasado dos años trabajando en la película en mi computadora portátil. Sama se emociona cuando se ve en la pantalla y grita su nombre. Estamos tratando de asegurarnos de que recuerde de dónde viene. Cuando le preguntemos de dónde es, contestará: “Siria, Alepo”.

¿Ha cambiado el concepto de hogar para usted ahora que reside en el Reino Unido?

Al-Kateab: El hogar siempre será Alepo y Siria. Estamos tratando de llevar una vida normal en Londres, pero en cualquier momento podríamos regresar a Siria. La gente siempre me pregunta por qué me quedé en Siria, a pesar de la guerra y de haber tanto sufrimiento. Aunque nos podían haber matado, nos alegramos de habernos quedado porque estábamos luchando por nuestra tierra, nuestra libertad. Cuando perdimos Alepo, pensamos que lo perdíamos todo. Pero sí encontramos nuevas esperanzas.

Esta mañana mi padre me llamó temprano porque no estaba al tanto de la diferencia horaria. Cuando le dije la hora, me preguntó por qué estaba mirando el teléfono tan temprano. Me reí y dije que siempre reviso las noticias para ver si cayó el régimen. Entonces mi madre gritó desde el otro lado de la habitación: “no te preocupes, si cae el régimen, te llamamos”.

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