Escuelas en Siria: entre la amenaza de las bombas y el extremismo

Por Marcelle Shehwaro

Publicación original en árabe en su perfil de Facebook.

Marcelle Shehwaro es una bloguera y activista de Alepo. Ex-directora ejecutiva de Kesh Malek, una organización siria que opera centros escolares y proyectos educativos en las zonas fuera de control del gobierno en Siria.

En los días del asedio de Alepo, solían cuestionarnos por destacar desproporcionadamente el bombardeo aéreo deliberado de escuelas, más que la amenaza de las facciones extremistas locales sobre el proceso educativo. Algunos se opusieron a la sugerencia de que las dos amenazas ni siquiera pueden llegar a compararse, e incluso llegó a sugerirse que éramos benévolos con los islamistas y tonterías de ese tipo.

El hecho es que la amenaza de los bombardeos aéreos es un mal inexplicable, absoluto y único.

En las áreas bajo el asalto del régimen, toda la vida y la muerte se centran en torno a él.

A veces los escolares iban a clase entre las 7 y las 9 de la mañana sólo si se sabía que los aviones de combate de la zona no estaban activos. O entre las 5 y las 7 de la mañana. O a una hora más regular del día pero con días escolares más cortos.

O bien, las escuelas se cerraban por completo en los períodos con un patrón activo de presencia de aviones.

Pero, ¿qué significa un “patrón activo”? ¿Y cómo puede ser fiable? La Fuerza Aérea siria o rusa podría estar tranquila un día y muy activa al siguiente, bombardeando varias escuelas.

Mantener o suspender la asistencia a la escuela era una decisión que la gente tenía que tomar basándose en su mejor suposición. En una determinada escuela, un determinado individuo tenía que tomar tales decisiones a diario, basándose en la mejor información que tuviera, la cual era, en el mejor de los casos, inestable.

Tenían que ser responsables de decirle a los niños que vinieran o no a estos edificios con una diana puesta sobre ellos.

Algunas ONGs establecieron criterios para determinar qué edificios podían utilizarse como escuelas, como estar rodeados de edificios más altos o tener un sótano que pudiera servir como búnker improvisado. La mayoría de estas normas no se aplicaban a ningún edificio preexistente en las regiones pobres de Siria, o incluso a los más ricos que no tenían edificios de varios pisos. Incluso en Alepo, esto se hizo más difícil de cumplir después de varias “campañas de bombas de barril”.

Las campañas de bombas de barril solían durar días, incluso semanas o meses. En esencia, vivir bajo una campaña así se convirtió en “la norma”. La dirección de las escuelas optaron por no suspender más las clases, e incluso los padres esperaban que sus hijos fueran a la escuela, porque ya todo es “normal”.

Pero la posibilidad de una masacre nunca desaparece, siempre pesa en las mentes de todos los afectados, y lo más importante, de los niños.

Digamos lo que queramos sobre la protección de los niños de los efectos psicológicos de la guerra, casi nada puede ser tan malo como enseñarles a esconderse de las bombas que llegan impredeciblemente del cielo o a evacuar sus escuelas cuando tienen la suerte de tener algún aviso previo. Este ejercicio rompe cualquier burbuja de seguridad y diversión en la que intentemos mantener a los niños.

Los niños lo saben. También saben hacer a los adultos todas las preguntas sin respuesta:

¿Por qué nos bombardean?

¿Voy a morir? ¿Mis amigos van a morir?

¿Quién nos bombardea?

¿Qué mal hemos hecho?

Lo que el discurso sobre la prevención de la “radicalización de los niños”, como si fuera una batalla en un solo sentido con los extremistas sobre el terreno, ignora es la “amenaza de los aviones” y todo lo que conlleva.

Hoy, el régimen de Asad atacó OCHO escuelas en Idlib y sus alrededores:

Escuela Al-Zahir Baibars
Escuela Al-Bara’em
Escuela Al-Izz bin Salam
Escuela Taha Gharib
Escuela Khaled Shaar
Escuela Al-Yarmouk
Jardín de infancia Al-Manahel
Jardín de infancia Al-Bara’em

Tres profesores y un estudiante fueron asesinados, docenas resultaron heridos.

Discrepemos de todo, pero acordemos luchar juntos y soñemos con un país donde los niños no sean bombardeados desde el aire. Un país donde a los escolares no les preocupe el constante pensamiento de la muerte.

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