Facebook y el control sobre la guerra de las narrativas

Por Abir Kopty

Publicado en inglés por Syria Untold, 3 de julio de 2019Traducción de Jorge Higueras.

Tras la muerte de Al Sarout el pasado 8 de junio, los activistas sirios utilizaron internet para conmemorar y celebrar su legado. Se encontraron con la sorpresa de que Facebook baneaba las imágenes del líder opositor y eliminaba cualquier publicación que lo mencionase. Se organizaron y contraatacaron, y dos días después Facebook levantó la prohibición.  Abir Kopty investiga el poder de Facebook para censurar debates nacionales y controlar la libertad de expresión.

El 10 de junio, Guevara Namer, cineasta siria afincada en Berlín, recibió una notificación de Facebook comunicándole que una actualización suya, en la que lamentaba el fallecimiento dos días antes del icono de la revolución siria Abdul Baset al-Sarout, había sido eliminada porque “viola las normas de la comunidad Facebook”.

Cuando comenzó el levantamiento sirio en 2011, al-Sarout ya era bien conocido en Homs como el portero juvenil del Al-Karamah SC. Enseguida destacó como un líder de la protesta; a sus diecinueve años no tenía miedo y encabezaba manifestaciones con canciones y cánticos. Estas canciones atrajeron y motivaron a muchos a unirse a los manifestantes. El régimen adoptó medidas enérgicas y el levantamiento se convirtió en una guerra; al-Sarout se convirtió en combatiente y líder rebelde. Vivió el asedio de Homs y, cuando se rindieron, entregando la Ciudad Vieja de Homs al régimen, Sarout se trasladó al norte, a una zona ocupada por la oposición, donde luchó en primera línea hasta su muerte. Mientras muchos en la oposición lo veían como un icono de la revolución y un líder valiente, los leales al régimen criticaban sus vínculos con los islamistas que luchaban en Siria y aseguraban que cantaba canciones de la yihad, indicando que era un terrorista. La guerra en Siria no se limita a la primera línea, es una guerra de narrativas, y el simbolismo de al-Sarout como icono fue cuestionado tras su fallecimiento.

Al-Sarout tenía veintisiete años cuando falleció el ocho de junio en un hospital turco a causa de las heridas sufridas en un ataque del Ejército Sirio en Hama, situada al norte. Su muerte reavivó numerosas voces a favor de la revolución, que se sirvieron de las redes sociales para expresar de modo colectivo su dolor por la pérdida de una figura prominente de la lucha contra el régimen de Asad. Sin embargo, este pesar ha tratado de ser silenciado por la gigantesca plataforma Facebook.  

Para Guevara Namer, fue sin lugar a dudas un ataque coordinado: “Cuando Facebook eliminó mis publicaciones, subí información sobre ello y publiqué una captura de pantalla de lo que había sido borrado. Esta publicación también fue eliminada y durante tres días tuve bloqueada la opción de comentar lo que otros subían. Pero podía seguir viendo que más gente también afirmaba que les habían borrado sus actualizaciones relacionadas con al-Sarout, por el mismo motivo: violar las normas de la comunidad”, señala.

“Facebook eliminó mi publicación” Guevara Namer. “Ojalá pudiera traducir cada palabra dicha sobre él. Espero poder explicar lo tristes que estamos y cómo se sienten ahora mismo mis amigos por toda Siria. Espero poderle explicar al mundo en todos sus idiomas cuán rotos están nuestros corazones; ¡cuántos de nosotros lloramos como niños perdidos! Sí, estamos rotos… Hemos perdido a un joven valiente que cantó y luchó por nuestra libertad durante 9 años y durante 9 años intentamos contar nuestra historia en todos los idiomas posibles, mediante todas las herramientas posibles, ¡en todas las plataformas existentes! ¿Podemos traducir el dolor? ¿La frustración? Día tras día, lo único de lo que nos habla este mundo es de injusticia, no hay nada más que injusticia. Sólo mirad su cara e intentad imaginar nuestra pérdida, nuestros corazones rotos. “

Según los medios de la oposición siria, hubo cientos de casos de publicaciones eliminadas o de páginas y grupos cerrados, incluyendo el canal de televisión Zaman Alwasl o la página Foro para Sirios en Francia. Según la información que hemos podido encontrar, la mayoría de las publicaciones fueron borradas el nueve y el diez de junio, uno o dos días después del fallecimiento de al-Sarout. Entre ellas, las del escritor sirio Yassin Haj Saleh, el dramaturgo y director de teatro Mohammad Al Attar, el actor sitio Fares Helou, la escritora y periodista siria Nisreen Traboulsi, entre otros muchos.

Pero contraatacaron. Namer y otros no solamente enviaron a Facebook una “solicitud de revisión”, sino que además no dejaron de publicar acerca de la prohibición. Durante dos días, los activistas de la oposición siria trataron de luchar contra el baneo y presionaron a Facebook de diferentes maneras, como una campaña de publicaciones masivas con el hashtag #al-Sarout y una petición en Avaaz que fue firmada por dieciséis mil personas. El día doce de junio se levantó la prohibición y la mayoría de las publicaciones y páginas eliminadas volvían a aparecer.

“La publicación original ya vuelve a estar disponible y el bloqueo ha sido eliminado. Elige siempre revisar contenido en cuenta de aceptar la eliminación. Lo están restableciendo porque Facebook retiró el nombre de su lista de terroristas. Y eso fue hace un par de horas y parece que se trata de empresas medianas o intermedias que están monitorizando y borrando automáticamente.”

No es la primera vez que Facebook ha ayudado a silenciar las voces opositoras en Siria. En 2012, Facebook se disculpó tras borrar por error el post de un grupo por la libertad de expresión que hablaba de los abusos contra los derechos humanos en Siria. En 2014, Facebook cerró docenas de páginas de la oposición siria, entre ellas la del Centro de Medios de Kafranbel.

Cada vez que las cuentas o las publicaciones de la oposición siria se cancelan, el Ejército Electrónico Sirio es señalado como posible sospechoso. Desde 2011 surgió como vigilante de la narrativa del régimen sirio en internet. Lo forma un grupo de hackers y activistas online a favor de al Asad y cuyas tácticas consisten en atacar webs, cuentas y páginas de Facebook, campañas de phishing para robar cuentas o inundar las redes sociales con mensajes que ensalzan el régimen. Su página web ya no existe y sus esfuerzos han quedado ocultos en las plataformas de acceso público. Muchos creen que fueron los encargados de denunciar las publicaciones sobre al-Sarout. En cualquier caso, fuera quien fuese quien denunciase tales publicaciones, la cuestión es el modo en que Facebook reacciona.  

En muchos sentidos, estas censuras resuenan en el contexto palestino. Los palestinos también han sido víctimas de la censura de Facebook, aunque en el caso palestino el “ejército electrónico israelí” trabaja a plena luz del día.

En septiembre de 2016, Facebook y las autoridades israelíes se reunieron para abordar la cooperación en cuanto a la “incitación” en Facebook. Pocos meses después de este encuentro, el Ministro de Justicia israelí Ayelet Shaked informó de que Facebook respondía positivamente al 95% de las solicitudes de Israel de eliminar contenido palestino.

 “Sada Social”, una iniciativa palestina que documenta las violaciones en plataformas de redes sociales de la libertad de expresión palestina, denunció 200 casos de cuentas cerradas, páginas borradas y publicaciones baneadas en Facebook en 2017. Y 370 casos en 2018.

Según Nadim Nashif, director de 7amleh, el Centro Árabe para el Desarrollo de las Redes Sociales, “existe una cooperación entre el esfuerzo coordinado de organismos gubernamentales israelíes, incluida la Unidad de Ciberseguridad dirigida por la Fiscalía del Estado, y organismos semigubernamentales como grupos organizados de estudiantes y aplicaciones de móvil para denunciar contenido palestino y, por otra parte, una conformidad por parte de Facebook que está detrás de la censura masiva de voces palestinas.

Tanto en el caso palestino como en el sirio, para Nashif es evidente que “es una guerra sobre contenidos, las dinámicas de poder que existen en la realidad se reflejan en este enfrentamiento. Aquel que se organiza mejor y tiene los recursos financieros y humanos gana.”

Efectivamente, el modo en que Facebook funciona a la hora de moderar contenidos sienta las bases para que las dinámicas de poder se desplieguen también en el ciberespacio.

Facebook evalúa los contenidos de acuerdo con sus “Normas Comunitarias”, que se hicieron públicos el pasado año tras una presión constante y críticas contra la ambigüedad a la hora de tomar decisiones relacionadas con la eliminación y el control de contenidos. El documento muestra las normas a lo largo de sus veintisiete páginas y guía el trabajo de los equipos de personas que se encargan de la moderación en Facebook. Estos equipos trabajan en lo que se conoce como “centros de borrado”, que habitualmente operan mediante subcontratas de Facebook y se ubican en diferentes partes del mundo para atender a diferentes husos horarios, idiomas y países. Los empleados de estos centros se encargan de moderar el contenido de las publicaciones de Facebook que han sido denunciadas por los usuarios y de decidir si deben ser eliminadas.

Un equipo de expertos de Facebook desarrolla las Normas Comunitarias, pero su trabajo está influido, por supuesto, por el contexto de los países en los que Facebook se utiliza.

No es ningún secreto que Facebook se ajusta a las restricciones gubernamentales porque su existencia en muchos países está bajo el escrutinio de las autoridades correspondientes y depende de su autorización. Esto significa que los gobiernos, aunque no siempre lo hagan, pueden intervenir por medios políticos y legales en la formulación de las Normas Comunitarias de Facebook. También tienen el poder de censurar determinadas cuentas, publicaciones o páginas mediante solicitudes directas a Facebook, tal como se observa en el caso israelí.

Syria Untold habló con un antiguo empleado de estos “centros de borrado” de Facebook en Berlín, que solicitó permanecer en el anonimato.

Señaló que al-Sarout estaba en la lista de terroristas de Facebook y que es por eso que se borraron todos las publicaciones “que lo elogiaban”. El moderador era uno de los cientos de empleados que trabajan para subcontratas de Facebook y que actúa como responsable de examinar contenidos y borrarlos cuando violan las Normas Comunitarias de Facebook. En Alemania hay dos de esos centros, uno en Berlín, abierto en 2015 y operado por Arvato –una división de Bertelsmann que se especializa en atención al cliente-, y otro en Essen que se creó en 2018 y está gestionado por el Competence Call Center, una compañía europea que dirige centros de servicio en el continente. Ambas emplean a más de mil personas. También existen centros similares en otras partes del mundo, los cuales tienen contratados a unos quince mil empleados según Facebook.

Al ser contratado, cada empleado recibe un curso intensivo de formación, tras el cual “debe conocer las directrices de memoria”, señaló el moderador de Facebook. “Lo que Facebook publica como Normas Comunitarias en su plataforma es mucho más reducido que las pautas con las que trabajamos. Las que son públicas son muy generales, en cambio nosotros tenemos documentos detallados y listas de organizaciones donde se indica que cualquier contenido que guarde relación con ellas debe prohibirse.”

Se refiere al cuaderno de uso interno que consta de mil cuatrocientas páginas y que en 2018 fue filtrado al New York Times. El periódico subrayó que esos documentos revelaban “numerosas lagunas, parcialidad y errores evidentes”, así como el poder de Facebook para “clausurar una parte del debate nacional” mediante la moderación de contenidos. 

Los empleados de los centros de borrado se basan en esas directrices al tomar decisiones concernientes a los contenidos. Si la ven, eliminarán cualquier publicación que apoye un grupo o figura de esa lista.

Según señala el antiguo moderador de grupos de borrado de Facebook, “examinamos los contenidos que se denuncian. Así que para que podamos decidir sobre su eliminación, primero han debido ser denunciados, sea una o mil veces, no importa. Cualquier actualización denunciada nos llegaba para que la valorásemos.”

 “Podemos ver quién denunció el contenido, pero no lo comprobamos, sea un trol, un miembro del ejército electrónico, una cuenta gestionada por gobiernos u otros casos. No lo hacemos, nos limitamos a mirar el contenido denunciado”, señaló.

Las normas de la comunidad pueden cambiar de un día para otro. “Recuerdo en una ocasión que habíamos llegado al centro y recibimos el anuncio de nuestros supervisores de que Khairat el-Shater, de los Hermanos Musulmanes de Egipto, había sido incluido en la lista de terroristas; de modo que a partir de ese momento, cualquier publicación que lo ensalzara debía ser eliminada.”

Si algo queda claro es cuán politizado está el proceso de elaboración de las Normas Comunitarias, incluso si los cambios resultan arbitrarios en ocasiones, pero también hasta qué punto estos moderadores comprenden o no los matices y contextos de cada país o situación bajo tela de juicio. Disponen de poco tiempo para cada publicación, así que su formación y el correspondiente cuaderno-guía son sus referentes.

En el caso de al-Sarout, los activistas “solicitaron revisión” de la cuenta borrada, entre ellos Namer. A pesar de ello, cuesta creer que tal acción haya conseguido que Facebook recapacite. En opinión del moderador, “cuando los usuarios solicitan una revisión, la decisión no varía en el noventa y nueve por ciento de los casos. Solo si se ejerce una gran presión sobre Facebook cabría que lo reexaminasen  y se llegase a cambiar de opinión.”

Estos activistas también se movilizaron y organizaron una campaña instando a Facebook a levantar el veto, recuperaron las publicaciones con el hashtag #al-Sarout e iniciaron una petición de firmas. No sabemos a ciencia cierta qué sucedió dentro de Facebook en lo que a la censura sobre al-Sarout se refiere, pero quedó claro que la presión obtuvo buenos resultados.

El actor Feras Helou escribió en su cuenta de Facebook lo siguiente: “Que Facebook dejase de calificar a al-Sarout de radical fue consecuencia del esfuerzo que sirios y árabes leales hicieron frente a unas denuncias masivas y sistemáticas que trataban de bloquear a los sirios en la conmemoración de su héroe popular. Dejaron de prohibirse las publicaciones referidas a él y se volvieron a publicar las que habían sido censuradas.”

 “Vi esto como una batalla para ver quién escribe la historia, de modo similar a las que suceden sobre el terreno. La revolución ha terminado, ahora la lucha es en torno a la narrativa. Para el régimen y sus aliados rusos, identificar a al-Sarout como terrorista sirve a su narrativa, pero para nosotros él representa a un hombre que creyó en la libertad y en la revolución y sacrificó su vida por ello”, dijo Namer.

Aunque este incidente podría considerarse una victoria para la oposición, todavía pone de manifiesto, por un lado, el problemático poder que tiene Facebook para supervisar la libertad de expresión; y por otro, que las redes sociales actúan de campo de batalla para narrativas que se oponen entre sí. Quienes alcancen más poder serán quienes tengan la sartén por el mango. Y en el caso de Facebook, la ventaja no parece ser aliada de los oprimidos. 

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