A pesar de tanta guerra y destrucción, los activistas sirios no lamentan su levantamiento de hace diez años

Por Amr Salahi*

Publicado en inglés por The New Arab, 15 de marzo de 2021. Traducción de Sinfo Fernández. Imagen de portada de la página de Facebook الثورة السورية Die syrische Revolution (sirios celebran en Berlín el aniversario del levantamiento).

Se cumple esta semana el décimo aniversario de la revolución de la Primavera Árabe contra el gobierno del presidente Bashar al-Asad, un gobierno dedicado desde entonces a arrasar su país y moldear la realidad presente.

Aunque muchos sirios sienten hoy una gran tristeza por la muerte y la destrucción que su país ha sufrido a lo largo de los últimos diez años, los activistas sirios que participaron en la revolución han manifestado a The New Arab que siguen comprometidos con los ideales de libertad y dignidad que les impulsaron en 2011 y que no se arrepienten de ello.

El comienzo de la revolución siria se remonta por lo general al 15 de marzo de 2011, cuando cientos de activistas tomaron las calles de Damasco en un “día de la ira” contra el autoritarismo, la corrupción y la persecución política que habían impregnado la vida política siria desde que el Partido Baaz del padre del presidente Bashar al-Asad, Hafez, tomó el poder en 1963 a través de un golpe militar.

Sawsan Abu Zainedin, una activista de la provincia de Suweida, dijo a The New Arab que el gobierno autoritario del régimen saturaba todas las facetas de la vida en Siria antes de la revolución.

“Nos educaron para temer a las fuerzas de seguridad, a los delatores y a la mujabarat (policía secreta), de los que la gente decía que lo sabían todo sobre ti. Estaban presentes en todas partes y por esa razón nos daba miedo hablar, incluso pensar en voz alta. Todo estaba organizado para que los leales al régimen y los miembros del Partido Baaz obtuvieran un trato preferencial. En la práctica, vivíamos la opresión del régimen en todos los aspectos de nuestra vida cotidiana: en las escuelas y en el sistema educativo, en las oportunidades laborales y en las universidades e incluso en el acceso a los hospitales”.

El régimen de Asad respondió ante las primeras protestas de la única manera que sabía, con represión y arrestos, pero esto fue solo un pequeño anticipo de la violencia que luego infligiría al pueblo sirio.

Sin embargo, el levantamiento se extendió rápidamente por todo el país, ya que las noticias de las protestas y su represión en una localidad siria llegarían rápidamente a otras partes de Siria a través de la que entonces era la nueva herramienta de las redes sociales, y la gente salió a las calles en solidaridad con las víctimas del régimen.

Uno de los primeros centros de actividad revolucionaria fue la provincia de Daraa, donde el régimen había detenido y torturado a un grupo de adolescentes por haber garabateado grafitis contra Asad en un muro a principios de marzo de 2011.

Dani Qapani, un activista de la ciudad de Moadamiyeh, cercana a Damasco, declaró a The New Arab: “Mi activismo comenzó en los primeros meses de la revolución siria, y todo fue gracias a mi ciudad, Moadamiyeh. Sus habitantes se levantaron en aquellos primeros días en solidaridad con Daraa, para rechazar lo que las bandas de Asad le estaban haciendo a sus niños y a su gente”.

Abu Zainedin relató a The New Arab las formas innovadoras de resistencia no violenta en las que ella y otros activistas de la provincia de Suweida participaron.

“Cuando se inició la Primavera Árabe, sentimos que podíamos hablar y que el cambio era posible. La gente se organizaba de forma realmente espontánea. Preparábamos manifestaciones todos juntos y realizábamos otros actos de rebelión: pintar con rojo las fotos del presidente, soltar globos con consignas revolucionarias o escribir eslóganes en docenas de pelotas de béisbol y lanzarlas por todas las calles. Esta fue nuestra respuesta a la violencia del régimen en Homs, Daraa y otras áreas”.

Inspirando a la diáspora

Muchos sirios habían abandonado su país antes de 2011 durante los largos años de dominio de la familia Asad, y las protestas en Siria inspiraron a los miembros de la diáspora siria a emprender acciones en apoyo del levantamiento sirio.

Leila al-Shami, coautora del libro Burning Country: Syrians in War and Revolution [publicado en castellano por Capitán Swing como “País en Llamas: los sirios en la revolución y en la guerra”), dijo que la revolución siria había definido su vida durante la última década.

“Creo que la revolución ha definido la última década de todos los sirios. En 2011, cuando comenzó, sentí un inmenso orgullo y admiración por los hombres y mujeres jóvenes que arriesgaban sus vidas y acudían a las protestas para pedir libertad y justicia social”, dijo a The New Arab.

“Aunque estaba fuera de Siria, pero con amigos y familiares adentro, algunos de los cuales estaban involucrados en el movimiento de protesta, sentí la responsabilidad de hacer cuanto pudiera para ser solidaria y amplificar las voces sirias y asegurar que pudieran escucharse afuera”.

Salam Abara, una investigadora médica sirio-francesa, declaró a The New Arab que encontró una gran discrepancia entre la forma en que se informaba sobre el levantamiento sirio y el posterior conflicto y lo que estaba sucediendo realmente sobre el terreno.

“Desde el comienzo de la revolución estuve involucrada en el activismo mediático o humanitario. Participé en una iniciativa para traducir información desde el terreno al inglés y al francés porque los periodistas no podían entrar en Siria [en aquel momento]. La comprensión del conflicto sirio le resulta muy difícil a la mayoría de la gente, y muchas personas olvidan la parte más importante: que se trataba de una lucha por la dignidad”.

Tragedia y esperanza

Hoy, diez años después, las esperanzas de las personas que participaron en las protestas originales de la revolución siria parecen un sueño lejano. El régimen recibió un apoyo crucial de Irán y Rusia y demostró que estaba dispuesto a destruir todo el país con tal de mantenerse en el poder. No tenía reserva alguna a la hora de atacar deliberadamente escuelas y hospitales o de usar armas químicas contra los civiles.

Por el contrario, los activistas que participaron en las primeras protestas de la revolución siria recibieron poco más que apoyo retórico de los Estados occidentales y árabes.

En 2021, Siria está en ruinas. Más de medio millón de personas han sido asesinadas, en su mayoría por el régimen de Asad y sus aliados. Casi siete millones de seres, más de la cuarta parte de la población del país antes de la guerra, son refugiados fuera de Siria y otros seis millones están desplazados a nivel interno. Se estima que la guerra ha costado 1,2 billones de dólares en daños y que el país tardará décadas en reconstruirse. El 80% de la población de Siria vive actualmente bajo el umbral de la pobreza.

Sin embargo, a pesar de la tragedia en curso en Siria y del fracaso en el logro de los objetivos originales de la revolución, los activistas sirios con los que habló The New Arab manifestaron que no se arrepienten.

Dani Qapani documentó abusos de los derechos humanos por parte del régimen, fue perseguido por sus fuerzas de seguridad, que también arrestaron a su hermano. Una vez que el régimen perdió el control de Moadamiyeh ante los rebeldes, utilizó armas químicas en la ciudad, mató a cientos de personas e invadió luego el bastión rebelde.

“Mi experiencia durante la revolución fue la de un sueño cumplido, un sueño de libertad de pensamiento y expresión, un sueño de liberación de la servidumbre ante determinados individuos, ante la familia Asad, de todas las cadenas que reprimen nuestra mente, nuestros ojos y nuestras bocas”, le dijo a The New Arab.

“Personalmente, nunca me he arrepentido de mi participación en la revolución y no me arrepentiré. Es un resultado inevitable de la opresión, represión y criminalidad que la banda de Asad ha practicado durante décadas”, dijo.

Sawsan Abu Zainedin dijo que a pesar de las dificultades que experimentaron su país y su familia, solo responsabilizaría al régimen de Asad, no al levantamiento sirio.

“Por supuesto que no me arrepiento, al cien por cien. Mi padre, mi hermano y mi hermana fueron detenidos y las fuerzas de seguridad y los partidarios de Asad nos acosaron constantemente. No hemos podido mantener la revolución ni los sueños que teníamos de libertad y justicia responsable. El régimen, sus fuerzas de seguridad y sus aliados son responsables de la muerte y destrucción en Siria”, dijo.

Leila al-Shami se hizo eco de sus sentimientos.

“No me arrepiento de la revolución. Cuando la gente sufre décadas de opresión, es inevitable que finalmente se rebele contra la tiranía. Mis lamentos tienen más que ver con la brutalidad de la contrarrevolución y los fracasos de la comunidad internacional a la hora de actuar para detener la masacre en curso de civiles”, dijo al-Shami.

Salam Abara está trabajando actualmente en “100 caras de la revolución siria”, un proyecto para preservar la memoria de los activistas sirios que participaron en el levantamiento y de su esfuerzo. Dijo que hay aún muchos sirios que siguen trabajando por un futuro mejor para su país.

“Miles de sirios siguen trabajando todos los días, ya sea en las artes, el activismo mediático, proyectos humanitarios, iniciativas legales contra la impunidad, en los consejos locales, en proyectos de empoderamiento de la mujer, etc. No debemos olvidarlos y tratar de centrarnos en esas personas que aportan acciones positivas para seguir avanzando”.

Un largo camino hacia la justicia

Los sirios han liderado una larga campaña por la justicia contra el régimen de Bashar al-Asad y, el mes pasado, un tribunal alemán condenó a un exoficial de inteligencia sirio a cuatro años y medio de prisión por crímenes contra manifestantes en una sentencia histórica.

Abu Zainedin dijo que los esfuerzos para hacer justicia y que se rindan cuentas le dieron esperanza a pesar de la desoladora situación en Siria hoy.

“Tenemos un largo camino por recorrer para llegar a un punto en el que podamos comenzar a construir el país que soñamos. Ahora debemos centrarnos en la justicia y en lograr que los criminales rindan cuentas”, dijo.

“Debemos presionar a la comunidad internacional para que apoye los esfuerzos sirios por hacer justicia a través de todas las vías legales. También debemos presionar para que entreguen ayuda a Siria de una manera justa que respete los derechos humanos y no contribuya a fortalecer el régimen o a rehabilitarlo”.

“Tengo fe en que, a largo plazo, todos los sirios defiendan sus derechos y que se haga justicia, al menos en algunos aspectos. Sabemos que el camino es muy largo, pero debemos recorrerlo”, añadió.

“Un día, los sirios verán que el sueño que intentaron lograr se hará realidad, aunque sea a través de pasos muy pequeños, aunque no se consiga en nuestra generación o en la siguiente”.

Qapani dijo también que seguía confiando en que los valores de la revolución traerán cambios positivos a Siria en el futuro.

“La situación actual, de entrada, no es lo que deseamos ni por lo que nos sacrificamos… No obstante, ya que hemos roto la barrera del miedo que se nos impuso durante décadas, mientras no perdamos la esperanza en una Siria libre y luchemos para conseguir justicia y que los criminales de todos los bandos rindan cuentas, entre ellos y en primer lugar Bashar al-Asad, estoy seguro de que veremos un día mejor, donde con un ojo lloraremos de alegría y con el otro de tristeza”.

*Amr Salahi es un periodista de The New Arab dedicado a los temas de Siria, Egipto y Libia.

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