La lucha por la vida: entrevista a Yassin al-Haj Saleh

Por Christophe Ayad

Publicado originalmente en francés en Le Monde y en inglés (esta edición reducida) en Al-Jumhuriya, el 16 de marzo de 2021. Traducción al castellano por Sinfo Fernández.

El escritor sirio y expreso político Yassin al-Haj Saleh habla con Christophe Ayad, de Le Monde, de la revolución, de la diáspora siria en Europa y de mantenerse «trágicamente esperanzado» con motivo de los diez años transcurridos desde que se produjo el levantamiento sirio.

Christophe Ayad (CA): Hoy, diez años después del estallido del levantamiento sirio, ¿cuántas “Sirias” existen en estos momentos? Tenemos el territorio en poder del régimen de Bashar al-Asad; la zona de “Rojava”, dirigida por los kurdos; el enclave de Idlib; la satrapía turca; la Siria de los refugiados…

Yassin al-Haj Saleh (YHS): Y hay más Sirias aún. Primero, está el protectorado asadista ruso-iraní; luego el protectorado estadounidense dominado por la rama siria del Partido de los Trabajadores del Kurdistán (ya no llaman “Rojava” a esa vasta región), que también administra los campos que han sido apodados como “el Guantánamo de Europa”. Y está el protectorado turco en el norte y noreste. Estos protectores tienen sus apoderados, tanto sirios como no sirios.

Luego tenemos Idlib, donde una rama de al-Qaida está tratando de recuperarse, y parece haber lanzado su propia perestroika al atacar a los “estalinistas” de línea dura conocidos como Hurras al-Din (los “Guardianes de la Religión”). Tenemos también una región ocupada por Israel desde 1967.

En cuanto al cielo sirio, está dividido entre el protectorado ruso del régimen y los israelíes dedicados a golpear a los socios de los rusos en la protección del régimen: Irán y sus brigadas “chiíes internacionalistas”. Cuanto más persista esta división de facto del país, mayor será la posibilidad de que algún día se convierta en una partición de jure.

Hay, además, una sexta Siria: diaspórica; desterritorializada; universalista; pluralista e independiente del régimen dinástico genocida que ha gobernado el país durante 51 años. Esta Siria está luchando por la vida y la política.

CA: ¿Son los refugiados un grupo homogéneo? ¿Comparten los mismos puntos de vista políticos respecto al régimen y a la revolución?

YHS: No. La homogeneidad existe solo en la mente de Bashar al-Asad, quien se felicitó de haber logrado una “sociedad más homogénea”, sin que importaran las enormes pérdidas en vidas e infraestructura. Algunos de los refugiados son incluso partidarios del régimen y huyeron del país solo para evitar el servicio militar o simplemente para tener una vida mejor. Muchos son sencillamente personas comunes no politizadas que huyen de años de condiciones de deterioro. Hay un amplio espectro de opiniones entre la diáspora siria; es una comunidad de más de 6,5 millones, que representa alrededor del 30% de la población siria. Una vez más, esta es la Siria independiente.

CA: ¿Ve alguna influencia de los países de acogida en la diáspora? Quiero decir, por ejemplo, ¿se sienten más “occidentalizados” los que viven en Europa y más conservadores los que viven en Turquía?

YHS: Sería una división demasiado simplista. Estamos hablando de refugiados, de personas obligadas en diferentes formas a abandonar sus entornos originales, muchas de ellas traumatizadas. Es cierto que un gran número de refugiados demostró su voluntad política cruzando las fronteras de muchos países para llegar a Europa, pero esto es similar a la voluntad de un prisionero que actúa lo mejor que puede en condiciones desfavorables. Sin embargo, los refugiados en Francia son una excepción en este sentido, ya que las embajadas y consulados franceses seleccionaron cuidadosamente a los sirios a los que ofrecieron refugio. Y adivine cuál fue la primera pregunta que les hicieron: “¿Cuál es tu secta?” En la Francia laïque, sus posibilidades de asilo son mayores si provienen de una minoría religiosa o si pueden demostrar sus credenciales “seculares”.

Creo que los que prefirieron Europa eligieron la previsibilidad sobre cualquier otra cosa. Me refiero a las condiciones predecibles que les permiten planificar su vida. Esta es una tendencia de la clase media, ni identitaria ni ideológica. Quizás se haya convertido en una tendencia siria, después de medio siglo de estar gobernados con capricho y total imprevisibilidad.

En Turquía, muchos sirios son conservadores y muchos no lo son. El problema para los sirios es que Turquía es ahora una potencia en Siria y no es fácil adoptar una posición crítica con respecto a su papel en Siria. Algunos sirios apoyan ciegamente al gobierno turco. Los llamamos surquíes (el nombre de Siria en árabe es Suría). De cualquier manera, es una cuestión política.

CA: ¿Son los refugiados sirios los nuevos palestinos? Con esto quiero referirme a un grupo social que representa una fuerza impulsora de modernización en los países árabes, pero que también es percibido como una amenaza desestabilizadora por los regímenes árabes.

YHS: Los tiempos han cambiado. Ya no estamos en la era del nacionalismo árabe.

Sin embargo, hay dos grandes categorías de refugiados. La primera está constituida por las personas extremadamente pobres que viven en campamentos, con cientos de miles de niños privados de escuela y educación, que pueden ser una fuerza desestabilizadora con una tendencia nihilista. El reto que se plantea es: ¿cómo protegerlos del nihilismo? La única respuesta que se me ocurre es el empleo, la educación, los derechos políticos y la discriminación positiva en su nombre durante muchos años.

La segunda categoría son las personas en mejor situación económica, con mejor educación. Muchos de ellos son ya creativas. Al formar colectivamente una Siria independiente, estas personas pueden ser una fuerza democratizadora.

CA: Por tomar el ejemplo alemán, ¿cómo explica la rápida integración económica y social de los refugiados sirios? ¿Se debe a un mayor nivel de educación?

YHS: Sobre todo a que son personas de clase media. Tanto si pudieron llegar a Alemania en avión y con papeles legales, como si llegaron en 2015 y principios de 2016 a través de los Balcanes, ocupan diferentes lugares en los estratos sociales medios. Tienes que pagar miles de euros a los contrabandistas para poder llegar a Grecia, o quizá para concertar un trato preferencial y llegar a Alemania en tren o coche. Además, la ética del trabajo, aunque deteriorada por más de medio siglo de la dinastía Asad, sigue siendo un punto fuerte entre muchos sirios urbanos. A la mayoría de los musulmanes de clase media urbana les gusta tener éxito, trabajan duro, ahorran dinero y son disciplinados, profesional y sexualmente. Supongo que eligieron Alemania porque ya eran “protestantes”.

CA: ¿Qué aporta a Occidente (o a Europa) la presencia de los sirios? ¿La idea renovada de la revolución; el hecho de que una revolución sea todavía algo posible?

YHS: Creo que traemos a Siria como símbolo de un mundo “TINA” [siglas en inglés de “There Is Not Alternative”], un mundo sin alternativas. Estamos llamando a la puerta, pero aún no se ha escuchado respuesta alguna. Hasta donde puedo ver, todavía no existimos en el sentido poderoso de la palabra. Siria no está todavía presente en la teoría política, en la filosofía, en la literatura, en la cultura. Estamos presentes, pero sigue siendo un hecho silencioso, sin sentido para la mayoría de los europeos. Para Europa como tal, la presencia siria aún no les dice nada. Confío en no estar demasiado centrado en Siria al ver esto como un signo de crisis. Europa ya no parece tener curiosidad.

Me halaga pensar que hemos recuperado la idea de la revolución. Pero prefiero pensar que nuestra historia tiene un potencial global al respecto (el mundo está en Siria y los sirios están en el mundo), y que activamos e impulsamos la idea de la “mundialidad” del mundo.

CA: ¿Qué ha descubierto en Europa, y especialmente en Alemania, en términos de valores humanos? ¿Chauvinismo, un sentido de la justicia, universalismo?

YHS: Soberanía. En el sentido de la mayor capacidad posible; poder completo; supermanidad. La soberanía de los individuos, de los Estados y de la civilización. Entiendo que la soberanía es una condición posterior a la libertad. La libertad se ha conseguido aquí, por lo que ya no es una causa por la que luchar. Es una causa para nosotros, no para la mayoría de los europeos. Quizás esta sea una fuente de malentendidos sobre nuestras luchas. Tal vez se trate de una identificación imposible entre el soberano y el ciudadano, y mucho menos el homo sacer. El soberano no siente curiosidad por quienes luchan por la ciudadanía y la libertad; menos aún por quienes solo aspiran a una vida digna. Si esto es verdad, puede arrojar algo de luz nueva sobre el racismo. Ni siquiera se trata de islamofobia; más bien es la inconmensurabilidad del soberano y quienes luchan por ser ciudadanos.

CA: ¿Qué podría surgir de esta generación que vivió la revolución y luego tuvo que huir del país? ¿Una frustración interminable o el deseo de realizar sus ideales fuera de Siria?

YHS: Tiendo a ser optimista, a ser trágicamente optimista. Muchos dentro de la generación revolucionaria han tenido experiencias trascendentales y ahora están desarrollando mejores herramientas para representarlas, narrarlas e interpretarlas. Son partícipes de una gran historia; una historia de la que estar orgulloso; y de la que seguir relatando, elaborando, revisando. La relación entre lo personal y lo político (y entre lo sirio y lo global) es central en sus trayectorias. Al mismo tiempo, no son revolucionarios rígidos anticuados. Incorporan desesperación, melancolía, agotamiento y pérdida extrema en sus perspectivas y constitución. Muchos de ellos ya son parte, incluso parte principal, de una nueva sensibilidad revolucionaria global.

No le temo al peligro del idealismo rígido. Lo que temo es que logremos desarrollar una narrativa distinta solo para vivir dentro de ella, para convertirla en un caparazón que nos proteja del mundo.

Podemos pensar en Siria como una historia de victimismo o como una historia de lucha por la vida. Prefiero esto último.

CA: ¿Cómo explica la gran creatividad en el arte (películas, libros, pinturas, música) de los jóvenes artistas sirios en condiciones tan difíciles de guerra y exilio?

YHS: Por las siguientes razones:1) Representar una Siria independiente. 2) Una convergencia entre inmensas experiencias de primera mano y herramientas mejoradas a su disposición. 3) Revoluciones personales y una mayor autoestima derivada de haber enfrentado el peligro y haberlo sobrevivido. 4) Una obsesión por la documentación, que ha sido una especie de instinto desde el primer día de la revolución, posiblemente como respuesta a décadas de oralidad forzada. 5) Hambre de reconocimiento después de tantos años de subalternidad y oscuridad.

CA: ¿Es Siria el nuevo paradigma del siglo XXI? ¿La ley del más fuerte, pero también la sed de una revolución total, partiendo de una personal?

YHS: Me gusta mucho esto que ha dicho.

Siria es hoy un no-hogar, una no-nación. La “revolución imposible” ha sido imposiblemente destruida. Siria fue llamada una vez el “reino del silencio”; ahora prefiero llamarla el reino de lo imposible. La tercera imposibilidad, después de la revolución y su destrucción, es el surgimiento de una nueva Siria.

En general, puede pensarse ahora en los habitantes de Oriente Medio como el proletariado político del mundo, y en Oriente Medio como la cárcel popular contemporánea que Marx vio encarnada en la Rusia zarista de su época. La libertad es la causa del proletariado político, en el sentido ontológico aún más profundo de la palabra. La privación de la política y los derechos, y la elevación de esta privación a un destino inmutable para decenas de millones de personas, convierte al proletariado político en un proletariado religioso. Esta metamorfosis hace que la libertad sea aún menos posible. Vimos el proletariado rebelde en Siria y la reimposición del encarcelamiento. El proletariado político y religioso, como base conceptual de un nuevo imaginario emancipador, es fruto de las revoluciones, especialmente en Siria, que es un microcosmos de Oriente Medio.

Empezamos con un enemigo: un régimen tiránico con tendencias genocidas. Luego tuvimos una plétora de grupos religiosos nihilistas, enemigos de la vida ordinaria, con tendencias genocidas propias. Luego vino una multitud de potencias de ocupación extranjeras, que compartían la narrativa de la “Guerra contra el Terror” y diagnosticaban el “Terrorismo” como el principal mal político global. A través de este diagnóstico, estos nuevos poderes coloniales han acabado legitimando un régimen genocida. Cuando Monsieur Macron dijo en 2017 que Asad podría ser el enemigo del pueblo sirio, pero que “no era nuestro enemigo”, estaba diciendo en realidad que la preocupación de Francia eran los ataques contra ella misma y contra Europa. Que los sirios estuvieran sufriendo un genocidio era problema de ellos.

Me refiero a esta yuxtaposición de “terrorismo” y genocidio porque el mundo no es el mismo cuando la prioridad es uno u otro. Dar prioridad a lo primero conduce a la securitización de la política y al apoyo a regímenes matones, mientras que priorizar lo segundo implica democracia, igualdad y justicia social.

Con estas cuestiones en mente, pensar en Siria puede revolucionar el pensamiento político y volver a conectar lo político con lo ético. Esta fue la definición original del pensamiento de izquierdas, según Santiago Alba Rico, uno de los grandes intelectuales españoles.

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