¿Puedes oírnos?: Carta a Niraz Saied

¿Alguna vez te dije, querido Niraz, que eres uno de esos fuegos que resplandece tan ferozmente de vida que sobrecoge a cualquiera que se acerque con calidez y con chispa? Tal vez di por sentada tu presencia y olvidé decirte cuán afortunada, cuán inmensamente privilegiada he sido de haberme acercado a tu fueguito, de escucharte, de llamarte amigo mío y compañero.

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