La vida de una madre que huye de los bombardeos en Idlib

Por Syria Untold

Publicado en inglés por Syria Untold el 26 de junio del 2019. Traducción de Carlos Pérez Barranco.

Huyendo de la intensa y reciente campaña de bombardeo del régimen y de Rusia, trescientos mil civiles huyeron de sus pueblos y ciudades cercanas a la línea del frente en Idlib. Con la falta de infraestructura y de vivienda necesaria para ofrecerles refugio, los precios de los alquileres se han disparado, y dos tercios de ellos han terminado viviendo en olivares.

Con las noticias de la batalla por Idlib en las páginas de los periódicos y en las noticias, leemos y escuchamos lo intensas que son las batallas, cuántos ataques aéreos llevó a cabo el régimen sirio y cuántos hospitales han sido atacados por el régimen y su aliado ruso. Después de casi dos meses de combates, el régimen sirio no parece ser capaz de avanzar o conquistar más terreno. Leemos un extenso análisis sobre las facciones de la oposición y sobre la coalición yihadista liderada por Hayat Tahrir al-Sham, HTS, pero ¿qué hay de los civiles que viven en Idlib a día de hoy? La ONU estima que hay 20.000 combatientes del HTS en Idlib, algunos miles más de las otras brigadas y casi tres millones de civiles en el último bastión de la oposición.

Soud Al-Asowad es una madre de seis hijos de la ciudad de Kafr Nabl, y explicó a SyriaUntold cómo es la vida para ella y su familia, y para muchos otros civiles atrapados en la zona.

Era Ramadán, el mes sagrado del ayuno islámico, la gente se abstiene de comer o beber desde el amanecer hasta el anochecer, y cuando se anuncia la oración del maghrib desde los minaretes, las familias se reúnen alrededor de las mesas del iftar después de haber pasado el día preparando comidas y ensaladas variadas. Es un tiempo de plegarias, pero sobre todo, es un tiempo para que la familia se reúna. O lo era antes de la guerra de Siria.

“Después de haber comido algo para romper el ayuno del Ramadán, dos misiles cayeron en la calle en la que vivíamos. Vi metralla volando alrededor de mis hijos como cuchillos. Momentos después, cuando me di cuenta de que todos habíamos sobrevivido, decidí abandonar mi pueblo, a pesar de haberme negado a hacerlo antes”.

 La casa de Souad después de un impacto en las inmediaciones

La casa de Souad después de un impacto en las inmediaciones

Souad es de Kafr Nabl. La pequeña ciudad del norte de Siria se unió al levantamiento contra el régimen sirio en sus primeros días, y las manifestaciones en la ciudad se hicieron más conocidas por las caricaturas políticas realizadas por los manifestantes semana tras semana durante años. Las caricaturas eran agudos comentarios políticos; contra la represión del régimen sirio, sobre la guerra y criticando las reacciones de la comunidad internacional hacia ella, y más tarde contra los islamistas cuando tomaron el control de la ciudad y empezaron a expulsar a las otras facciones de Kafr Nabl y del Norte controlado por la oposición.

Pero los días de las caricaturas y las manifestaciones han quedado atrás. Desde el colapso del acuerdo de distensión entre Rusia y Turquía el 30 de abril, la ciudad ha sido testigo de fuertes bombardeos, y Souad, como muchos de los residentes de la ciudad, tuvo que huir de su casa.

Un incendio cerca de la casa de la familia Souad como resultado de un ataque aéreo

Un incendio cerca de la casa de la familia Souad como resultado de un ataque aéreo

Consciente del grave peligro para la vida de sus hijos, Souad y su marido decidieron marcharse. Pero su anciano padre se negó a acompañarlos, hicimos todo lo que pudimos, pero se negó obstinadamente a salir de su casa, ‘no saldré de mi casa excepto hasta la tumba’, me dijo”. Se fueron apresuradamente y no se llevaron mucho con ellos.

Pasaron su primera noche fuera de casa en un sótano húmedo en la ciudad de Sarmada. El sótano pertenecía a un amigo y estaba vacío, y dormían en el frío suelo. Por la mañana, sus hijos se despertaron enfermos, y decidió que tenía que ir a casa para traer ropa de abrigo y mantas.

En un testimonio escrito en Facebook dijo: “Mi marido quería ir conmigo, pero yo me negué; no quería que mis hijos perdieran a sus padres en un ataque aéreo. Me fui a toda prisa; contuve mis lágrimas delante de mis hijos, lo último que oí fueron ellos rogándome que no fuera”.

“Cuando llegué a Maraat Al-Nu’man, a unos 15 km de mi ciudad, le pedí al conductor que encendiera su walkie talkie para que pudiéramos escuchar los ataques aéreos que se aproximaban. Le dije: ‘Sigue conduciendo, si la muerte es mi destino, que así sea'”

Cuando finalmente llegó a su ciudad, se entristeció al ver los edificios destruidos por los ataques aéreos. Primero fue a ver a su padre que se había quedado allí, y luego, esa noche, fue a su casa, donde recogió las cosas esenciales que necesitaba. Souad tuvo dificultades para encontrar un camión que la ayudara a sacar sus cosas, la gente tiene miedo de conducir.

Ella y su familia se fueron a un pueblo más cercano a la frontera turca, Salqin, donde están a salvo de los bombardeos, pero ahora se enfrentan a un miedo diferente: ¿van a poder seguir manteniendo a sus hijos? Cuando Souad llegó a la ciudad, vio a gente sentada en las calles y se enteró de que vivían en huertos de olivos cerca de la ciudad. Simplemente no podían permitirse el lujo de alquilar, no hay suficientes lugares y los alquileres son astronómicos, muchos sencillamente no se lo pueden permitir. Souad y su familia tuvieron que compartir dos habitaciones con otros 38 miembros de su familia extensa para poder permitirse tener un techo sobre sus cabezas.

“En anteriores oleadas de desplazamientos desde Ghuta y Alepo, han preparado tiendas de campaña para los desplazados. En Idlib, las cosas son diferentes esta vez, y no hay preparativos ni campamentos seguros para acoger a los desplazados”, Souad dijo que ella y todos los demás que tuvieron que huir de sus ciudades afectadas por los bombardeos cerca de la línea del frente, fueron abandonados a su suerte. Tuvieron que elegir a qué pueblo ir y tratar de conseguir alojamiento por su propios medios.

Con un futuro incierto, Souad y su familia se las arreglan día a día, “llegamos allí sin saber lo que nos depara el futuro, ¿podremos encontrar refugio allí? ¿Cómo nos tratará la gente? En Salqin, encontramos que los lugareños eran extremadamente crueles. Los alquileres que piden a los desplazados son muy altos, los precios de todo son exagerados, ¡incluso de las verduras! ¡Suben todos los precios, como si estuviéramos aquí de turistas!”.

Souad está enfadada por el bombardeo del régimen y la falta de acción mundial para protegerlos, pero la forma en la que fue tratada en Salqin fue el colmo, “¡la gente no tiene empatía con tu calvario, como si no fueran sirios!”. Salqin está más cerca de la frontera, la zona no ha vivido las duras batallas que han tenido que soportar en Kafr Nabl, y puede ser por eso que “no pueden compadecerse de lo que pasamos”, dice Souad.

Souad suspira, “hay toda una familia que regresó a nuestro pueblo, no podían pagar el alquiler, y todos murieron bajo los escombros de su casa después de que fuera golpeada por un ataque aéreo”.

La guerra es la última prueba para la naturaleza humana, y Souad y su marido son conscientes de ello. En estos tiempos de dificultad e incertidumbre, han tomado una decisión. Creen que es una decisión ética, pero su elección sólo aumentará su inseguridad. Afrin es una ciudad de la gobernación de Alepo, en el norte de Siria. El norte sirio controlado por la oposición se divide ahora en dos zonas: una es una zona de influencia turca, controlada por una coalición de facciones rebeldes apoyadas por Turquía. Souad se refiere a estas zonas como la zona de Daraa Al-Furat, que en árabe significa la zona del Escudo del Éufrates, por el nombre de la batalla que estas facciones lanzaron para tomar estas zonas. Cuando atacaron Afrin para expulsar a las fuerzas kurdas del YPG de la ciudad, en un intento de consolidar su poder y evitar que los kurdos establecieran un gobierno autónomo cerca de la frontera con Turquía, las fuerzas militares turcas lideraron el ataque. Amnistía acusó a estas brigadas de violaciones de los derechos humanos en Afrin, uno de los cuales fue la apropiación de las casas de la población local kurda que huyó de la zona.

Ésa fue la elección ética de Souad.

La segunda zona es la ciudad de Idlib y la región rural del norte de Hama, que está bajo el control de una coalición de grupos yihadistas liderados por HTS. Esa es la zona que está siendo bombardeada ahora, y ahí es donde está la ciudad de Souad. Los líderes militares de la zona de Daraa Al-Furat ofrecen a los desplazados de las zonas bombardeadas de Idlib casas apropiadas a cambio de un pago único de 1.000 dólares. “Vas a una casa, y te dicen, danos mil dólares y es tuya, ok, bueno, lo he pensado, y he dicho que es haram, ¿en qué se diferencia de robar?”. Souad y su marido descartaron la idea: “Sí, sería más barato para mí que pagar el alquiler, pero en principio si me comporto mal y otros se permiten comportarse así también, ¡nuestra sociedad está perdida!”.



Foto tomada de Internet y publicada bajo licencia Creative Commons

Y mientras los que deberían compartir su causa se aprovechan de su terrible experiencia, el régimen y sus patrocinadores rusos no muestran piedad. El Observatorio Sirio de Derechos Humanos dice que 512 civiles murieron desde el comienzo de la campaña de bombardeo, entre ellos 130 niños. Fuentes de la oposición afirman que más de 20 hospitales han sido destruidos y Amnistía Internacional acusa al régimen sirio de no poner a salvo la infraestructura civil, incluidas escuelas y hospitales.

Después de huir para asegurarse de que sus hijos estén a salvo de los bombardeos, Souad está ahora preocupada por el futuro de estos, dos de sus seis hijos tuvieron que irse antes de los exámenes de fin de año. Son un estudiante de tercero de secundaria y un graduado de secundaria, y estos exámenes son vitales para su futuro. El Gobierno interino que dirige los asuntos civiles en Idlib dijo que se asegurará de que todos los estudiantes se presenten a los exámenes de fin de año y que ningún estudiante perderá un curso como resultado de la última ola de bombardeos, “aunque se tengan que hacer los exámenes en los campos de olivos”, señalaban unas declaraciones.

Souad y su marido viajaron a la ciudad de Idlib para registrar su nueva dirección y reasignar a sus hijos a nuevas escuelas y centros de examen, “a pesar de nuestra pobreza y nuestro desplazamiento, a pesar de todos los desafíos que tuvimos que afrontar para sobrevivir, ellos siguen teniendo clarísimo que la educación es su única arma”. Cuando salieron de su casa a toda prisa, sus hijas le pidieron a su madre que se llevara una cosa: todos sus certificados de mérito escolar. “Esto es lo que nos da fuerza, ver que nuestros hijos todavía tienen la voluntad de continuar”.



Los certificados escolares de los niños de Souad

En Kafr Nabl, y en la mayoría de las zonas bombardeadas, no hay todavía ninguna escuela en funcionamiento.

Souad dice que asegurar una perspectiva para la educación de sus hijos podría ser la única razón por la que podría emprender el peligroso viaje de cruzar clandestinamente a Turquía, “mucha gente fue asesinada mientras cruzaba las fronteras”. Souad espera que los bombardeos cesen pronto y que todos puedan volver a casa, pero “si la situación continúa como hasta ahora, no hay perspectivas para su educación. Así que si alguna vez considero el peligroso cruce a Turquía, sería por su educación”.

Las fronteras de Turquía están cerradas, de hecho Turquía dice que los dos objetivos principales que tiene en Siria en este momento son evitar la formación de un estado kurdo autónomo, y evitar que más refugiados crucen su territorio, ya que acoge a 3,5 millones de sirios.

En Salqin, el alquiler no es el único desafío financiero al que se enfrenta la familia, hay tan poca infraestructura de servicios que tienen que comprar electricidad y agua potable a contratistas privados, y los precios son inasequibles para la mayoría. “Se paga una suscripción para obtener electricidad, se paga por amperios, y apenas podemos permitirnos encender las luces”. Hay una clínica pública que sigue trabajando en Salqin, y ya casi no le quedan equipos ni medicinas, y la atención privada sigue estando disponible, aunque es limitada y está fuera del alcance de las personas desplazadas.

Pero, ¿hay alguna forma de salir de este punto muerto? Souad cree que esta batalla es existencial. “En Ghuta, el régimen quería un cambio demográfico. Pero aquí la guerra es una guerra de exterminio”. En Ghuta y otras ciudades anteriormente controladas por la oposición, el régimen sitió estas zonas durante años y finalmente ofreció a los rebeldes una salida como parte de su rendición, fueron enviados a Idlib en convoys de autobuses verdes de transporte público. Pero esta vez, y aunque Turquía no parece dispuesta a abrir las fronteras, no hay zonas en Siria a las que puedan ir. “No hay tal opción, no hay autobuses verdes. Es el último refugiado de los rebeldes, y por eso es una batalla existencial para ellos y para nosotros”.

Una cronología

– Idlib se unió a las protestas en 2011, la ciudad y su región fueron testigos de muchas manifestaciones a favor de la libertad y el cambio político. El régimen reprimió y detuvo a cientos de personas y poco después comenzaron los enfrentamientos con las fuerzas de seguridad.

– En junio de 2011, fue establecido el Ejército Sirio Libre (FSA) por desertores del ejército.

– A principios de 2012, Idlib fue testigo de muchos enfrentamientos entre los combatientes de la oposición y las fuerzas del régimen. La represión del régimen mató a decenas de personas en la ciudad y la oposición atacó los puestos de control del régimen y avanzó hacia la ciudad. El régimen lanzó una batalla para retomar la ciudad y en abril de 2012 retomó el centro de la ciudad, pero los rebeldes continuaron la guerra de guerrillas, atacando los puestos del régimen.

– En marzo de 2015, combatientes rebeldes de Jabhat Al-Nusra, un afiliado de Al-Qaeda en Siria, y el movimiento islámico Ahrar Al-Sham lanzaron un ataque contra la ciudad y la capturaron tras unos días de intensas batallas.

– Entre 2016 y 2018, combatientes de la oposición de diferentes zonas de Siria fueron desplazados a Idlib desde sus ciudades conforme a los “acuerdos de reconciliación” por los que estos rebeldes entregaban al control del régimen las zonas que una vez controlaron en Alepo Oriental, Damasco Rural, Gouta Oriental y otros lugares del país. Los rebeldes devolvieron su armamento pesado y aceptaron el control político y militar del régimen sobre sus ciudades, incluso sirviendo en su ejército. Los que se negaron a rendirse, ya fueran combatientes o civiles, fueron llevados en autobús con sus familias a Idlib. Un tercio de la población de Idlib hoy en día son personas desplazadas de otras partes de Siria.

– Entre 2015 y 2018, estalló la lucha entre los rebeldes, Jubhat Al-Nusra, que más tarde se rebautizó como Hayat Tahrir Al-Sham HTS, expulsó gradualmente a todos los demás grupos de oposición y rebeldes, y luchó por primera vez contra la División 13 de la FSA, respaldada por Estados Unidos, en marzo de 2016.

– El 4 de septiembre de 2018, al menos diez aviones rusos lanzaron decenas de ataques aéreos sobre la parte meridional y occidental de la provincia de Idlib, lo que dio lugar a la gran campaña de bombardeos en la provincia de Idlib. Turquía comenzó a enviar más tropas y a reforzar las defensas en el frente y advirtió al régimen y a Rusia de una catástrofe humanitaria. Se estima que hay 20.000 combatientes del HTS en Idlib y 3 millones de civiles.

-El 17 de septiembre de 2018, el presidente ruso Vladimir Putin y el presidente turco Recep Tayyip Erdogan llegaron a un acuerdo para crear una zona de distensión desmilitarizada en Idlib. El acuerdo incluía que la zona de distensión separaría los dos lados y se extendería de unos 15 a 25 km. Tropas de Rusia y Turquía patrullarán la zona, y los rebeldes yihadistas tienen que abandonar las zonas y retirarse hacia el interior de la provincia de Idlib. En el acuerdo también se estipulaba que todos los tanques, la artillería y los morteros pertenecientes a las partes en conflicto se retirarían de la zona desmilitarizada. También incluye que las autopistas M4 y M5 estarían abiertas a finales de año, conectando Latakia, Damasco y Alepo, respectivamente.

– Muchos de los actores internacionales implicados en la guerra de Siria acogieron con satisfacción el acuerdo, entre ellos Irán, Turquía y los Estados Unidos. A nivel local, el régimen sirio acogió con satisfacción el acuerdo. Sin embargo, sus funcionarios seguían prometiendo a la prensa recuperar “cada centímetro de Siria”.

La oposición siria acogió con beneplácito el acuerdo. Mientras que Hayat Tahrir Al-Sham HTS rechazó algunas de las condiciones del acuerdo. Muchas otras facciones yihadistas lo rechazaron por completo, entre ellas el frente de Ansar al-Din y Hurras al-Din.

– Según el acuerdo, Turquía trató de convencer al HTS de que se disolviera y permitiera a sus combatientes locales formar parte de un grupo paraguas apoyado por Turquía, mientras que a sus combatientes extranjeros se les garantizaría la seguridad. Todos estos esfuerzos terminaron con la entrada de HTS en Idlib. Mientras tanto, el régimen sirio reanudó los bombardeos y atacó las posiciones del HTS y sus aliados en el eje Hama-Latakia-Idlib.

– En enero de 2019, Hayat Tahrir al-Sham HTS llevó a cabo una violenta toma de poder, expulsando a los restantes rebeldes apoyados por Turquía del suroeste de Idlib. HTS sigue siendo designado como organización terrorista por la ONU. El Partido Islámico del Turquestán, principalmente el grupo uigur chino, está estrechamente aliado al HTS y se estima que tiene unos pocos miles de combatientes. Hurras al-Din, que se considera la nueva rama siria de al-Qaeda, tiene varios cientos de combatientes.

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